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miércoles, 5 de febrero de 2014

Acceso a la conciencia del poder femenino



He estado algo ausente estos últimos tiempos, lo se.  Y la verdad es que me llama mucho ponerme a escribir pero hay tanto que hacer que el valioso tiempo de escritura y reflexión se ha visto un tanto mermado.  Sin embargo, entre tanto movimiento también se me ha dado el recogimiento, el descanso en madriguera, la observación a cierta distancia.  Han sido tiempos de cambios intensos, de movimientos internos enormes, de traslados y reacomodamientos.  Todo se mueve,  se renueva, cambia de lugar y una siente que crece, o al menos se enriquece.  Tener la capacidad de estar en pausa y observar la vida como transcurre es verdaderamente maravilloso.  Sentir y tan solo poder sonreir por sentir la vida de uno es a lo que yo llamo vida. 


Por lo pronto, me gustaría compartir algunos extractos de un excelente libro de la Dra. Christiane Northrup que se llama Madres e Hijas, Sabiduría para una relación que dura toda la vida.


ACCESO AL PODER DE LA CONCIENCIA

La conciencia, que trabaja mediante las leyes de la naturaleza y en unión con ellas, genera y sostiene nuestro cuerpo desde el principio a fin de nuestra vida.  Para tener el máximo acceso a nuestra capacidad de mantener o conseguir la salud y la felicidad óptimas, necesitamos reconocer, aprovechar y acceder al poder contenido en esta conciencia.  Hemos de aprender a usar consciente y hábilmente ese poder en cada fase de nuestro viaje vital. 

Tradicionalmente, la posesión y el uso del poder ha sido asunto problemático para las mujeres, así que quiero dejar claro lo que pretendo decir cuando hablo de poder femenino.

La ciencia define el poder como la energía necesaria para hacer un trabajo o cambiar la materia de un estado a otro, como, por ejemplo, convertir el agua en vapor o levantar una piedra.  Es decir, el poder es la energía necesaria para hacer algo que ocurra.

Las culturas orientales, particular, las enseñanzas del taoísmo, dividen el poder en dos tipos: yin y yang. El poder yang es en el que piensan la mayoría de los occidentales cuando se oye la palabra “poder”; se mueve activa e intencionadamente hacia un objetivo en el mundo externo; usamos poder yang para pisar el acelerador y lanzarnos hacia nuestros objetivos.  El poder yang se asocia con la masculinidad.  Cuando no está equilibrado por su opuesto, el poder yin, el poder yang se convierte en una fuerza que se usa para controlar y dominar a otros. Un exceso de poder yang en una persona lleva a una estimulación excesiva del sistema nervioso simpático y una sobreproducción de las hormonas del estrés, lo que conduce a trabajar en exceso, provocando agotamiento y enfermedad crónica.

El poder yin por su parte es el poder de la expectación y la fe.  Usamos el poder yin para cambiar nuestra mentalidad o creencias, para ser más capaces de atraer lo que deseamos. El poder yin sabe cómo y cuándo esperar y refrenarse.  Sabe que a veces la mejor acción es no hacer nada.  La esencia del poder yin es saber que no se puede forzar un cultivo de ningún tipo sin comprometer su calidad y cantidad.  El poder yin es el poder del óvulo que envía una señal al espermatozoide y luego se sienta a esperar que este venga.  Es también el poder que hacer germinar la semilla en la oscuridad. El poder yin se asocia a la feminidad. Un exceso de poder yin es causa de pasividad y dependencia en la vida y en las relaciones. A menos que se equilibre con poder yang, puede llevar al letargo, falta de motivación e iniciativa, y estancamiento.

En lo que yo llamo poder femenino están integrados el yin y el yang.  Al evaluar mi vida he encontrado útil pensar que este poder está dividido en cinco facetas diferentes, todas interrelacionadas sin solución de continuidad.  Nuestra madre nos proporciona el andamiaje básico para saber usar las cinco facetas de poder en la vida.  Es nuestra tarea remodelar este andamiaje para adaptarlo a nuestra finalidad única del alma, examinando y poniendo al día nuestras creencias y comportamientos en cada aspecto.  

Christiane Northrup
Madres e Hijas, Sabiduría para una relación que dura toda la vida
P. 46


viernes, 6 de diciembre de 2013

De cesáreas y otras reflexiones

Ilustración de Tanya Torres

Una cesárea es un tipo de parto en el cual se practica una incisión quirúrgica en el abdomen y el útero de la madre para extraer uno o más bebés.  Suele practicarse cuando un parto vaginal podría conducir a complicaciones médicas para el bebé o la madre.  La Organización Mundial de la Salud recomienda que sólo debe hacerse una cesárea cuando el parto no se puede desarrollar de manera normal, lo que sucede en un 15% de los casos.  En Chile, sin embargo, la tasa de cesáreas ha incrementado tanto en los últimos años que alcanzamos casi el 50%, con lo que podríamos decir que de cada 10 mujeres embarazadas aproximadamente 5 tienen a su hijo mediante una cesárea.  Lo alarmante podría ser la evidencia que la mitad de los partos no puede desarrollarse de forma normal en Chile ¿qué está pasando con la salud de nosotras las mujeres entonces? ¿o de frentón estamos abusando de este procedimiento?


Si bien estoy muy de acuerdo con que las cesáreas salvan vidas y que han contribuido enormemente en la salud de la humanidad, estoy muy en desacuerdo en abusar de este tipo de procedimiento, que siempre debería estar para servir a la salud de las mujeres y a sus hijos.  Este procedimiento y su abuso –porque considero las altas tasas son un mero abuso, no creo que las mujeres en estos últimos tiempos seamos menos sanas y no podamos parir en forma natural-  en ningún caso debe ser utilizada para ajustar mejor las agendas de médicos y conveniencias de otros actores que hoy en día intervienen en los partos en la mayoría de maternidades.  Porque en este punto hay que ser francos, el nacimiento de los seres humanos hoy en día se ha convertido en un mero trámite y en un negocio redondo para muchos. 

