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jueves, 29 de agosto de 2013

Beneficio de Salas Cuna: ¡Las mamás queremos estar con nuestros bebés!




Es así de sencillo: las mamás queremos cuidar nosotras mismas a nuestros bebés, ¿hay algo de raro en ello? Y lo más importante de anotar:  no creo que exista ningún bebé sobre la faz de la tierra que no quiera y necesite primordialmente estar con su madre.  Qué es lo raro en esta escena? La escena rara para mí es un bebé en una guardería.

Hace algunos días han anunciado con bombos y platillos en Chile que se amplía el beneficio laboral que existe en relación al derecho de Salas Cuna.  Este beneficio (si así puede llamarse) se remite a que cada empresa que tenga más de 20 trabajadoras mujeres, debe proveer de salas cuna para que ellas puedan dejar a sus hijos mientras trabajan.  La gran noticia que nos dan hoy es que ahora todas las empresas, ahora incluso las que tienen menos de 20 trabajadoras, deberán proveer salas cunas para sus trabajadoras.  La mejor parte es que el dinero para costear este beneficio provendrá del seguro de cesantía que cada trabajador y empresa debe costear, es decir se verá reducido este ítem, por lo que en caso de cesantía el fondo tendrá menos dinero.  Eso contado de manera simple.

Según explicaron las autoridades la iniciativa tiene como objetivo aumentar la fuerza laboral femenina y equilibrar la igualdad de género en el mercado laboral. Bravo.  Todas las medidas que se toman a nivel laboral siempre están orientadas al bienestar de los seres humanos, claro en este caso existe una salvedad, no se pensó en absoluto el bienestar de los bebés, ni tampoco en la salud mental de las madres, si no que en engrosar la fuerza laboral femenina y como si fuera poco equilibrar la igualdad de género en el mercado laboral. Bravo. Estos últimos beneficios son de lo más importante, tanto que su importancia sobrepasa a la importancia de la salud primaria de seres humanos. 

Cada día salen a la luz más y más evidencias de la necesidad primordial del contacto piel a piel en nosotros los seres humanos, sobre todo en nuestros primeros años de vida.  Los canguros llevan en su bolsa a su cría hasta que su gestación exterior o exterogestación está completa y es capaz de alejarse de su madre por su cuenta. Nosotros somos parecidos a los canguros:  los bebés humanos nacen también inmaduros. Es más,  los bebés humanos siguen siendo en realidad más desvalidos que las crías de cualquier otra especie, su cerebro sigue su maduración durante mucho tiempo después de su nacimiento.  Y en este proceso es de fundamental importancia la madre.   Aunque el nacimiento puede ser visto como una separación de la madre y el bebé, los bebés necesitan primordialmente  estar en contacto constante con el cuerpo de sus madres después del nacimiento y durante sus primeros años de vida. Este período de gestación exterior tiene que ser respetado ya que no es sólo una cuestión sentimental, sino una cuestión con un impacto profundo en el desarrollo físico, emocional y psicológico del niño. Y por supuesto también de la madre quien por naturaleza tiene todo su cerebro y su ser orientado a cuidar a su cría, difícilmente puede hacerse cargo de otros trabajos.

En Chile hemos obtenido bastante con la ampliación del permiso postnatal de las 12 semanas que teníamos hasta hace 2 años, a las 24 semanas que tenemos en la actualidad.  En comparación con muchos países estamos viviendo un postnatal de lujo.  Pero esto no es precisamente un lujo.  La salud y los procesos de los bebés y de las mujeres no tienen fecha límite de 24 semanas, es decir no es que el proceso del embarazo y el nacimiento de un hijo se acaba de un día para el otro, lo insertas a él en lo que nuestra cultura considera que es lo normal y te insertas tu en tu vida normal y ya está.  No señores, los humanos somos de procesos complejos.  Las guarderías no son lugares para el óptimo cuidado de un bebé, ni por más buena voluntad de la funcionaria que cuida a 5 o más bebés.  Las guarderías son solo lugares funcionales que permiten que los padres puedan seguir trabajando, son lugares para que el “importante” mercado laboral no pierda sus trabajadoras y su producción.  Son lugares para que nadie pierda ni su trabajo ni su producción,  pero no son lugares para los niños porque ellos son los únicos que pierden.

