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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Historias de parto: Nacimiento de mi hijo

Autora: Blanca García
Fuente: Crianza En Flor



Hijo, cumpliste 2 meses y siento que es tiempo de poner en palabras tu nacimiento. Todas estas semanas la experiencia ha habitado en un espacio sutil, en mis sensaciones, mis emociones, en mi piel. Y siento que ya es hora de relatar en palabras lo vivido.

El 24 de agosto a las 6 de la mañana me despertó una contracción especial, le seguí su movimiento en mi útero, como se trasladaba, explotaba en el centro y luego se expandía hacía abajo. Supe enseguida que ese sería nuestro último día reunidos en mi cuerpo y que esa noche nos separaríamos. Alegría, amor, tranquilidad, sonrisas silenciosas, nuestra cercana cita nocturna por ahora sería un secreto entre tú y yo.

Las contracciones se asomaron espaciadas durante toda la mañana. Tu papá también supo que esa noche nacerías, quizás se lo dijo mi mirada, mis silencios, mi piel. Me dio de almuerzo ceviche -“Para que estés poderosa”- me dijo sonriendo y sacándome una carcajada. Y salió con tu hermana a la casa de mis papás/tus abuelos –“Volveremos como a las 7 de la tarde para que estés tranquila, intenta dormir una siesta”- dijo al salir transmitiéndome confianza y amor.

Esa tarde, las contracciones se siguieron asomando rítmicas y tímidas, sólo un suave vaivén. Me sentí ansiosa, impaciente, dudé ¿Y si no nace aún?. Limpié la cocina, inflé un poco más el balón kinésico, puse una colchoneta bajo la alfombra, prendí calefactores, puse tu ropita en una canasta sobre el mueble, me comí una fuente enorme de kiwis con naranjas y devoré una barra entera de chocolate. Me acosté a descansar y a pintar mandalas. La tranquilidad y la confianza retornaron.

Ya estaba oscuro cuando tu papá y tu hermana llegaron. Tu hermana llegó relajada y feliz contándome sus aventuras de la tarde. Tu papá muy tranquilo preparó once, huevos revueltos, jugo, frutas y té de jengibre fueron el menú. Nuestra cita nocturna ya no podía ser un secreto, en la cocina le dije -“Hoy nacerá Rafael”-. Me miró, esperó que pasara una contracción y respondió mirándome a los ojos -“Lo sé”-.

Tomamos once los tres en la pieza que esperábamos que nacieras alumbrados solo con la lámpara de sal. Y mientras comíamos las contracciones se fueron haciendo más seguidas. Les seguía el movimiento en mi cuerpo, esperaba su explosión en el centro y seguía comiendo. No dolían, ni molestaban, sólo me invitaban al silencio. Sentía todo tranquilo, pacífico, la penumbra me invitaba al silencio, los relatos de tu hermana me hacían reír y tu papá me transmitía seguridad absoluta.

Me acomodé en el sillón entre cojines y la manta que tejí en esas últimas semanas. Todo era calorcito y oscuridad. Y seguí recibiendo cada cierto rato una contracción, escuchaba a tu hermana jugar en la otra pieza y tu papá estaba frente a mi mirando un documental en su computador. Todo era relajo en el departamento.

Tu hermana se quiso acostar, tu papá la preparó y la fui a acompañar a dormir. Sabía que era la última noche en que podría acompañarla así. Era una especie de despedida. Ella me dijo –“Quiero dormirme abrazaditas”-. Le pregunté si quería teta –“Un poco no más”- me contestó. Se durmió enseguida.

Me volví a acomodar en el sillón a recibir el vaivén de las contracciones que eran ricas, predecibles en su movimiento y muy rítmicas. Tu papá encendió la estufa y la sumó al calefactor. Y al rato me dijo –“Te voy a dejar tranquila y me acostaré al lado de la niña para que no despierte”-. Empecé a entrar en un espacio sin tiempo. El sillón dejó de ser cómodo para recibir las contracciones. Quería abrir las piernas después de cada explosión y así seguir el movimiento hacia abajo. Así que me apoyé en el mueble de la tele con mis manos. ¡Qué feliz estaba! ¡Qué poderosa y confiada me sentía! El vaivén de las contracciones era rico, era fácil de seguir y de llevar. Ellas venían y se iban dejándome cada vez más revitalizada.

A ratos se me venían imágenes del  trabajo de parto de tu hermana que fue de 3 largos días hace casi 4 años atrás. Frente a cada recuerdo te decía en mi interior –“Tranquilo, aquí estamos seguros, aquí nadie nos dará instrucciones” “Sigue bajando tranquilo, aquí nadie meterá sus manos en mi cuerpo para tocar tu camino” “Eso, con confianza, aquí nadie nos hablará, ni prenderá la luz” “Aquí no hace frío, siempre estará calentito” “Sigamos disfrutando nadie nos intervendrá”- Te lo decía a ti, pero en realidad yo misma necesitaba escucharlo para sanar, liberar y sonreír de alegría por estar viviendo este proceso en la seguridad e intimidad de nuestro hogar.

Hubo un momento en que ya no podía pensar bien, intenté hablar en voz alta y no me salió la palabra. Esperé una contracción y con la energía que me dejó, me apoyé firme con mis manos en el mueble, respiré y dije – “Roberto”- pero sólo salió como un susurro. Me costaba hablar, la oxitocina amorosa estaba haciendo lo suyo ¡Placer! Respiré profundo, me concentré y dije –“Roberto… llama a la Maca”-. Me saqué la ropa, me puse camisa de dormir y me volví a meter en ese espacio sin tiempo, lleno de vaivenes, explosiones y sonrisas en la oscuridad.