También es necesario observar cual es nuestra concepción acerca de la vida humana. Las noticias que nos alimentan como pan de cada día vociferan la muerte de miles de personas, de maltratos a cualquier ser como si fuera la normalidad, con ello el sentido de la vida se nos ha banalizado, una vida es algo trivial, cómo no! si almorzamos sin inmutarnos mientras hablan de un asesinato!  La sexualidad humana se vende en el escaparate de una forma exacerbada y aberrante.  Lo que debiera ser sagrado -como la vida, la creación de la vida e incluso la muerte-, hoy se nos presenta como lo más vulgar y corriente. 

Así, poco a poco hemos desvalorizado la llegada de un nuevo ser humano a este mundo, lo cual hoy vemos como un mero trámite que cumplir.  En este punto, la cesárea se nos presenta como una oportunidad fantástica para poder controlar la serie de trámites que vamos cumpliendo dentro de nuestro ciclo vital: estudio, trabajo, etc. Nuestro éxito se va midiendo en el alcance de varios aspectos.  Y ya que controlamos nuestra natalidad,  por qué no controlaríamos el nacimiento de un hijo?   Entonces es fantástico, pues nuestra vida se ve como una perfecta agenda, ordenadita,  en la cual tenemos todo bajo control.  Y claro, luego de un embarazo que debe durar exactamente 40 semanas, la cesárea nos dicta el día exacto desde los meses exactos a partir de cuándo podremos “retomar” nuestra vida normal, los ejercicios para recuperar la silueta y para apurar nuestra normalidad podemos incluso optar por otra cirugía, si si!! Las cirugías lo arreglan todo!

Por otro lado, una cesárea es factible realizarla dentro de los horarios de oficinas en las clínicas y hospital, es más fácil para los médicos y si  ellos tienen algún seminario importante o las soñadas vacaciones, pues los nacimientos de los seres humanos que atienden pueden ser perfectamente adelantados y ajustados a su agenda para que así la señora se atienda conmigo y con ningún otro médico.  Y si la señora insiste que quiere un parto vaginal bien conduzco e induzco para apurar el proceso o bien le digo que los latidos de su bebé comienzan a bajar y así ella junto al padre de la criatura, ambos con cara de espanto, imploran que se haga la cirugía.  Es fácil. Pareciera que un nacimiento es cuestión de ajuste de agendas varias!

En ambos casos será que el parto de una mujer sana con un bebé sano no es viable que se produzca de una forma natural? Será que lo natural es que ahora controlemos todo?

La semana pasada Relacahupan o la Red latinoamericana y del Caribe por la humanización del parto y el nacimiento ha lanzado una estupenda campaña para evitar las cesáreas innecesarias.  Para mi sorpresa, contrario del deleite por esta campaña puede causar en las mujeres ya que se apela a la salud de nuestros partos, he sido testigo de cómo aparecen inmediatamente las resistencias y la defensa de esta intervención quirúrgica como un punto más a enarbolar de lo que llamamos la “libertad femenina” de elegir y de hacernos “más fácil” la “difícil” vida que nos ha tocado (como si fuera una maldición) por ser madres.  Si bien considero que nuestra cultura -y no 'el dolor' del parto- nos hace efectivamente más difícil la vida por ser madres con un sistema inhumano en general en lo económico, laboral y social, observo con mucha pena que las mujeres pensemos efectivamente que la cesárea “nos hace más libres”.  Las escenas que he descrito anteriormente, lejos de ser una idea irónica en la actualidad, son instancias que cubren los afanes cada día en las maternidades.

Asimismo, he visto muchas mujeres que se han sentido atacadas personalmente al escuchar información para evitar las cesáreas innecesarias, imagino se sienten identificadas al haber tenido una cesárea. Yo insisto que las cesáreas en muchos de los casos –no en todos- además de rajarnos el útero, nos raja un poco la autoestima.  Y me pregunto yo ¿cómo poder saber si,  luego de una extenuante labor de parto me dicen que el bebé no se encajó y que sus latidos bajan, puedo seguir o lo mejor es una cesárea? ¿Cómo reacciono si un médico me dice que mi hijo es “grande” y que su cabeza no pasará por mi vagina, y que entonces es mejor programar una cesárea porque si no me tendrá que rajar el periné de forma horrible? Las mujeres estamos en serias desventajas ante estas claras amenazas tremebundas que nos lanzan, y a la hora de elegir obviamente nuestra opción será desesperada y querremos el menor riesgo.  Obviamente tomaremos el camino que se nos induce y que para todos es el más fácil: una cesárea.  Frente a la eminencia de la medicina, una mujer embarazada y en labor de parto, en un momento totalmente vulnerable, no puede tomar mayores decisiones y debe confiar en quien tiene al frente.  Entonces, a lo que debemos apelar para evitar las cesáreas innecesarias además es a la ética de los profesionales de salud.  Si hemos tenido una cesárea innecesaria será difícil reconocerlo porque de seguro ha sido perfectamente justificada –aunque la intuición femenina perfectamente lo sabrá-.  Una vez más las mujeres que se sienten culpables y responsables y los bebés, ambos en desventaja y subvalorados.


El tema de las cesáreas en nuestra salud tiene mucho más para reflexionar.  Ya es un paso que las mujeres podamos informarnos previamente a nuestro parto.  Hacer visible y consciente la plaga de protocolos médicos que tacharon nuestra humanidad en aquel momento tan sensible de nuestro parto también es un proceso que debemos hacer de forma honesta y valiente. Solo de esta forma las rígidas instituciones, los procedimientos arcaicos, las éticas deformes, egocéntricas y a conveniencia podrán hundirse de una vez por todas. Y por supuesto, agradecer en el alma las cesáreas que nos ayudan a salvar vidas y tener la conciencia de que éstas pueden ser un procedimiento más amoroso, respetado, contenido y comprendido.  Estoy segura que se puede lograr.




Recomendaciones: 


Chile, país de cesáreas de Gonzalo Leiva





miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mirándome al espejo y entendiendo mis puerperios



Me miro al espejo.   Gabriel acaba de cumplir 2 años y con ello vamos dejando atrás sus primeros días de vida.  Miro a Manuel que tiene 7 años y percibo su profundidad y la proyección llena de vida que tienen sus ojos.  No recuerdo ya mi vida sin hijos, ni quiero recordarla, tampoco podría imaginarla ya.  El cambio de identidad de mi ser mujer a ser mujer-madre ha dejado sus huellas, y no hay mejor dicha para mí hoy que gozar de ello.  Me miro al espejo y recuerdo los primeros días de mis hijos con algo de nostalgia ¿hay algo mejor en la vida que tener en tus brazos y en tu pecho a ese ser recién nacido que te cambia la vida para siempre? ¿hay algo más trascendental que mirar un pequeño ser y mirarte al espejo al mismo tiempo?