Las guarderías, como muchas de los aspectos de nuestra sociedad, parecen ser maravillosos lugares, pero tan solo son lugares fríos donde no hay abrazos ni calor humano honesto de verdad.  Las madres queremos que sea así para poder seguir adelante. Todo nuestro entorno se empeña en decir que claro es el mejor lugar para que el niño se haga independiente y sociabilice, incluso a meses de su vida. Pero no, todas las madres sabemos que esto no es así, sabemos de sobra lo que queremos y lo que quieren nuestros hijos.  Es duro pero es cierto. 

Y no es que esté en contra de que la mujer trabaje, ni tampoco que no tenga conciencia de que hay muchísimas mujeres que no tienen otra opción que dejar a sus niños y salir a trabajar.  Lo sé y lo he sentido en carne propia.  A lo que quiero aludir en este escrito no es a la mujer que trabaja y que tiene ya suficiente culpa y dolor por hacerlo y no poder hacer caso a su instinto y su ser.  Lo que quiero es por lo menos que tomemos conciencia es que no es que nosotras estemos falladas por tener la maternidad en nuestra esencia, o porque nos quedamos embarazadas o porque queremos con todo nuestro corazón estar con nuestras crías. No, no somos nosotras, es el famoso mercado laboral el que no se adecúa a las necesidades primordiales y humanas.  Es este sistema el que tiene la falla de no ser flexible, de ser estático y estricto y de solo pensar en su único beneficio y de encima aprovecharse de la necesidad y de las pocas opciones de muchas mujeres. ¿Por qué en vez de gastar tanto dinero en hacer políticas, en reacomodar leyes, adecuar grandes recintos como las guarderías, no utilizan ese dinero en poder conciliar verdaderamente las necesidades de mujeres e hijos privilegiando por sobre todo la necesidad de que este binomio se mantenga unido? ¿Por qué no ajustar el sistema laboral de tal manera que se pueda conciliar la unión mamá-hijo y trabajo,  dando la oportunidad a las madres de trabajar desde casa o de tener jornadas cortas por poner algunos ejemplos? Eso sí que sería equilibrar la fuerza laboral femenina y alcanzar la igualdad de género en el mercado laboral, no construyendo más guarderías. 

El ministro de trabajo de Chile afirma: “ Este es un beneficio que viene a corregir una serie de distorsiones del mercado laboral, que impiden la participación laboral femenina y que, además, viene a emparejar la cancha para que todos los niños en esa edad tan importante, entre los 0 y los 3 años, tengan el cuidado que necesitan”, y vuelvo a sentir que por el solo hecho de ser mujer y madre soy una “distorsión del mercado” pues mi maternidad me impide brutalmente la participación laboral normal, porque claro, quiero estar con mis hijos!.  Por otro lado no entiendo eso de que emparejar la cancha para que todos los niños en esa edad tan importante (entre 0 y 3 años) tengan el cuidado que necesitan, es decir, ¡¡¿consideran como política pública que el cuidado de una guardería es el óptimo?!!!   El cuidado que necesitan los niños es el de su madre, eso todo el mundo lo sabe, no necesitamos que vengan grandes estudios ni investigaciones extranjeras a decírnoslo.  Las madres queremos cuidar a nuestros hijos, y los hijos que recién venimos a este mundo queremos y nuestro único modo de vida es estar con nuestra madre.  ¿Es tan difícil entenderlo? ¿Es tan difícil adecuarnos a esta necesidad primordial del ser humano?





sábado, 3 de agosto de 2013

Las batallas de la lactancia


“… como una gota de agua
que en otra gota descansa”
Gabriela Mistral
Blanca Nieve en la casa de los enanos



 Hay madrugadas en la que despierto en medio de la oscuridad sintiendo que mi hijo busca mi pecho.  Ahí en ese mismo momento siento mi respiración profunda, el resuello de mi hijo mamando y el calor rodeando y protegiéndonos. Puedo sentir en mis manos las palpitaciones que la vida hoy ha querido regalarnos. Siento en mi pecho el líquido imperturbable que emana generoso y mágico obsequiándonos un minuto más de plenitud. Amamanto y siento que soy poseedora de un gran privilegio, amamanto y tomo conciencia de que en los días que corren la lucha que involucra el amamantar no es fácil de enfrentar.