No sé cuando tiempo pasó. No sé en qué momento llegó, ni menos la hora que era. Sólo de pronto la vi, en un momento en que dejé el apoyo del mueble para buscar agua. Ahí estaba la Maca, mi doula, ahí me la encontré en la oscuridad de la pieza mientras corría la estufa y cerraba la puerta. Seguí recibiendo las contracciones, aun no dolían. En algún momento te dije en mi interior –“Nos debe faltar un buen trecho, tu sigue empujando y yo me sigo abriendo para ti, sigamos”-. Recuerdo haberme apoyado en el sillón y al abrir las piernas, para seguir el vaivén que la contracción hacía para abajo, la Maca masajeó el final de mi columna. Me molestó el toque –“No. No me toques”- dije firme. Eso no me hacía sentir bien y lo había expresado con certeza ¡Poderosa!

Seguí apoyada en el sillón otro espacio sin tiempo. Se me empezaron a cansar las piernas. Me recosté hacia el lado, pero así no podía abrir las piernas como me gustaba en cada contracción. Me tiré en el suelo de lado, la alfombra era acogedora, y subí una pierna sobre el sillón, ahí quedaba abierta como me gustaba. Pero algo no estaba bien, sentía inquietud en el ambiente, movimientos, susurros, sonidos. La Maca entra a la pieza y me dice –“Roberto salió a comprar velas, vuelve en un ratito”-. Seguía sintiendo esa inquietud, las contracciones empezaron a ser poco agradables, no me gustaban, me cansaban. –“Maca, me están empezando a doler, me molestan”- le dije concentrada para que me salieran las palabras. Ella me contestó –“Es que nosotros nos aceleramos, ahora Roberto salió un rato, yo me relajaré y volverás a estar tranquila de nuevo”-. Vino otro par de contracciones molestas, Y de un momento a otro me encontré pensando en las mujeres de mi linaje y diciéndoles en mi interior –“Las necesito ahora, a todas, a las que parieron y a las que no”-. La siguiente contracción ya no fue incómoda, pero tampoco fue placentera. Me paré, tomé varios cojines e hice una torre en el suelo.

La torre de cojines quedó perfecta en altura, me puse en cuatro patas y apoyé mis brazos y mi cabeza sobre la torre. Las contracciones volvieron a tomar el vaivén rico y energizante. Sonreí de placer. Me dejé llevar por la tranqulidad.

Desperté de un sueño profundo, abrí los ojos en la oscuridad de la pieza, seguía apoyada en la torre de cojines y estaba toda babeada. ¡Dormí! Si, dormí tan profundo que me llegó a correr la saliva. El vaivén de cada contracción seguía ahí muy sutil, pero en el espacio entre una y otra, no podía cerrar mi vagina si lo intentaba. ¡Se estaba tan rico! ¡Con esa sensación de querer dormir después de hacer el amor!

La Maca me dice dos veces que tiene el agua lista y pregunta si quiero ir. A la segunda vez, y con mucho esfuerzo, recién le entendí a que se refería. Me ofrecía la tina. Caminé hacia el baño, me saqué la camisa de dormir y me metí al agua. El agua tibia ¡Un placer!. Comenzaron a venir las contracciones más seguidas. Mis sensaciones eran más intensas. Estaba sola en mi baño, en mi tina. Sin darme cuenta me encontré tocando mi clítoris ¡Si, me lo estaba pasando bien en esa intimidad! Sonreí, en mi interior agradecí ser mujer para vivir esta experiencia y te agradecí que me eligieras como tu madre. Recibí otra exquisita contracción, te hablé en voz alta –“Sigue bajando hijo, ven pronto”-. Me metí los dedos dentro de mi vagina y ahí estabas. Tocaba tu cabeza al fondo. ¡Esto era la gloria!

Sentí el agua fría. Me asusté por eso –“No me puedo enfriar”- pensé. Llamé a la Maca, llamé a tu papá. Pero no vinieron. En realidad ahora dudo que el llamado saliera de mi boca. –“No vienen, no me puedo enfriar”-. Esperé que pasara una contracción poderosa, me enderecé saqué el tapón de la tina, di el agua caliente y comencé a hacer el cambio del agua. –“Soy yo la que tiene que parir, solo nos necesitamos tú y yo”- te dije mi interior. ¡Poder absoluto! Y pasé el umbral de lo que podía quedar de miedo al parto. ¡Era el placer máximo vivido en mi vida!. Las contracciones comenzaron a venir una tras otra, no había dolor, no había molestia, pero no había descanso. Seguía silenciosa en esa poderosa seguidilla de explosiones en mi cuerpo.

Entró la Maca, dijo algo que no recuerdo y volvió a salir. Cuando volvió a entrar una fuerza indescriptible se había adueñado de mí, me hacía pujar como jamás podría hacerlo de manera intencional, una fuerza que me hacía pujar desde mi coronilla hasta mi vagina. Te sentía, tú estabas ahí, en la mitad de mi cuerpo, en tu canal, en tu camino. ¿Cuándo vendría el dolor? ¿Cuánto rato u horas faltarían para conocernos? El agua me quemaba, saqué medio cuerpo afuera, me apoyé en la Maca y le pregunté –“¿Cuánto falta Maca?”-. Ella me contestó –“Falta poquito”-.

Y la fuerza se adueñó de mi cuerpo, no era yo la que pujaba, era mi cuerpo que se mandaba solo y ejercía una energía inconmensurable. Atravesaste, te sentí pasar rápido. Sabía que tu cabeza estaba asomada. No alcancé a tocarte con mis manos. Otro pujo involuntario vino con fuerza. Moví mi pierna hacia un costado, medio cuerpo afuera afirmada en el brazo de la Maca ¡Y saliste! ¡Ahí estabas! Te tomé y me eché hacia atrás en la tina ¡Te tenía en mis brazos! ¡El éxtasis, la felicidad y el amor absoluto!