El periodo de puerperio no es un tiempo fácil. Al menos para mí no lo fue. De hecho mi primer postparto fue algo caótico, un período en el que me costó entenderme.  Se abrieron puertas y los umbrales dejaron escapar todo lo guardado bajo siete llaves.  La erupción volcánica que ocurrió durante el parto, por más anestesiado que haya sido, no dejó piedra sobre piedra.  Me recuerdo con Manuel en brazos y la constante sensación de ir caminando sobre una cuerda floja.  Sentí la soledad absoluta en el camino y toda mi vida descarnada sobre mi cama, sobre mi ropa, sobre mi piel. La bebé que fui comenzaba a vivir su vida nuevamente. Ensimismada, recuerdo ver los ojos de Manuel cerrados durante el día en esa impasible estancia que me dio el vínculo más fuerte que había sentido conscientemente en mi vida.  En contraparte, la angustia sobre la noche y el llanto de mi bebé que no cesaba con nada.  Trataba de asirme de alguna estructura fuera esta horaria, temporal o racional, retomar mi vida.  ¿pero qué vida quería retomar? El desconsuelo me aprisionaba cada vez que pensaba que tendría que dejarlo para ir a trabajar.  No quería separarme jamás nunca de Manuel.  

Hoy se que su llanto era el mío, que se manifestaba a través de su ser, un llanto que nunca me permití en muchos años. Manuel lloraba y yo era un péndulo entre el amor más alto y la angustia más intensa. Días sin ducha. Mundos extraños acudían a mí, percepciones inexplicables más allá de mi razón corrían burlándose de mí.  Zozobra diaria y la sensación de no hacer nada bien.  No buscaba ayuda, pues yo no la necesitaba, tal como había aprendido a lo largo de mi vida.  El mundo emocional me poseía y el desequilibrio –según yo- era mi pan de cada día.  Creo que durante mi primer puerperio hace casi ocho años ya, se desataron a correr por doquier vivencias y penas mías.  Un gran espejo frente a mí.  Ahí en el llanto, en los días sin estructura, en el abismo sin tiempo, en el descontrol total de la vida, estaba yo atemorizada. Esto lo entiendo hoy.  En aquel momento fue más brumoso, de poca conciencia. ¿Qué fuera de una casa que jamás se abre, que no se limpia a menudo y en la que sus alfombras guardan polvo y secretos? ¿Qué sería de un hogar por el que el viento tiene caminos definidos sin el permiso de desviarse por debajo de los veladores y rincones? 

Mi identidad volvió a cambiar hace dos años. Ser mamá te cambia cada vez afortunadamente. Claro, cada ser humano que viene a este mundo es único e irrepetible. Con Gabriel tenía algo más de experiencia y algo más de conciencia.  Me dejé llevar. Guardé la razón, y quise sentir.  Abrí la puerta emocional tan machacada en este mundo sin tanto miedo esta vez.  Pero el miedo me volvió a arañar: la niña que fui lloró nuevamente en los umbrales, despertó en la noche llena de llanto por la soledad, una vez más el puerperio me tocaba nuevas teclas que advertían algún desamparo.  La lluvia de la desazón me cubrió y la sombría estancia una vez más me mostró sus telarañas.  Más detalles que trabajar y sanar. Me abracé, me sentí y me paré.  Abracé a mis padres y entendí la vida misma en sus brazos tejidos y en sus propios desamparos.  El viento comenzó a soplar y levantó el polvo de mi casa. Y los secretos volaron también. Corrí a abrir las ventanas. Despareció la senda y el viento voló libre por cualquier lado.  Una magia poderosa también despertó, y me guió a un mundo en el cual seguir creciendo.

Un par de niños juegan en mi casa y desbaratan todo por fortuna.  Tengo que limpiar a diario bajo los veladores y los rincones más intricados. Es un trabajo arduo e importante que implica dificultades y que me impone desafíos personales y emocionales que debo superar a diario. Una luz intensa recorre cada recoveco de mi hogar, de mi interior.  No quedan más adornitos antiguos en las mesitas de estar, se han roto todos.  Los sillones y las mesas han cambiado de lugar.  Aprendí a llorar aprendiendo y enfrentando, y hoy me levanto cualquier día sin tener o saber qué hacer y no me importa. No enmascaro mis temores y mis penas. Prohíbo que mi ímpetu no luche por lo que quiero y cumplo mis sueños en el intento por alcanzarlos.  Intento comprender lo que vivo a cada instante y la enseñanza que me deja hasta un plato de tallarines en el suelo.  Me miro al espejo y tengo compañía, dos pequeños maestros comiendo galletas y con los zapatos desabrochados me miran con sabiduría y sonriendo.  

El puerperio para toda mujer es una estancia que nos lleva a mundos interiores desconocidos.  Nuestro cerebro comienza a funcionar desde otra vereda para proteger a nuestra cría.  Se agudizan sentidos que antes dormían, y la sensibilidad sensorial es nuestro motor de protección.  Y es ahí donde podemos percibir aquellos otros mundos, aquellos que el mundo concreto y establecido llama locura.  Durante esta estancia es necesario procurar entender que el descanso, las pausas, lo lento, las sombras, el miedo, la inseguridad, el dolor no son valores negativos como nos lo han hecho creer, si no todo lo contrario, son aspectos que en nuestra gran acuarela nos hacen apreciar los claroscuros de la vida, nos muestran nuestros límites, nos señalan las heridas y todo lo que hay que sanar.  Aprendamos a pintar nuestra vida, aceptemos que necesitamos la ayuda de otros y  mirémonos al espejo sin miedo.

“Una puerta más que hay que abrir a golpes
hoy me siento muy bien conmigo
hoy quisiera tener testigos
que divulguen que hay alguien perdido encontrándose,
encontrándose
... 
Miguel Mateos




martes, 29 de octubre de 2013

Me empelota la violencia contra la mujer



Hace algunos días llegó a una esquina de una de las avenidas principales de Santiago y veo un inmenso cartel que propone una campaña del gobierno para frenar la violencia contra la mujer.  Grandes letras anuncian ‘Me empelota la violencia contra la mujer’ y a su lado aparece una mujer que trabaja en televisión “en pelotas” o desnuda.  Aplaudo la iniciativa de la campaña, pero no puedo tragármela así sin dejar de cuestionar la propuesta en general y en especial de la fotografía. 