Como la de muchas, mi primera historia de lactancia fue tortuosa.  Me dolió en lo más profundo de mi alma cuando el pediatra me dijo que debería darle leche de tarro porque mi hijo no engordaba.  Me dolió no tener ningún apoyo de las mujeres que me rodeaban porque ellas mismas pensaban que la leche de tarro era lo mejor.  Así, en medio de mi desinformación y mi falta de apoyo decidí seguir mi instinto casi de forma clandestina, y continué luchando por amamantar a mi hijo. Conseguí en ese momento una lactancia mixta.  Llegado el año, factores desgraciados y exteriores conjuraron para que el destete se diera.  ‘Ya esta grandecito’ dijeron también.  Procuré, casi sin saberlo, que el proceso fuera lo más respetuoso para mi bebé. Pero no lo fue para mí. El dolor aquel aún lo siento. Recuerdo la última vez que mi bebé tomo de mi pecho y del diálogo que ambos establecimos para entender las circunstancias por las que debíamos pasar.  En su corta edad entendió como un sabio lo que yo no pude entender.  Por aquél entonces yo sé que mi historia extravió un gran hito de equilibrio. Mi leche se secó y algo en mí se marchitó. 

Mi segunda lactancia se inició conmigo revestida de mucha más confianza. Así lo sentía yo. Sin tanto dolor, sin tanto temor, con mi experiencia previa. Me sentía verdaderamente como un manantial de leche blanca, de oro líquido.  Pero vino nuevamente la pediatra a decirme que mi niño no estaba subiendo de peso y que nuevamente debería darle leche de tarro.  Todos mis brujos y flores marchitas salieron para mi espanto. Golpe certero contra mi autoestima. En ese mismo instante también acudieron pronto mis cucos de tener que volver a trabajar.  No sé cómo no bajé la guardia.  No quería perder la lactancia y no dejaría que nada me detuviera como lo hice la primera vez.  Libré una nueva batalla tan difícil como las otras. 

Hoy en día, creo que amamantar es un verdadero privilegio.  Hoy una mujer que amamanta de forma consecuente con su ser interno y su sentimiento maternal es una mujer que ha logrado concientizar la sabiduría de su cuerpo femenino y ha logrado mantenerse y nadar contra corriente. Corriente muy fuerte por cierto. Pero la tozudez y la determinación femenina no siempre son factores suficientes y no siempre habrá mujeres que tengan tan claro lo que significa la lactancia.  A veces la cultura viene con sus plásticos, sus horarios laborales estrictos e inflexibles, con leches fáciles de preparar y sus ideas de ‘hacerte la vida más fácil’, con sus ideas de mujer independiente y niño autónomo ojalá a semanas de vida.  Estas ideas son más fuertes y condicionantes frente al escaso apoyo que tenemos en general.  La verdad es que es difícil desenredarnos de tanta idea preconcebida que descalifica nuestra naturaleza y nuestra leche. ¡Desde nuestras bisabuelas, abuelas, madres llevamos años viviendo con estas ideas! En estas condiciones se inician nuestras lactancias que se vuelven caminos difíciles y que no todas logramos concretar. 

A veces me pregunto por qué se ha desacreditado tanto nuestra leche.  Un alimento que no sólo protege al bebé y a la mujer de numerosas enfermedades, si no que tiene un sinfín de ventajas y beneficios para todo el mundo, es un verdadero regalo que cada mamá e hijo debería disfrutarlo a destajo.  Asimismo, la lactancia representa un hito importante dentro de la sexualidad femenina y creo que debería ser un firme derecho que todas las mujeres debemos reivindicar y que esta sociedad –si quiere catalogarse de civilizada- debe reconocer, apoyar y promover. La creación de redes de apoyo, el mejoramiento de la asistencia profesional que las madres embarazadas y lactantes reciben, y por sobre todo la educación que recibimos las mujeres desde niñas deberían ser por lo menos prioridades en las políticas públicas que ayudarían a que amamantar fuera un derecho y no una batalla cruenta como las que nos toca enfrentar hoy en día.