En absoluta oscuridad te sostenía, sentía tu tibieza. El mundo estaba detenido para mí. Entró tu papá, me besó, te tocó la espalda. –“Lo hice mi amor, lo hice, parí a nuestro hijo… lo disfruté, nunca hubo dolor”- le dije extasiada, jamás he estado más en mi que en ese instante. Prendieron una vela y te vimos en la penumbra… bello, perfecto, lleno de amor.
Quise salir de la tina para que no te enfriaras, me puse de pie y salí contigo aferrado a mi cuerpo. –“Afírmenme por si me desmayo, aunque no creo”- les dije. Estaba tan consciente, tan plena, tan atenta a ti.

Cuando llegamos al nidito que armaron junto al calefactor en el suelo de la pieza, la placenta se escurrió de mi cuerpo entre mis piernas, sin preámbulos, no sentí contracción, ni molestia, solo cayó y dije –“Salió la placenta”-. Me acosté sin soltarte, nos acomodamos y nos arroparon. ¡Qué instante divino!. Tú papá se puso junto a nosotros y nos miramos por un tiempo que fueron nuestra eternidad.

Entró el Emiliano, nuestro gineco-obstetra. Me pregunto –“¿Cómo estás?”-. Le contesté –“Estoy bien, estamos bien. Me siento tan bien”-. ¡Jamás en la vida me he sentido más saludable que en ese momento hijo mío!.

La Maca y el Emiliano salieron y nos dejaron a los tres solos. Te miramos, te sentimos, nos besamos, iniciamos lactancia, hiciste caca. Nos disfrutamos en la calma y en la confianza que sólo te da estar en tu hogar. Transmitías quietud, resolución, certeza y paz.

Al rato después, cuando ya dormías después de haber mamado, volvieron a entrar la Maca y el Emiliano. Él me dijo –“Te quiero mirar”-. Miró mi vulva alumbrando solo con una linterna. Mi periné estaba intacto. Luego, preguntó “¿Quién va a cortar el cordón?”, antes con tu papá ya habíamos decidido que lo cortaríamos. Desinfectó unas tijeras, se las pasó a tu papá, alumbró con la linterna y tu papá cortó el cordón. Guardaríamos nuestra placenta.

Luego, espontáneamente nos pusimos a conversar sobre lo vivido. Surgió lo que llamo “la sobremesa del parto”. Yo era un torbellino de energía, así que tenía mucho que contar sobre tu nacimiento silencioso, sin dolor y con reflejo de eyección. Y todos envueltos en esa atmósfera de amor, energía, penumbra, asombro y gratitud siguieron mis deseos de hablar, de reír, de regalonear, de recibirte. Tú dormías plácido, en calma y tibio.

Estábamos conversando cuando despertó tu hermana. Tu papá la fue a ver al dormitorio y le contó que habías nacido. Ella llegó en pura polera, esa noche había decidido dormir sin calzón… seguro sentía la fuerza del nacimiento y era su forma de vivir esa noche especial. Entró a la pieza con sus ojitos más grandes y abiertos que nunca, se acercó, te miró y te dijo –“Voy a buscar algo especial que te preparé”-. Volvió con un canastito en el que había reunido sonajeros y cascabeles –“Esto es para ti”- te dijo con sus ojitos brillantes. Se acostó junto a nosotros a mirarte y tocarte. ¡Que dicha verla como te miraba! ¡Todo fluía!

Alrededor de las 6.30 de la mañana, habías nacido a las 3.43, el Emiliano se fue sonriendo, respetuoso, su mirada decía mucho más de lo que expresaban sus palabras, sabía que había realizado una labor de guardaespaldas maravillosa, pero no terminaba de convencerse de la importancia vital de aquello. Nos pasamos a nuestra cama. Al rato se fue la Maca también, amorosa, diligente, sabia y sonriente se retiró con su mirada dispuesta. ¡Iba feliz!

Era un 25 de agosto y ahí estábamos los cuatro acostados en nuestra cama, en nuestro nido. Imposible dormir después de tanto, estábamos en la cima de la ola de oxitocina. Ya estabas en mis brazos después de nacer gracias al amor y a la seguridad entregada por nuestros guardianes. ¡Divino y poderoso amor que transformó mi cuerpo y te hizo nacer! Era verdad, sólo hacía falta amor para parirte con placer ¡Amor y sólo amor!


Nota: Quiero expresar un profundo agradecimiento a Blanca y a su hermosa familia por tener la bondad de compartir sus experiencias y parte de su intimidad.  Mil gracias Blanca por llenarnos de amor y de esperanzas!!
Paulina

miércoles, 31 de julio de 2013

Entrevista a Guadalupe Trueba Segunda Parte: "(..) no hemos sabido emplear inteligentemente el conocimiento, la tecnología y los sitios para mejorar la salud del nacimiento"


(Leer la Primera Parte AQUI)

Guadalupe Trueba aplicando la Técnica del Reboso en la labor de parto
 “(…) no hemos sabido emplear inteligentemente el conocimiento, la tecnología y los sitios para mejorar la salud del nacimiento y lejos de mejorar la salud integral de las mamás, sus bebés y sus familias, hemos lastimado inmensamente a estas generaciones y hemos interferido en la fisiología del parto.”



12.   En tu opinión: qué es lo que está ocurriendo en el momento actual con la fórmula estricta que se empeña en establecer nuestra sociedad embarazo +hospital+ginecólo/matrona+maternidad?
Que ha sido un desastre… que no hemos sabido emplear inteligentemente el conocimiento, la tecnología y los sitios para mejorar la salud del nacimiento –que es lo que se deseaba- y lejos de mejorar la salud integral de las mamás, sus bebés y sus familias, hemos lastimado inmensamente a estas generaciones y hemos interferido en la fisiología del parto.