Es un hecho que los desnudos en la publicidad cumplan con el ser el gancho más fácil y simple de llamar la atención.  Y aunque en esta campaña aparezcan hombres y hasta una ministra algo mayor sin ropa, creo que me vuelve a empelotar  la violencia misma que implica que una mujer tenga que llamar la atención con su desnudo. Aunque lo queramos maquillar de artístico o justifiquemos que también salen hombres o mujeres ‘mayores’. Y no es que esté en contra de una campaña contra de estas características, de hecho considero que toda campaña y esfuerzo que se haga para evitar la violencia son elementos altamente necesarios e importantes en nuestra sociedad.

La mujer que aparece en una de las fotos de la campaña sale en algún programa de televisión y lógicamente es muy guapa (o eso es lo que tenemos en nuestro imaginario). Dada las características de nuestra cultura, para llegar a ser catalogada de ‘muy guapa’ ha tenido que ‘mostrar’ sin duda su cuerpo, y en este caso su cuerpo desnudo viene a decirnos que miremos el cartel porque ella está ahí así.  Además hay un slogan que dice que a ella le molesta o ‘empelota’ la violencia contra la mujer.  En este punto, no me parece nada más violento que nosotras las mujeres tengamos que seguir ‘mostrando’ nuestro cuerpo desnudo o no (y estilizado), para poder demostrarle al mundo que somos guapas, que somos atractivas, que somos exitosas, que somos alguien, para atraer.  El culto al cuerpo femenino redondeado en ciertas partes y huesudos en otras es el pan de cada día, y es el parámetro de belleza que pocas de nosotras podremos alcanzar.  Ese mismo culto es el que nos lleva a la desaforada búsqueda de la etiqueta de ser bellas y jóvenes, y atractivas de un modo sexual.  ¿No es acaso violento que siempre las mujeres tengamos que estar complaciendo con nuestro cuerpo al resto del mundo?  Y en este punto es una complacencia meramente sexual orientada siempre al único leit motiv de nuestra cultura (y sobre todo en la parte publicitaria): el coito. 

Estoy convencida de que no hay peor violencia hacia la mujer que la que está soterrada en cualquier aspecto de nuestra cultura y que nosotras mismas llevamos como ‘algo normal’. El sistema que nos rodea promueve en gran parte la idea de que nuestros cuerpos –que tienen que ser jóvenes, esbeltos y hermosos-  son para complacer al resto, y que ese objetivo es prácticamente el único objetivo digno  aceptable de alcanzar.  Y no es que yo esté en contra de un cuerpo desnudo o de los desnudos artísticos como podríamos justificar este caso.  Lo que me empelota es que la mayoría de publicidad siempre trata de persuadir por medio de la promesas que las mujeres debemos hacer con nuestro cuerpo desnudo, por más solapado o más maquillado que quieran poner el mensaje para la ‘venta’ del producto y que esto sea tomado como algo totalmente normal. ¿Por qué siempre tenemos que emitir el mensaje mostrando partes del cuerpo desnudo? Seguir mostrando una mujer desnuda para promover la no violencia contra la mujer me parece que es seguir acentuando tristemente el mensaje sexual que emite cualquier publicidad hoy en día de la forma burda que tienen nuestros lugares comunes publicitarios.  Seguimos mostrando nuestra parte más hipócrita y contradictoria apelando una vez más a llamar la atención con el gancho más simple.   


Toda iniciativa que promueva sinceramente la no violencia contra la mujer es loable.  Sin embargo, antes de llegar y presentar el anzuelo tan burdo y tan violento como mostrar a una mujer desnuda en algún anuncio, deberíamos también plantearnos una reflexión profunda acerca de qué es lo que consideramos como violencia contra la mujer.  Seguimos viviendo en un sistema profundamente machista, con estructuras patriarcales intensamente remarcadas, en la cual la violencia contra la mujer está presente no solo en la relación de pareja o en lo doméstico. 

El maltrato hacia la mujer está implícito y explícito en cada mensaje que recibimos en la publicidad al mostrar mujeres y sus partes seductoras para vender cualquier cosa; en los medios que promueven los estereotipos a seguir de ‘mujeres perfectas e ideales’; en los sistemas laborales que castigan la maternidad y procesos femeninos naturales; en los sistemas sociales implacables con las exigencias que nos hacen como mujeres; en los sistemas económicos elitistas en los que la desigualdad entre hombres y mujeres es innegable; en la visión adultocéntrica y androcéntrica que nos envuelve; en las etiquetas y en las exigencias que nos alimentan como niñas, jóvenes, mujeres, madres, abuelas día a día.  Creo que nuestra creatividad publicitaria puede llevarnos a todos a pensar y reflexionar más allá de lo evidente. Eso sería promover un poco más el cuestionamiento de lo que es violencia contra la mujer, y con ello se podría hacer más en todos los ámbitos de nuestra cultura y nuestra forma de pensar, propiciando hechos concretos que promuevan la tolerancia, la empatía, la comprensión del ser humano en una forma íntegra y con ello fomentaríamos la no violencia en general y sobre todo la no violencia contra las mujeres.

Para que sigamos reflexionando no puedo dejar de citar las palabras de Clarissa Pinkola Estes “Una mujer no puede hacer más consciente su cultura diciendo ‘cambio’.  Sin embargo, ella si puede cambiar su propia actitud en relación hacia ella misma, disminuyendo de este modo las proyecciones que miran hacia afuera.  Una mujer consigue esto recuperando su cuerpo. Lo consigue no abandonando el gozo de su cuerpo natural,  no comprando la ilusión popular de que la felicidad solamente se otorga a aquellas con cierta configuración o edad, no esperando o reprimiéndose de hacer cualquier cosa, no dejando de retomar su vida real, y viviendo a plenitud, dejando fluir todo.  Esta dinámica de auto aceptación y auto estima es lo que empieza por cambiar las actitudes en una cultura”.