Cierro los ojos y observo mis madrugadas, mi sensación se preña y siento mi pecho lleno y la vida misma transcurre en ese minuto de inspiraciones desbordadas: con mi hijo al pecho y el abrazo de su hermano. Mis lactancias no fueron fáciles porque mi ser mujer se formó en una sociedad que siempre descalificó y pisoteó eso mismo, mi ser mujer. En algún sentido mi tozudez me ayudó para que la batalla de mis lactancias me hiciera sentir hoy el gozo y el privilegio que tengo de poder amamantar. Pero los depredadores siguen al acecho: mi hijo tiene casi dos años y ya tengo recomendaciones de destete.  La lucha debe continuar. Continuar porque en este mundo cada día debe haber más mujeres e hijos que puedan disfrutar sin luchas, sin temores y sin tabúes de lo que les pertenece por excelencia: el contacto y la leche materna.  



viernes, 18 de enero de 2013

En casa dormimos todos juntos



Sí, en mi casa todos dormimos en la misma cama: papá, mamá y dos niños.  Y dormimos de lo más bien y a pata suelta, como se dice.  Para el bebé tenemos una cuna adosada a la cama, la cual a veces ocupa, otras no y otras nos sirve para contener ropa, juguetes, libros, etc.  Y cuando papá está muy cansado o trabaja hasta tarde ocupa la cama de Manuel que tenemos en la habitación contigua.  Pero en general todos dormimos en la misma cama, y dormimos bien, y creo que es una de las mejores cosas que nos ha pasado como familia.

Eso sí, no todas las noches son iguales.

Mis dos hijos me han enseñado que a veces el sueño o la regulación del mismo, no es cosa fácil.  Es decir, no es cosa fácil para nosotros a los adultos entender el sueño de los bebés ya que tenemos rutinas de sueños establecidas y estructuradas, y cuando nos enfrentamos a ciclos de sueño de un bebé acostumbrándose a su nueva vida nos puede causar mucha frustración y muchas veces aprendemos o tenemos que entender a la fuerza que el sueño no se controla. 

En mi caso, mi hijo mayor me enseñó a que a veces uno puede pasar una noche completa sin dormir, y que finalmente uno no se muere.  Manuel lloró mucho por las noches frente a unos padres primerizos que se angustiaban a morir y no sabían qué hacer.  Muchas veces recibimos consejos diciendo que dejarlo llorar era bueno para sus pulmones, o que era bueno que aprendiera a dormir solito para que se hiciera independiente, o que no debería manipularnos con su llanto por las noches.  Jamás pudimos dejarlo llorar solo en su cuna (la que luego solo sirvió para juntar ropa, juguetes, etc.). Así que por las noches yo le daba teta todo lo que quisiera y así aprovechábamos de tranquilizarnos y dormir los dos, o bien papá lo paseaba, o bien ambos le cantábamos.  Siempre en nuestra cama. Esa fue nuestra forma de acompañar a Manuel en su proceso a la hora de dormir: brazos, contención, canto, lactancia, calor de nido.  Así aprendimos a que las noches con los bebés son todas distintas.  Finalmente llegó un día en el que durmió toda la noche, y luego llegó otro día que quiso dormir solo en su cama.

Cuando llegó Gabriel se inició una nueva etapa de aprendizaje: él dormía siempre cuatro horas seguidas por la noche.  Nosotros padres roncábamos de felicidad con estas cuatro horas totalmente reparadoras.  Así que dormíamos a pata suelta, Gabriel en la cuna adosada a nuestra cama, nosotros en ésta y Manuel en su cama.  Sin embargo, pronto notamos que Manuel empezó a sentirse extraño en la pieza contigua. Claro, la llegada de su hermano hizo de nuestra pieza un nuevo nido, y por supuesto, él no quiso quedar fuera.  Así que nuestra cama lo recibió de vuelta con las sábanas abiertas, y dormimos los cuatro a pata suelta.  Cuando Gabriel despertaba, tomaba teta y seguíamos todos durmiendo sin problema.

Eso sí, no todas las noches fueron iguales.

Hoy Gabriel, ya más grande, cambió sus ciclos de sueño.  Hay noches en las que despierta a las 12 pm con toda la energía y juega fácil hasta las 4 am.  Nuestra estrategia ha sido jugar con él, pasearlo en brazos, cantarle, darle teta, pues como puedes obligar a dormir a un niño que claramente no tiene sueño? Entonces esperamos a que llegue el sueño y ahí sí, dormimos nuevamente todos. Bueno, Manuel duerme ya toda la noche, así que muchas veces nos trasladamos con Gabriel a la otra pieza para no molestarlo, o bien dejo que Manuel y papá duerman, pues papá tiene que salir a trabajar al otro día. Como digo, no todas las noches son iguales, pero siempre se busca la forma de obtener un sueño reparador para toda la familia, y se logra. 