13.   ¿Qué es para ti la idea de “violencia obstétrica”?
No quiero emitir una opinión.  Tan solo indicar que es bueno que se esté legalizando y exista información para orientar a las mujeres… Ahora habrá que sensibilizar al profesional de salud y comenzar por que trabajen en condiciones distintas a las que son obligados a trabajar. Sobre todo en la medicina institucional.

14.   ¿Por qué crees tú que debería existir una doula en la vida de cada mujer y niño que viene a este mundo?
Porque ayuda a la mujer a parir o mejorar las condiciones en las que tiene que parir y la acompaña en las buenas y en las malas.

15.   ¿Cuál es la diferencia entre una partera y una doula?
La doula acompaña a la mujer en el parto; pero no realiza ninguna actividad que corresponde a la partera…. que es quien asiste el nacimiento.
Pregunta también muy importante, porque muchas mujeres confunden la labor de la partera con la labor de la doula. Es necesario educar e informar de la diferencia.

Se puede ser partera y doula, pero no dulear el parto que se está asistiendo; y se puede ser doula y partera, pero no asistir el parto en el que se está duleando.

La doula está al lado de la mujer en el parto para hacer su trabajo de doula y está incondicionalmente a su lado no al servicio del personal de salud que atiende el nacimiento.

16.   En tu visión, cuál es la misión real que tiene una doula en nuestra sociedad?
Apoyar a las mujeres en el parto para que logren un nacimiento satisfactorio de sus hijos… y ser un ejemplo a seguir para quienes rodean a la mujer en el parto porque muestra el respeto que merece la mujer que está dando a luz.

17.   Cuéntanos ¿cuáles son los momentos más altos de tu labor? ¿Y cuáles serían los momentos más bajos?
Son 40 años y han sido de grandes satisfacciones, pero también de muchas decepciones… impotencia en muchos nacimientos, grandes logros en otros… pero principalmente el cariño con el que te recuerdan las mujeres a quienes has acompañado en el parto… los pequeños obsequios como cartas, fotos, testimonios de lo que significó mi presencia para ellas… Cuando las encuentro en la calle y le dicen a su hijo… ella fue quien me ayudó cuando tú naciste…. Cuando te buscan 25 años después para que su hija embarazada asista al curso y te invite al parto… Tantas y tantas que me tienen enamorada de esta profesión.

18.   ¿Cómo lo haces personalmente para sobrellevar los altos y bajos de tu labor y la tremenda lucha que enfrentas?
Sabiendo que en cada nacimiento, tú presencia ha hecho la diferencia para que esta mujer lo recuerde con gran satisfacción y orgullo.

19.   ¿Cuáles son los cambios favorables que has visto durante toda tu carrera en torno al parto y nacimiento de los seres humanos?, Cuáles serían los retos o donde se proyectan las luchas para seguir trabajando?
Cambios ha habido muchos… y retos, seguirán a lo largo de lo que me resta de vida. No habrá un momento en el que deje de luchar por un nacimiento digno, bello, grandioso. Por lo que representa para la vida de cada madre, cada bebé, cada papá y cada familia.



20.  ¿Sientes que has plantado un dátil en el desierto? Comerás de esa fruta algún día?
Ya la he comido muchas veces y la seguiré comiendo. Pero sin pretender que el sistema cambiará en unos cuantos años… Perdimos mucho por habernos dormido en nuestros laureles!!!

21.   ¿Cómo ves el auge de las doulas en Latinoamérica?
Difícil, porque nadie las quiere!!!  Son una figura que hace que se “tambalee” el sistema convencional y con el poder absoluto del personal de salud… Su presencia es una amenaza para la institucionalización de la medicina… Creo que muchos médicos y enfermeras se preguntarán: ¿cómo alguien con tan poca preparación puede tener mejores resultados que yo que tengo este título?... ¿porqué las mujeres se sienten tan agradecidas con ellas en lugar de agradecer las horas que me pasé a su lado cuidando la salud de ella y su bebé?
Por otro lado el auge puede ser grandioso, pero habrá que luchar contra el sistema día con día. Nada será mágico.

22.  La formula a mi parecer es que las mujeres tomemos conciencia de nosotras mismas, que haya un empoderamiento femenino es prácticamente una urgencia.  En este contexto ¿qué significaría para ti la palabra esperanza?

Que todo lo que sube baja y que cuando se toca fondo, se comienza a ver la luz. Tengo tanta fe en el cambio, que si no fuera así, ya me hubiera retirado de esta profesión.



Muchas gracias querida Guadalupe por tu tiempo, por tu entrega y por el cariño vertido en cada una de tus palabras, las cuales estoy segura servirán para que cada vez más mujeres tomen conciencia de su cuerpo, de su sexualidad, de su maternidad, de sus hijos.

lunes, 29 de julio de 2013

Entrevista a Guadalupe Trueba: “Si las mujeres supieran lo importante que es parir, no sería tan fácil convencerlas de que lo que requieren es la tecnología.”



Conocí a Guadalupe en un curso de formación de doulas que impartió en Santiago, en conjunto con Pascale Pagola y de inmediato supe que sería un curso transformador.  Llevaba yo un tiempo buscando toda la información que pudiera obtener para convertirme en doula y por supuesto un curso en el cual pudiera formarme.  Y en este encuentro encontré mucho más que eso.