Tomemos conciencia. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

El puerperio en el siglo XXI

Ilustración de Jazmin Varela


He estado un poco atareada este último tiempo, con muchos proyectos y con una infinidad de cambios.  Gabriel pronto cumplirá 2 años y con esto  estaría yo terminando mi puerperio, si este dura efectivamente 2 años como dice Laura Gutman.  Mi niño está muy grande y no puedo dejar de sentir algo de nostalgia por ir dejando atrás esa fusión emocional intensa de los primeros días. Pero también van abriéndose nuevos caminos y nuevos desafíos, y siento que la transformación que ocurre durante el puerperio puede seguir su curso y crecer. 

A continuación les dejo un texto de Laura Gutman acerca del puerperio que las mujeres enfrentamos hoy en día.   Reflexiones importantes a la hora de tomar conciencia de que los que nos pasa cuando nacen nuestros hijos son sensaciones y vivencias que vivimos en soledad, pero que les ocurren a todas las mujeres del siglo XXI.  Interesante! 

El puerperio en el siglo XXI

El puerperio es considerado usualmente como un período de desequilibrio para la mujer que dura alrededor de 40 días después del parto, tiempo que fue estipulado -ya no sabemos por quién ni para quién- y que responde a una histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.

Personalmente, considero que el puerperio, en realidad es el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una diferencia evidente entre el caos de los primeros días, la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas o el vínculo con un bebé que ya camina.

Estos dos años tienen que ver con el período de completa “fusión emocional” entre la madre y el bebé, es decir, con la sensación de la madre de vivir dentro de las percepciones y experiencias del bebé, sintiéndose “desdoblada física y emocionalmente”. ¿Por qué dos años? Es posible reconocer en el niño el lento despegue de la fusión emocional, alrededor de los dos años de edad, cuando puede empezar a nombrarse a sí mismo como un ser separado, cuando puede decir “yo”. La madre vive una situación análoga, pero sin tanta consciencia. De hecho, alrededor de los dos años del niño, toda madre también recupera ese “ahora soy yo misma”, sintiendo deseos genuinos de “volver a ser la de antes”, con intereses y proyectos que no incluyen necesariamente al niño.

Mi intención, por lo tanto, es que reflexionemos sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. Se trata de abordar la cualidad invisible del puerperio, el sub-mundo femenino, los campos emocionales, lo que nos sucede aunque no lo podamos abordar con palabras concretas.

Básicamente quiero recalcar que las mujeres merecemos obtener cuidados, comprensión, aceptación y protección, traduciendo de este modo que lo que nos pasa internamente, “es correcto” y no hay nada diferente que tendría que suceder. Con un bebé en brazos, habiendo atravesado un parto, en plena desestructuración emocional, bajo los efectos de la pérdida de nuestra identidad; lo menos que podemos anhelar es estar desorientadas. Por eso necesitamos acompañamiento y permisos para aprender a navegar el puerperio que viene en formato invisible, sin bordes, sin horarios, sin lógica y sin razón.

En sociedades donde las mujeres se hacían cargo comunitariamente de la crianza de los niños mientras los hombres se ocupaban enteramente de procurar el alimento, el puerperio funcionaba como un tiempo de reposo y de atención exclusiva para el recién nacido. No había apuro para abandonar ese estado de entrega y silencio, de leche y fluidos.

Nuestra realidad social es otra. Vivimos en familias nucleares, en departamentos pequeños, a veces alejados de nuestras familias primarias y en ciudades donde no es tan fácil reemplazar a una comunidad de mujeres que alivian las tareas domésticas y construyen una red invisible de apoyo. Sin embargo todas las puérperas necesitamos esa red para no desmoronarnos a causa de las heridas físicas y emocionales que nos dejó el parto. Por otra parte, es evidente que 40 días es demasiado poco para recuperarnos, sobre todo cuando no hay nadie defendiendo las necesidades impostergables de la díada mamá-bebé, no hay una comunidad femenina para cuidarnos y además la mayoría de las mujeres somos expulsadas tempranamente al trabajo.

El panorama es desalentador para las mujeres modernas y urbanas, aunque pensemos que esto hace parte de la liberación femenina: en realidad no hay verdadera elección, casi nadie está en condiciones de decidir cuánto tiempo necesita quedarse con el bebé y cuándo es el momento adecuado para cada una para reincorporarse a la vida laboral. Y esto no está sólo pautado por las necesidades económicas, muchas veces reales. Sino sobre todo por una identidad construida casi integralmente en el ámbito del desarrollo laboral, y por lo dificultoso que resulta quedarnos sin referentes en el terreno de las emociones, la conexión con la interioridad, el contacto corporal, el tiempo fuera del tiempo y prácticamente nadie para acompañarnos en esta expulsión de hecho de la vida “normal”.

Por eso sería pertinente ofrecer información realista con respecto a las sorpresas que nos depara el puerperio a varones y mujeres. Tenemos que difundir con mayor precisión los conceptos sobre la naturaleza de la fusión emocional entre la madre y el recién nacido, sobre las necesidades específicas de una mujer puérpera y sobre los cuidados indispensables que debe recibir. De esta manera cada pareja podrá determinar si está en condiciones de generar el cuidado necesario tanto para la madre como para el bebé, o si necesitan buscar fuera del núcleo familiar ayudas complementarias.

A las mujeres nos corresponde también encontrar nuevas maneras de integrar nuestro propio desarrollo personal y la maternidad, de un modo que sea saludable, acorde a los tiempos que vivimos, pero sobre todo, completamente honesto con nuestro ser esencial.


Laura Gutman

jueves, 5 de septiembre de 2013

Una verdadera bendición: Entendiendo el poder de la menstruación

Soy traductora de profesión y hoy he vuelto a recordar lo apasionante que puede ser la actividad de traducir, sobre todo en temas que son para mi muy importantes.  A continuación les dejo un texto importante que encontré de Alexandra Pope, una psicoterapeuta australiana considerada un referente mundial en salud femenina basada en un profundo conocimiento del ciclo menstrual. Es autora de “The wild genie” sobre el poder curativo de la  menstruación, co-autora de  “The Pill: Are you sure it´s for you? (La píldora: ¿estás segura que es para ti?) en el que aborda los mitos de la contracepción y explica los riesgos y desventajas de la píldora anticonceptiva y otros métodos hormonales.
Que lo disfruten!