En esta casa, nosotros los padres hemos decidido acompañar a nuestros hijos en sus procesos madurativos como lo es en este caso el sueño, de una forma respetuosa, cariñosa, ofreciendo siempre nuestro cuerpo y calor para darles la contención y seguridad que necesitan.  Me alegra mucho no separarnos por las noches ni siquiera unos metros, me gusta mucho que ellos sientan que están siendo cuidados y protegidos desde cerca y que eso los tranquilice y les ayude a dormir sin miedo y sin lágrimas.  No entiendo por qué hay muchas personas que divulguen que lo mejor es la separación de la familia a la hora de dormir. De hecho nunca he visto que una pajarita haga nidos en otras ramas para que ahí duerman sus crías, o que una coneja haga madrigueras distintas para ir poniendo ahí a sus conejitos. Todo lo contrario, en el nido duermen todos juntos y en la madriguera también duermen las crías y su madre juntas.  Los seres humanos no somos máquinas, somos mamíferos y por las noches necesitamos dormir acompañados, acurrucarnos, sentirnos seguros y protegidos para obtener un sueño reparador. 

En mi casa todos dormimos juntos y no todas las noches son iguales. Y si alguien tiene miedo a la oscuridad, nos abrazamos; si alguien tiene frío se le tapa; si alguien tiene hambre come. Y si alguien no tiene sueño, se le acompaña.

Y ya sé que muchos se preguntan y muchas veces se preocupan por el tema de la “intimidad” de la pareja.  Y en eso soy bien tajante: no creo que la vida sexual de una pareja pase por dormir o no solos en una cama y tampoco creo que el bienestar de la pareja pase por tener o no relaciones sexuales. Siento que la sexualidad humana no se reduce al coito simplemente.  La sexualidad y la intimidad es bastante más amplia, y el bienestar de una pareja también se fortalece cuando se amplía a vivir otros parajes que trae la vida familiar y la vida con hijos.  La visión de que solo el sexo une necesariamente a la pareja o que sin él la pareja se desarma, es ver la vida desde una perspectiva demasiado pobre y simple para mi gusto. La vida en pareja claramente tiene más aristas enriquecedoras. El placer de sentir la protección y el cariño se vive en pareja, y para ello hay que tener la conciencia y la madurez acerca de las etapas que nos toca vivir. 

Y claro, no todas las noches tienen por que ser siempre iguales. 


sábado, 18 de agosto de 2012

Porteo: El arte de la piel



"La situación más terrible para cualquier recién nacido es ser separado de su hábitat: [es decir] su madre".
Nills Bergman.
"El modo canguro de tener el bebé"


Imaginemos a un bebé dentro del vientre materno, es decir tratemos de recordar cuando estuvimos ahí.  Es un lugar cálido,  es un universo completo que nos acoge durante nueve meses.  Vamos creciendo y desarrollando nuestro cuerpo, siempre abrazados por el útero de nuestra madre.  Sentimos lo que ella siente, y las ondas de nuestro líquido amniótico siempre nos acogen, nos abrazan, nos sostienen. Comenzamos nuestra vida así, metidos en un saquito cálido y placentero tocando nosotros también a nuestra madre por medio del cordón umbilical y todo lo que nos rodea, un inicio de la vida totalmente amoroso.   En ese contexto podemos imaginar que todas las sensaciones que aprendemos son a través del tacto, el primer sentido que vamos desarrollando, y esa comunicación en toda nuestra piel ahí en ese saquito, es una caricia permanente. 

Entonces, llegado el momento, nacemos.  Nuestro saquito se rompe, y dejamos ir el agua que nos contiene.  Salimos al mundo, sentimos en nuestro cuerpo desnudo el aire, la suavidad de las manos de mamá que nos toca.  Percibimos el latido de su corazón desde otro puerto.  Nos tocan y tocamos.  Luego viene todas las nuevas sensaciones que nuestro sistema sensorial comienza a detectar.  Se inicia nuestra vida, y en ese momento nuestra vida son los cinco sentidos: olor, sabor, oído, visión y sobretodo tacto.