Guadalupe Trueba es Educadora Perinatal certificada por Lamaze International y  por la Universidad Nacional Autónoma de México.  Académica de la Especialidad en Educación Perinatal de Universidad Anáhuac, miembro del Consejo de Educación de Lamaze International y Birth Doula Trainer acreditada por DONA International.  Con 40 años de experiencia como educadora para el parto y doula, habiendo educado a más de 4900 parejas para el parto normal y haber apoyado como doula a más de 1900 parejas, es así mismo especialista en apoyo para el parto en agua en más de 160 nacimientos.  En el año 2012 recibió el Premio Penny Simkin Award, como reconocimiento al trabajo y esfuerzo en la difusión y fortalecimiento de la doula en el mundo. La página web de Guadalupe es http://www.experiencia.mx/

Guadalupe es una mujer delgada, de rasgos finos y elegantes.  Su mirada profunda deja entrever siglos de experiencia femenina y de una sabiduría exquisita. Su candidez y sencillez hacen sentirse inmediatamente como en casa, y un abrazo de ella, Ah! un abrazo de  ella resulta ser como el arrullo materno que todos anhelamos en la vida. Su presencia invita a la tranquilidad y al empoderamiento y para nosotras las mujeres debe de ser un deleite poder parir en su compañía.  Me dan ganas de volver a embarazarme y poder invocar su ayuda en mi parto, pero más aún, su aura me dice a mí que su labor es una invitación sincera y estimulante a nacer con ella.  

Sin más preámbulos, les dejo la entrevista que muy amablemente concedió a Sermamá Serconciencia. Que la disfruten!

 1.       ¿Qué es una doula?¿Cuál es el trabajo de una doula? ¿Cómo asiste una doula a una mujer durante el trabajo de parto?
 La doula es una mujer que acompaña a otra en el parto. Su trabajo es que la mujer tenga un recuerdo memorable del nacimiento de su hij@ y favorecer un entorno que se lo permita – íntimo, respetuoso, seguro, cálido, confiable y tranquilo. La asiste con mucho amor y desde el momento en el que la mujer necesite este acompañamiento. Es la memoria de la mujer; le recuerda lo que ella deseaba del parto y comentaron en la o las entrevistas previas al nacimiento.

2.       ¿Qué es ó que involucra un parto natural? Y cuál es la diferencia con lo que se entiende como “parto humanizado”?
El parto natural es un parto no medicado y no intervenido… el que de forma natural se desarrolla hasta el nacimiento del bebé por vía vaginal.

A diferencia del parto humanizado, el parto natural, puede asistirse de forma irrespetuosa para la mujer y el proceso mismo. El parto humanizado es en el que prevalece el respeto por la mujer, sus deseos y necesidades y considerando no solo la salud física, sino la salud integral de ambos protagonistas –mamá-bebé- quienes se verán afectados por el modelo de atención del nacimiento.

Existen a mi parecer, tres modelos de atención… El modelo de la obstetricia –en el que se medicaliza el parto; se considera que debe ocurrir en una clínica u hospital y con la utilización de la tecnología médica disponible; sea o no normal. En general atendido por el médico; más sin embargo hay que considerar que hay parteras que “medicalizan” el parto…

El  modelo de la partería –en el que se atiende la salud integral de la mujer y su bebé; se utiliza muy poca o nula tecnología médica y es un parto centrado en la familia
Hoy día está comentándose más y más del modelo basado en la fisiología del parto –y que bien sea atendido por el médico o por la partera, lo que prevalece es el respeto a la fisiología del evento. No intervenir ni medicalizar si no está justificado. Y que los protagonistas son la mujer y su bebé. En el nacimiento, se proporcionan a la madre todos los medios disponibles, para que de a luz de forma normal, natural y saludable. Además de respetar la continuidad del parto y que es el no separar a la mamá de su bebé para favorecer la fisiología del post parto, y favorecer el vínculo y la lactancia.

3.      ¿Por qué las mujeres deberíamos tener un parto natural? ¿ por qué no optar por los partos que nos entregan en general las instituciones médicas o entregarnos al parto medicalizado?
Primeramente, porque es así como ha sido diseñado por la Naturaleza. La medicalización del parto, y las intervenciones y procedimientos realizados en las instituciones médicas, pueden desviar el parto de lo normal y si bien pueden ser “manejados” con tecnología, no garantizan un nacimiento normal y saludable y en cambio pueden tener resultados adversos a corto, mediano y largo plazo para la salud integral de la mujer y su hijo.
Si las mujeres supieran lo importante que es parir, no sería tan fácil convencerlas de que lo que requieren es la tecnología. Esta es un gran invento, pero para los casos en los que los partos se desvían de lo normal y ponen en peligro la salud de ambos. No así para que todos los nacimientos sean manejados con la tecnología actual.

El parto es un proceso transformador… la mujer se transforma en madre y es un evento que le llena de orgullo, de poder, de satisfacción por la tarea de traer a su bebé al mundo. No es justo que a las mujeres que cursan un embarazo y parto normales y saludables, se les induzca un miedo al parto… al dolor… a la tarea de ser madres.

4.      Cuéntanos: ¿Cuál es tu labor en el acompañamiento a una mujer en un momento crucial de su vida?
Depende del sitio y las condiciones en que esté dando a luz la mujer… y va desde solo  acompañarla y mantener de vez en vez un contacto visual, la de impedir que la distraigan y favorecer para ella un entorno seguro, tranquilo, confiable y calentito… Otras muchas veces ofrecer lo que sabemos le ayuda a fortalecer su espíritu, darle fuerza para seguir en la lucha de un parto largo y desesperante; otras veces defenderla de la duda que le infunden quienes la atienden –porque le trasmiten sus propios y particulares miedos- a veces solo acercarse al oído para recordarle que “su cuerpo sabe” y que se deje guiar por las sensaciones que acompañan el momento… También muy importante continuar con esa labor para el primer contacto con el bebé… Impedir que la distraigan del momento del encuentro; y/o calmar su miedo y ansiedad cuando la separan de su bebé.

Hay días que uno quisiera olvidar… el parto no es uno de estos. El parto no se olvida nunca… es por eso que debe ser un recuerdo “memorable”

5.      ¿Cómo nace tu vocación? O de donde te surge a ti la necesidad de ayudar a otras mujeres?
Si bien me costó mucho trabajo darme cuenta, finalmente pienso que fue mi propio nacimiento. Mi madre me contaba lo difícil que había sido el parto… no podía nacer y ella agotada le dijo al médico “yo ya no puedo más” y se utilizaron los fórceps para que yo naciera. De ahí, un montón de problemas que me llevaron a permanecer en el hospital por cerca de un mes. Mi nombre –me decía mi mamá- fue para agradecer a la Virgen de Guadalupe el haberme salvado.