Una verdadera bendición: Entendiendo el poder de la menstruación
Por Alexandra Pope, 2002
Traducción: Paulina Martínez Puebla

El ciclo menstrual, el barómetro sensible al estrés en una mujer, es un sistema altamente sofisticado para medir/sentir el bienestar físico y psicológico.  La menstruación es un momento iniciático.  Las mujeres pueden potencialmente tener una apertura hacia un estado de conciencia alterado muy intenso, otorgándoles una especie singular de poder, el poder que entrega la autoconciencia, el sentimiento profundo, la sabiduría interna, la intuición.  Un poder que va madurando con el pasar de cada ciclo menstrual. 

A muchas mujeres puede sonarles extraño hablar del ciclo menstrual y de la menstruación como algo tan útil y poderoso, más allá de la potencialidad que tiene para concebir bebés.  Esto no es sorprendente.  Por mucho tiempo, las mujeres hemos sido oprimidas y reducidas en relación a nuestro cuerpo. Si reflexionamos un poco, caemos en cuenta de que para crecer profesionalmente tenemos que negar la vida que acompaña a nuestros úteros y silenciar nuestra autoridad emocional interna por el miedo a que se nos catalogue como una ‘pérdida’ o una persona ‘no racional’, en otras palabras, que se nos etiquete como ‘no inteligentes’.  La palabra ‘hysteria’ viene de la palabra útero en griego, hustera.  Nuestros úteros fueron vistos como órganos inestables, haciéndonos a nosotras inestables.  Y a pesar de que la ciencia médica ha avanzado en aquellas nociones que datan aproximadamente desde el siglo XV, en la actualidad todavía perdura la sensación de que las mujeres somos seres esencialmente impredecibles y no confiables debido a su ciclo menstrual. 

No es de extrañarse que las mujeres tengan mucho cuidado a la hora de expresar alguna facultad que no provenga del intelecto.  Es decir, una facultad que provenga desde su saber interno, desde la plenitud de los sentidos y de la naturaleza sensual.  Las emociones han ganado algo de valor desde hace algunos años atrás.  Hace muy poco el concepto de inteligencia emocional saltó a la palestra, y solo ahora que la Ciencia (lo masculino) descubrió grandes evidencias  es que las Emociones (lo femenino) han podido ganar respeto! 

Tomará todavía algún tiempo para que seamos capaces de iniciar nuevamente nuestra apertura hacia la experiencia plena disponible para nosotras durante la menstruación.  Primeramente, es importante reconocer que los ciclos son prácticamente la base de la vida. Los ciclos son medios a través de los cuales la naturaleza y los humanos se regeneran.  Ir en contra de ellos es una receta segura para el desastre.  El atender a los ciclos nos aporta riqueza y conexión con la vida.  Las mujeres que medican su ciclo menstrual por medio de la Píldora están en peligro no solo de dañar su salud física, sino que también están en riesgo de castrar las profundidades de su naturaleza interna.  Hay algo que nunca se sentirá completo. 

Las tendencias en la fase ovulatoria del ciclo están más focalizadas en lo externo, lo lineal, en la parte izquierda del cerebro, con sentimientos de claridad (estabilidad emocional) y sensación de productividad, con toda la energía para otros.

A medida que entramos en la fase menstrual del ciclo, las mujeres tendemos a volvernos más focalizadas en lo interno.  La transición a este estado interior está frecuentemente marcada por sentimientos de irritabilidad, ira, agobio, mayor ensoñación y vaguedad.  A menudo percibimos a la gente a nuestro alrededor como irritantes. Los opuestos se amplifican.  Por ejemplo, puedes sentirte impulsada o con mucha energía en un momento y luego inmediatamente sentir exactamente lo opuesto, volviéndote a la deriva y entrar en ensoñación.  Un sentimiento de intencionalidad puede alejarse para ser reemplazado por un cuestionamiento acerca de la vida.  Esto también puede tomar forma de crítica o cuestionamiento hacia uno mismo o hacia otros, o llegar incluso a una simple depresión.  Igualmente, también hay momentos de expansión e incluso de paz (si no estás tan ocupada o sobrecargada), sentimientos de apasionamiento, intuición aguda, habilidad psíquica, y mayor intensidad de los sueños.  La característica dominante de esta fase es la sensibilidad.  Nos volvemos más permeables tanto hacia nuestro interior como hacia el mundo externo.

Irónicamente, el poder de la menstruación proviene desde un aspecto que usualmente condenamos en nosotras mismas hoy en día: esta aguda sensibilidad, la cual es una apertura maravillosa al sentimiento y al espíritu.  Si pudiéramos vivir esta apertura con una gran aceptación, experimentaríamos la iluminación y sabiduría interna impregnando la totalidad de nuestra vida.  Nuestros sentimientos profundos son ellos mismo una inteligencia impresionante, una forma de saber, a veces profética que va más allá de las realidades superficiales.  Sin nuestra capacidad de sentir profundamente y con claridad, incluyendo el percibir lo sentimientos “negativos”, la vida carecería de significado e intimidad, de éxtasis y felicidad.  

La sensibilidad se extiende más allá de la superficie de nuestra alma, animándonos a examinarnos y desafiándonos a nosotras mismas y al mundo en el que vivimos.  Si los objetivos se perciben demasiado abrumadores y la sensibilidad durante la menstruación se vuelve muy agobiante, no debemos ni condenarnos nosotras mismas ni a la menstruación.  Eso sería como cerrarle la puerta al mensajero.  En lugar de ello debemos aprender a valorar y aprovechar el poder que viene desde nuestra gran apertura.  Es necesario crear un altar para las formas femeninas de conocer o percibir, aquellas que pueden rastrear un sentimiento, escuchar el instinto de las entrañas, notificar las sincronicidades, captar los flashes intuitivos y reconocer las conexiones entre todas las cosas.  El intelecto tiene un increíble alcance y sabiduría gracias a estas habilidades de conocimiento. 