En la actualidad, a la hora de sabernos embarazadas, lo primero que pensamos es en comprar la cuna y el cochecito.  La verdad no tengo muy claro cual es el motivo de esta impulsividad por comprar artefactos sucedáneos de mamá, me imagino que llevamos unos buenos años con estos condicionamientos orientados hacia el plástico, y estos ya ni siquiera se cuestionan.  Lo cierto es que imaginamos que el día del parto nos separaremos de nuestro hijo, y lo mantendremos en estos artefactos y desde una distancia moderada, los contemplaremos.  Y es que nadie nos ha enseñado a escuchar nuestros sonidos internos, y nadie nos da la razón cuando las madres ponemos cara de locas cuando nos dicen, ‘déjalo en la cuna y/o coche, se va malcriar’ y nosotras lo único que queremos es tenerlo cerca y no separarnos nunca jamás del bebé.  Esa es la cuestión, estamos diseñadas ancestralmente para estar todo el día pegadas a nuestra cría, pero el medio te dice que no, que lo que hay que hacer es tener cochecito, sillitas nido, y cunita. Sospechoso. Yo nunca me lo cuestioné, hasta que lo viví en carne propia. 

Cuando leí acerca del método canguro encajaron para mí todas las piezas.  Y para mi no fue tan difícil imaginarme a mi bebé colgando de mi cuerpo todo el día, ya lo llevé por dentro nueve meses, y ahora donde más podría estar que en mis brazos? Lo tuve así todo lo que pude, y ese habría sido mi deseo permanente, pero llega un momento, que también te dan ganas de lavar los platos por ejemplo.  Ahí recordé escenas que tantas veces ví cuando era chica, las madres cargando a sus hijos en la espalda en una especie de sábana blanca.  Las madres eran indígenas y trabajaban todo el día.  Jamás ví llorar o pasarlo mal a un pequeño de aquellos.  Entonces, por qué yo no podría tenerlo así de pegado a mi, mientras yo hacía algunas labores en el hogar o incluso salir a la calle y hacer otro tipo de actividades?

El método canguro consiste en portar al bebé en una especie de saquito de tela que se asemeje al útero materno, justamente como su nombre lo indica, es algo parecido a como llevan sus crías los canguros.  Este portabebé de tela se concibe como una prolongación del útero materno, como una bolsa intermedia entre la vida intra-uterina y la vida autónoma.  Además, permite estimular los 5 sentidos del pequeño: escucha la voz de su mamá cerca, su respiración, los latidos de su corazón, siente su olor, los fulares o meitai colocados de cierta forma permiten una fácil lactancia, y pueden alimentarse a demanda, y más que nada están calientitos y siempre en contacto con mamá, lo que ayuda a que se sienta seguro, confiado y contenido.  Les suena parecido al relato que imaginamos al principio de este artículo?

El uso de portabebés también permite mayor comodidad a la madre, que siente a su hijo cerca y siempre protegido, y el contacto permanente con él hace que nos sintamos más tranquilas, cercanas, y además podemos hacer otras labores. 

Ofrecer al bebé el cobijo con un portabebé, ya sea un fular, meitai, bandolera (hay mucha oferta hoy en día) no solo le provee a él las sensaciones de contención que tuvo en su vida intrauterina y por lo tanto la seguridad que tuvo en los inicios de su vida, sino también otorga a la madre la tranquilidad y la proximidad que ella tanto como el bebé necesitan.  El contacto, el calor, la intimidad y la satisfacción continúan para ambos, y estas son necesidades fundamentales para que los seres humanos nos desarrollemos como seres equilibrados en nuestra piel, mente y espíritu. El arte de la piel expresa nuestra virtud, disposición y habilidad para amarnos, así acurrucados el uno con el otro siguiendo el continuum de la vida, adaptándonos lentamente a los cambios de nuestro crecimiento.  Hay algo más bello que el respeto al proceso natural de crecimiento de los seres humanos? La belleza se plasma para mí en tan solo sentir y concientizar el contacto pleno entre los seres humanos y sus crías, y el uso de un portabebé es extremadamente importante en este proceso y es un instrumento clave en la perfecta comunión de amor entre la madre y su hijo.

Tomemos conciencia.

(Nota / Consejo: Hay mucha oferta hoy en día, es necesario verificar que el portabebé sea una tela que envuelva completamente al bebé.  Los nombres que tienen hoy en día son fulares, meitai, bandoleras, etc. No recomiendo esos portabebés parecidos a las mochilas en donde las piernas del bebé cuelgan,  como ya dije, es necesario que el bebé esté contenido completamente.  Además es importante llevar al bebé mirando hacia el cuerpo del que lo porta, jamás mirando hacia afuera porque esta posición los estresa mucho.  Yo compre el mío a una bella mamá emprendedora aquí y también me gustaron muchos los productos de esta otra mamá emprendedora pincha aquí)