6.      ¿De dónde han salido las Doulas cuando hace unos años pocos sabían de su existencia? Según tu opinión, a qué se debe este resurgimiento de la figura de acompañamiento entre mujeres?
    La doula ha estado presente en toda la historia de la humanidad. Las mujeres siempre han dado a luz rodeadas de otras mujeres que las apoyan en esos momentos. Al medicalizarse el parto y llevarse a cabo en los hospitales y con la atención del médico, la partera y las acompañantes del parto, desaparecen y son expulsadas de las salas de nacimiento.

El movimiento del parto no medicado (principalmente con anestesia) hace que las mujeres deseen acompañantes de parto. Primero la instructora del parto psicoprofiláctico que las acompañaba; así nace el movimiento para la profesionalización del acompañante de parto y se le denomina “DOULA” Pero yo en lo personal tengo 40 años acompañando a la mujer en el parto. Usualmente las mujeres que se acercan a mi curso para la preparación al parto son quienes me llaman.

 7.         ¿Cuándo empieza la labor de una doula? ¿Cuándo acaba?
Empieza cuando la mujer le pide que la acompañe al parto. Se realizan entrevistas para conocer sus deseos y la forma en que mejor la podrá acompañar. Luego se mantienen en contacto comentando lo que sucede antes del parto; conocer en que momento de inicia para dar apoyo en cuanto la mujer lo requiera. Estar con ella continua e incondicionalmente durante el parto y finalmente apoyarla en lo que quiera después de nacido su bebé. Comentando su parto, recordándole lo que desea comentar, sugiriendo profesionales o sitios que favorezcan la lactancia… Es difícil indicar como y cuando comienza su labor igual que cómo o cuando termina… Cada mujer es diferente y se debe particularizar la atención que brindamos.

 8.      ¿Qué debemos valorar a la hora de contratar una doula?
Que sea la persona que deseamos a nuestro lado. Empática, amorosa, experimentada o simplemente la persona que nos brinde la confianza y seguridad que requerimos para el nacimiento. Es importante considerar que cada mujer, buscará atributos especiales en la mujer o mujeres que desea la acompañen en el parto.

9.      ¿Qué tipo de mujeres/parejas contratan una doula?
Es interesante esta pregunta, porque se puede querer contratar una doula por distintas razones: para que te defienda de las intervenciones, del ambiente frío del hospital en que dará a luz, para que te proporcione medidas de confort en el parto, para que te comprenda y aliente. Es un fenómeno muy especial que nace a partir de la necesidad de muchas mujeres para lograr un parto respetado. Si no tuviera un costo, pienso que muchas mujeres elegirían una doula para su parto… Si fuera posible contar con doulas en los hospitales públicos, ya verías tú como estaríamos catalogadas… En un estudio realizado en los EEUU, la doula fue nombrada como el profesional de salud que mejor atención había proporcionado en el parto. Y esta fue una encuesta a las mamás!!! Y de miles de nacimientos.

10.   En tu opinión, cómo se puede hacer tomar conciencia a la mujer de la importancia del parto y de lo beneficioso de tener una doula?
Con educación… Son dos cosas distintas…. Tomar conciencia de la importancia del parto… es toda una tarea que tenemos que lograr… la medicalización del parto nos ha puesto en la situación de temerle, sentir que es una verdadera y real amenaza a nuestra salud y la del bebé por nacer. Razón por la cual hay que asistir a un hospital y entre mejor y más tecnificado esté… triste, pero más seguras se sienten. Se ha perdido la confianza en la capacidad de parir…

La mujer con este condicionamiento desconoce que el parto es un evento de salud que se puede y debe gozar… es uno de los momentos inolvidables en su vida y más vale que sea memorable. No cree que el parto es una experiencia maravillosa y transformadora. Después del parto la mujer es otra… más fuerte, segura, convencida de su poder y enormemente satisfecha y orgullosa de si misma… Es una tristeza que las condiciones en que la hagan dar a luz, cambien esto y lo vivan como un acto de violencia y falta de respeto que deja temor, resentimiento y sensación de mal trato.

La doula ha comprobado –según todos los estudios de investigación publicados hasta hoy- que su presencia ayuda a que la mujer pueda emplear su fuerza, talentos, disposición, entusiasmo, convencimiento, etc. etc. en parir de forma en que ella (la madre) se siente inmensamente satisfecha de la labor realizada.

11.      Por lo que he visto, las  mujeres que conocen los servicios de las doulas son mujeres que tienen una gran conciencia y conexión con ellas mismas.  Cómo crees tú que esta conciencia y conexión pueden llegar a otras mujeres que quizás no se han conectado completamente con ellas mismas aún?
Ayudándolas a reflexionar acerca del evento del nacimiento como una oportunidad para sentirse así… con gran conciencia y conexión con ella misma. Pronto será madre y serán atributos que le ayudan en la labor de madre.