Es mucho lo que se adormeció, amortiguó y aplanó en nuestra vida durante la era post industrial y de alta tecnología.  Solamente hay que ver la prisa con la que vivimos la mayoría de nosotros y la consecuente fatiga que ésta genera, las mismas que caracterizan de una forma triste nuestros sentidos y nuestro espíritu.  La menstruación es una vuelta al cuerpo y a la consiguiente revitalización de esos sentidos. Podemos encontrar muchas distracciones inevitables en la medida que “re entramos” o “re conectamos” y volvemos a despertar, metafóricamente  y literalmente, las terminaciones nerviosas.  Yo siento que mucha de la rabia y frustración premenstrual es una indignación del alma ante la cantidad de “falta de alma” que existe en la actualidad, inclusive en los entornos espirituales.  La vida de nuestros cuerpos sensuales, cuerpos de éxtasis, se ve erosionada fácilmente desde cualquier ángulo.  Sin la vivencia de nuestros “cuerpos”: la vitalidad de nuestros sentidos, el placer de nuestros ricos y complejos sentimientos, perdemos nuestra humanidad. 

En las tradiciones nativas Americanas se dice que la mujer re-sueña o vuelve a soñar el mundo cuando sangra.  La revitalización de todos sus sentidos le permite “ver” el mundo nuevamente con nuevos ojos.  Ella se ve privilegiada en ese momento de extraordinaria intimidad, con la particularidad de las cosas, como si ella estuviera sintiendo con todo su ser. Los momentos de epifanía, amplitud y visión son de ella.

La intensidad de la menstruación va a variar de mujer en mujer dependiendo de cada temperamento individual y disposición a cortejar la vida desde nuestros cuerpos. Todas tenemos nuestra propia forma de vivirlo.  Mientras las cualidades que describo son un determinado hecho, ya que vienen de manera espontánea, la tarea de una es darles espacio.  No se imaginen que pueden continuar de la misma forma que antes… trabajando, trabajando, trabajando.  La quietud, el silencio y la soledad así como el cuidado y el amor por ti misma son los aliados en este proceso.  Para algunas de ustedes puede ser un proceso más tranquilo y más sutil, para otras puede ser increíblemente intenso.  Muchos de nuestros síntomas son la parte sombría del no entendimiento de las fuerzas contra las que luchamos en ese momento del ciclo.  Aquellas que sufren menstrualmente cargan las ‘voces’ desposeídas de la menstruación de todas nosotras. 

Mensualmente una mujer tiene la oportunidad de cultivar la facultad interna de su cuerpo a través del ciclo menstrual.  Las enseñanzas de  los nativos Americanos establecen que en la menarquía la mujer entra en su poder, la mujer practica ese poder durante los años en que menstrúa y en la menopausia ella se vuelve ese poder.  El verdadero poder viene de nuestra capacidad de viajar tanto en los mundos internos como externos, para experimentar las profundidades emocionales y espirituales en conjunto con nuestra rigurosidad intelectual.  Esto es verdad para hombres y mujeres.  Las mujeres somos bendecidas con un proceso interno, el ciclo menstrual, que nos recuerda y apoya esas capacidades.  Este es un gran regalo.  Una verdadera bendición.

Ver el original en: http://www.wildgenie.com/articles_fs.html





jueves, 15 de agosto de 2013

Reflexiones acerca de nuestro Ciclo Menstrual



En mi caso, la maternidad trajo consigo sin duda alguna y sin derecho a negarse, la conexión profunda con mi propio cuerpo.  Solo cuando sentí que algo dentro mío era diferente, pude darme cuenta de lo desconectada que había vivido conmigo misma, con mi ser interno y con mi ser físico.  Solo cuando descubrí que yo llevaba otra vida dentro de mí, descubrí que mi vida era tan importante como la que llevaba en mi útero y más aún, descubrí que todo los esfuerzos que yo había hecho para habitar el mundo allá afuera, no servían de mucho, pues lo que yo siempre había necesitado era habitarme dentro, en armonía con quien yo verdaderamente era.

Entre los aspectos importantes que descubrí fue que mi ciclo menstrual era perfecto, que siempre había estado en mi cuerpo y al que yo nunca había dado tanta importancia, al contrario había casi siempre despreciado. Siempre había intentado hacerse oír, pero yo lo silenciaba.  Esta vez la ausencia de mi menstruación –esa tan temida ausencia otrora- había traído a mi vida una felicidad que encandilaba.  Mi menstruación no llegó porque se volvió nido. Este hecho tan sencillo y simple revestía en mí la culminación de un desconocido y acallado anhelo. Entonces entendí su importancia en mi cuerpo y en mi vida.

En una sociedad por excelencia masculina, donde los aspectos femeninos –sensibilidad, flexibilidad, variabilidad, etc.- se prefieren ocultar, es normal que la mayoría de las mujeres renegamos de nuestra condición menstrual.  Normalmente es una “lata” estar “indispuesta” y lo único que quieres es que aquellos 3 o 4 días pasen rápido, sin que se note allá afuera ni que se entere nadie. Salir airosa de esos días impertinentes es el único objetivo.  Los días de menstruación son un verdadero pesar.  Con esta actitud solo negamos nuestra identidad, contraemos el útero para que “no se note nada” y empieza el dolor: el dolor físico, emocional, etc.

Desafortunadamente, las mujeres no hemos sido educadas en conocernos a nosotras mismas, en conocer un aspecto femenino primordial y que nos define como mujeres: nuestra capacidad básica de ser madres y en general nuestra capacidad creadora. Estas capacidades nos la representa nuestro ciclo menstrual.  Este ciclo se divide en cuatro fases: preovulatoria, ovulatoria, premenstrual y menstrual. Cada una de estas fases trae consigo una serie de cambios corporales a nivel hormonal y de diferentes actitudes emocionales y mentales.  Estas actitudes son las que hoy en día nos traen tantas molestias debido a nuestra nula comprensión y tajante negación de lo que pasa en nuestro cuerpo.  Nos han enseñado a que ser mujeres, con todas sus irregularidades y cambios, es intolerable e importuno y de ahí la lucha eterna de parecernos cada vez más a un hombre estrictamente estable. 

En este punto vuelvo y rescato, si conocemos nuestro ciclo menstrual por fin nos entenderemos.  Si dejamos de lado al fin la lucha por esconder nuestra esencia femenina, entenderíamos por ejemplo, que este ciclo menstrual es un reloj perfecto que nos permite ser actrices e interpretar variados papeles en nuestra vida sin perder nuestra esencia. Podemos ser creativas, podemos crear, podemos retraernos, podemos descansar.  Tenemos todas esas posibilidades y más dentro de nuestro ciclo en aproximadamente un mes. Y se nos abren tantas posibilidades en nuestra vida entendiendo esto, dejamos de oponer resistencia, nos damos la oportunidad de conocernos, crecer, expandirnos, gestar, retrotraernos y renacer. Fluimos con la vida y dejamos de ver como una carga nuestro ser esencial.