Continúa… 

Leer la Segunda Parte AQUI




miércoles, 17 de abril de 2013

El cerebro de Mamá (Parte II – Mecanismo del Amor Maternal)



El sentimiento de que un manantial infinito de amor comienza a emanar desde el corazón cuando vemos por primera vez los ojos de nuestro hijo, sentimos sus gemidos, sentimos su olor y acariciamos su manitos, es un sentimiento que nos une a todas las madres independiente de todas las diferencias que podamos tener unas de otras y de las circunstancias que nos acompañen.  Es por ello que este momento tan íntimo y tan importante–cuando nace nuestro hijo y cuando volvemos a nacer nosotras- debe ser lo menos intervenido y lo menos estresante o mecánico, al contrario de lo que se vive hoy en los hospitales y clínicas. Es por ello que se lucha tan majaderamente –que los majaderos son otros- porque nadie intervenga un parto y que este sea lo más natural posible.  El momento del nacimiento y las horas que le siguen es uno de los momentos más delicados y críticos en la vida de un ser humano, y lo más hermoso es poder sentirlo y vivirlo en la más plena intimidad y con todas las funciones del cerebro actuando de forma natural, sin anestesias, sin inductores, solo con el más puro amor de mamá que emana del corazón, y si queremos, de nuestro cerebro.

A continuación les dejo algunas de las descripciones acerca del mecanismo cerebral del amor maternal  que  la  neuropsiquiatra Louann Brizendine nos entrega el libro el “Cerebro Femenino”.

A diferencia de las ovejas, la mayoría de las hembras humanas tardan más de cinco minutos en vincularse con sus bebés, pero ese lapso no es tan breve en los humanos.  Es una buena noticia para mujeres que, como yo, no han tenido experiencias de partos ideales y han sufrido anestesia, cesárea y trabajos de partos prolongados hasta dar a luz. En el momento en que nació mi hijo –después de treinta y seis horas de contracciones, anestesia epidural y morfina- estaba bastante aturdida y tenía escasa curiosidad por conocer al pequeño.  No viví la oleada de arrebatado amor maternal que esperaba sentir inmediatamente por mi bebé, en parte porque la anestesia y la morfina cambian los efectos de la oxitocina. No me sentí alerta ni protectora hasta haber salido de mi estado de sopor, y entonces me enamoré y vi que dependía sin remedio de mi nuevo hijo con toda mi sensibilidad y todo mi circuito maternal disparado.

“Estoy enamorada” es la expresión que emplean muchas madres para explicar lo que sienten por sus niños.  No es sorprendente si se escanea el cerebro porque el amor maternal se parece mucho al amor romántico.  Ha habido investigadores que han conectado a madres de recién nacidos con equipos de monitoreo cerebral, les mostraron fotografías de sus niños y luego otras de sus parejas románticas.  Los escáneres revelaron que en respuesta a ambas fotos, se iluminaban las mismas regiones del cerebro activadas por la oxitocina.  Ahora ya sé por qué sentía tanta pasión por mi hijo y por qué algunas veces mi esposo se ponía celoso.  En ambos tipos de amor hay aportes de dopamina y oxitocina en el cerebro que crean el vínculo, desconectando el pensamiento juicioso y las emociones negativas, y enchufando circuitos de placer que producen sentimientos de júbilo y apego.  Científicos del Universtiy College de Londres encontraron que las partes del cerebro habitualmente disponibles para formular juicios negativos y críticos de otros – por ejemplo el córtex anterior cingulado- se desconectan cuando uno mira a una persona amada.  La respuesta tierna y nutricia de los circuitos de oxitocina se refuerza mediante el sentimiento de placer creado por aflujos de dopamina, la sustancia química propia del placer y la recompensa.  La dopamina se incrementa en el cerebro maternal por el estrógeno y la oxitocina.  Es el mismo circuito de recompensa disparado en un cerebro femenino por la comunicación íntima y el orgasmo.

Enamorarme sin remedio de mi bebé se convirtió para mí en un estado permanente del espíritu, reforzado cada día.  Esto no significa que no me afectaran las pruebas y tribulaciones de cuidar al nuevo bebé, tales como haber pasado un día entero sin tiempo para darme una ducha o no haber podido dormir la noche anterior (las madres novatas pierden un promedio de setecientas horas de sueño el primer año tras el parto) (…) Es buena cosa que, en la mayoría de los casos, el botón del placer maternal sea accionado una y otra vez, y los lazos se estrechen más cuanto más cerca se está físicamente del bebé.*

(*) El Cerebro Femenino
Louann Brizendine
Pág. 126- 127







martes, 6 de noviembre de 2012

Mis partos y yo

Desde que tengo memoria, en mi memoria de niña,  creo que el dolor al parto es uno de los miedos más incrustados en mi adn.  Los relatos de mi madre y sus partos ayudaron bastante a sellar en mi piel aquel fantasma temible.  Nací mediante una cesárea urgente, luego de horas de labor de parto en una clínica, con peligro de ruptura del útero, y un tajo que rasguño mi frente antes de que yo viera la luz externa.  La desesperación de mi madre fue mayor cuando le dijeron que venía con un pie curvado hacia adentro y de seguro, sin preguntarle, cuando nos separaron por horas hasta que los médicos decidieran.  Quizás en algún momento preferí dejar deshabitado totalmente el cuarto oscuro del parto en mi esencia y la razón hoy me parece obvia.  Y  bueno, luego vino la cultura, terminándose así de inscribir en mi mente que el proceso del parto se entrega la medicalización por sobre la naturaleza, estandarizándome de esa forma para cuando me llegara la hora de parir. 

Así desde que nací vi el mundo cruzado por el paternalismo de una cultura que pretende  que seas mansa y obediente en todo orden, y especialmente a la hora de tener hijos.  Porque así te conviertes en una buena mujer, una mujer que no cuestiona nada y que entrega todo sus procesos al resto.  Que tu embarazo se lo entregas al ginecólogo y él decide cuando nace tu hijo.  Me temo que desde niñas poco a poco nos enseñan el miedo, y con él nos van despojando de nuestros deseos y de nuestra naturaleza.  Ya en la adolescencia te miran con lástima cuando viene tu menarquia, luego cuando comienzas a enamorarte antes de cualquier otra cosa te enseñan a que el embarazo puede “arruinar tu vida”. Luego estudias y buscas una profesión y creces en el ámbito profesional con el mismo miedo al embarazo porque ahora puede seguir “la ruina” de tu carrera o de tus proyectos personales.  Cuando entras a un buen trabajo sigues postergando tu maternidad por que el miedo te da alguna nueva justificación, y el miedo a estas alturas ha cambiado de disfraz más de mil veces.  Cuando llega el momento en que quedas embarazada, dentro de las primeras emociones que vienen a ti está el miedo. Y casi en penumbras comienzas a darte cuenta que nunca habías decidido habitarte internamente, vivir en tu ser más esencial y femenino que te llama a gritos y se te planta  hoy en frente.  Cuando das el paso, tu vida cambia radicalmente, pero el miedo una vez más aparece con nuevo traje.

El miedo al dolor del parto es uno de los tantos disfraces del miedo que nos insertan desde niñas, para mi gusto una artimaña más para que te alejes de ti misma, de tu ser interior y por ende de tu poder.  Nuestra cultura vive el dolor como algo detestable y buscan eliminarlo de cualquier modo y a costa de cualquier cosa.  Jamás te muestran que el dolor es parte de la vida, un proceso integrado a esto de vivir, un sentimiento que acompaña casi siempre un crecimiento, un sentimiento muy humano.  Tan despreciado él y tan parte de nosotros como la noche dentro de un día.  Eliminarlo y temerle es el objetivo de nuestro sistema. Nunca nos enseñan a ir a través de él, cruzarlo con dignidad, valentía y arrojo.  A nadie le conviene que sepas que una vez que lo enfrentas y sabes que lo has hecho tu sola, el poder te inunda y te hace más grande, puedes ser invencible. Te vuelves peligrosa.

Cuando llegó mi hora de parir, tuve miedo. Mis dos partos fueron totalmente medicalizados. Hubo inducción para apurar la dilatación, hubo oxitocina sintética, hubo un dolor inaguantable, hubo epidural, hubo depilación, tactos, episostomía, hubo monitoreos, hubo manejos externos de mis contracciones. Hubo ruptura de membranas.  Tuve miedo.  En algunos momentos tuve la mano del padre de mis muchachos, en momentos le decían que tenía que salir, sin preguntarnos o explicarnos absolutamente nada.  Escuché muchas historias de vacaciones en el Caribe, peleas entre colegas y uno que otro deseo puesto en palabras de qué es lo que querían almorzar ese día,  mientras me forraban con sondas y ponían algún medicamento o que se yo. Había mucha luz, bulla, batas verdes y de todos colores que venían y me decían algo. 

Hoy leo con regocijo las historias de partos naturales de mujeres valientes que tuvieron la suerte quizás de haber llegado a ese punto de sus vidas con una conciencia más elevada.  He llorado mil veces al escuchar como sienten su cuerpo ayudando a nacer a sus hijos. Los observo con algo de nostalgia, sana envidia y de culpa por que yo misma pude habitarme así y haber sentido mis partos desde mi pedestal femenino y no en una camilla horizontal.  Entonces me percato de que aparece otro de los hilos con los que me hilvanaron desde que nací: la culpa. Otro hilo que apunta a la desconexión, otro hilo más con los que nos siguen sometiendo en silencio a las mujeres.

Me observo cocida con estos hilos, y coincido en que debo cortarlos eliminarlos de mi vida. Decidimos todas eliminar estos hilos de nuestras vidas.  Al irlos cortando, descociendome, voy sintiendo como voy entrando a mi morada, a mi casa, a aquella que decidí hace tiempo volver. 

Y voy a mis partos, y observo todo el escenario “quirúrgico” antes descrito, sin embargo, decido ver lo esencial.  Voy al punto donde quiero vivirlos una y otra vez, sintiendo aquellas contracciones, sintiendo cada una de mis células femeninas haciendo lo que mejor saben hacer, sintiendo en cada pujo un abrazo amoroso que decido entregarles a mis hijos, mis manos y mi vientre los van tocando y acariciando para darles las bienvenida. Me siento en intimidad y acogida. Siento en mi la fuerza de aquella mujer que parió en un pesebre hace unos miles de años.  Entre las luces, tubos y batas verdes, ya no hay miedo. Los ojos de mis hijos, esos ojos que podría ver toda mi vida, sus manos como dos ovillos, su cuerpo tibio con mi calor, los recibo emocionada, los abrazo y nunca jamás los dejo ir. No hay miedo, no hay más que una sensación de un territorio vasto, verde, cercano a lo que para mi sería el paraíso.  No hay dolor ni miedo, solo hay espacio para la magia que me posee. Mis hijos primero en mi vientre, ahora en mis brazos, en mis pechos, en mi vida y en ningún otro lugar.

Han podido medicalizar lo físico en mí, pero no han podido intervenir mi alma, ni el alma de mis hijos. Ellos han nacido como todos los bebés humanos, con una promesa en las manos y con la esperanza de hacer de este un mundo mejor.  Vivo el amor que siento por ellos y pongo las piedras en el cimiento de la morada que nunca dejé de habitar y que ahora decido habitar concientemente.

Mis partos ahora sin el dolor de haber sido entregados a los catéteres y a otras manos han hecho que el poder del amor se despliegue en mi cuerpo, en mi hogar, en mi lecho y en mi espíritu. Mis partos han hecho que se despliegue una fuerza poderosa, feroz, misteriosa y abundante. Hoy me tejo yo misma, con la lana que  yo misma escojo.

Mis partos y yo son nuestros partos y nosotras. Nos desvestimos de los miedos, las culpas y decidimos habitarnos concientemente. Nuestros partos nos pertenecen, y cada una lo vive con todo el respeto que nos merecemos como seres humanos, como mamíferos, sin apurarlos, sin manipularlos.  Luz tenue, intimidad, comodidad, mujer acogida, mujer feliz viviendo su cuerpo sabio.

 Silencio por favor, esta naciendo uno de nosotros.