Ha llegado la hora de poner fin a los tiempos en que la mujer vive escondiendo su estilo cambiante tratando de parecer estable. Ha llegado la hora de aceptarse hermana de la luna y comienza a ver con otros ojos como cambia a lo largo de su ciclo y disfruta con intensidad su luna nueva, su luna creciente, su plenilunio, su luna menguante.  Ha llegado la hora de poner fin a las enseñanzas culturales que amargamente nos enseñaron a ver nuestra menstruación –fase patente de nuestro ciclo menstrual-  con asco, pudor y vergüenza. Ha llegado la hora de reconectar con nuestros ciclos  que nos muestran el camino hacia el desarrollo de una nueva femineidad consciente.  Atenderlos es entrar definitivamente en nuestro cuerpo y habitarlo con gozo.  Tomemos consciencia de ello.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Lo bello de nutrir y amar


Para las que miraron con extrañeza la boca de su hijo en su pecho por primera vez..

Para las que lloraron de dolor en sus pezones…

Para las que sintieron mil agujas en los pechos…

Para las que sintieron la tensión y los pechos colmados…

Para las que sintieron desde sus axilas como una ola intensa las abrazaba..

Para las que vieron en la boca de su hijo vías lácteas amarillas, blancas y rojas..

Paras las que los primeros días entraron en un tiempo sin tiempo y estuvieron con el bebé día y noche al pecho…

Para las que sintieron que habían nacido solo para ello…

Para las que sintieron impotencia y desesperación esos momentos…

Para las que sintieron poco cobijo en la inmensidad de los pechos llenos y un niño llorando…

Para las que no sabían cómo enganchar a su hijo en su pecho para que siguiera alimentándose…

Para las que comenzaron a recibir consejos desafortunados…

Para las que recibieron diagnósticos desgarradores y se sintieron inútiles…

Para las que llorar y amamantar fue una constante…

Para las que tuvieron que enfrentar sus sentimientos con los cálculos pediátricos...

Para las que no tuvieron más remedio que creer que su leche era aguada, que no alimentaba…

Para las que no creyeron que su leche no alimentaba…

Para las que tuvieron que comprar una mamadera y leche en polvo con resignación y dolor…

Para las que compraron la mamadera y leche en polvo resueltas y seguras…

Para las que lucharon con los consejos y con tozudez siguieron con lo que les dictaba el corazón…

Para las que la lucha con los consejos fue demasiado cruenta y tiraron la toalla…

Para las que dieron teta por poco tiempo…

Para las que no dieron teta…

Para las que supieron conciliar entre los diagnósticos de bajo peso y mantuvieron una lactancia mixta…

Para las que dieron la lucha, y pronto se enfrentaron a su realidad laboral…

Para las que lloraron cuando tuvieron que volver a trabajar…

Para las que  sintieron desangrarse cuando su hijo no quería aceptar el chupete plástico mientras ellas trabajaban…

Para las que llegaban corriendo a casa por la tarde y ofrecían a su hijo sus pechos por horas durante la noche…

Para las que siguieron llorando en sus lactancias…

Para las que tuvieron que sacarse leche en un baño…

Para las que no pudieron sacarse leche en un baño…

Para las que dieron teta por las noches durante años…

Para las que después de años siguen dando teta…

Para las que no estuvieron embarazadas y alimentan a sus hijos con todo el amor que tienen en las entrañas…

Para las que han hecho caso omiso de las recomendaciones y los malos presagios para sus hijos por ser poco independientes…

Para las que no creen en las exigencias actuales de vanidad que sacramentan sus pechos…

Para las que no se asustan por los diagnósticos terribles en torno a su salud por seguir dando teta a sus hijos de 1 o 2 o 3 o 4 o 5 años o más…

Para las que se horrorizan por ver como otras amamantan pasados los 2 años…

Para las que han respetado sus tiempos y los de sus hijos y han destetado o mantenido la lactancia de acuerdo a los ritmos de la diada mamá-hijo…

Para las que destetaron por cansancio…

Para las que les dolió en el alma destetar por hacer caso a agentes externos…

Para las que destetaron y se sintieron felices…

Para las que destetaron y se sintieron tristes…

Para muchas más…

Lo bello es amar y admirar la naturaleza que sigue su curso en nuestro interior, en nuestro corazón, con su líquido lácteo y alegre inundando la boca de los niños.  Mujeres! ustedes han pasado por los mejores momentos de sus vidas, porque la vida misma les ha regalado la epifanía de ser madres, la suerte más grande que puede tener una mujer que ha decidido ser consciente del proceso maravilloso que es gestar y criar.

El nutrir un bebé es una experiencia iluminadora y que en los días que corren no es algo fácil, una experiencia única que nos permite desarrollar las más altas cualidades que podemos tener los seres humanos: la paciencia, la compasión, la tolerancia, el autoconocimiento y la capacidad de sanar, e ir más allá de nosotras mismas, de crecer.

Han tenido la oportunidad grandiosa de llenar por completo un espacio vacío que lleva el alma, y lo han hecho de la mejor forma, de acuerdo a las circunstancias y a lo que ha dictado su alma.  La nutrición más grande que pueden dar a sus hijos es la lactancia, sea esta física o energética,  una lactancia consciente que nutre no solo a  sus hijos, si no a ustedes mismas y al universo entero.  Las posibilidades de poder llenar físicamente los pechos de leche muchas veces, dada la poderosa corriente que nos lleva hacia el artificio hoy, es una lucha complicada.  Sin embargo, en la plenitud de nuestro sentimiento materno, la cascada láctea que llevamos dentro como mujeres y madres, se llama AMOR, y esa leche es totalmente a prueba de consejos, ideas preconcebidas, descalificaciones y condicionamientos.  Es esta plenitud, espléndida flor de amor, la que nos ha llevado a todas a amamantar de mil modos, de nutrirlos con afecto, alimento y calor.  Este tesoro escondido lo llevamos dentro generosamente colmando abundantemente corazones y alma, iluminando vidas como una verdadera lámpara láctea.


Y seguimos amando…