viernes, 12 de octubre de 2012

Reconociendo el cansancio


 Estoy cansada, debo reconocerlo.  El oficio de madre es uno de los más demandantes del planeta y hay que aceptarlo con madurez y conciencia o al menos intentarlo.  Llevo meses, años, analizando mi oficio de madre y sumergiéndome a diario con uno de los sentimientos más puros que mi alma ha logrado sentir.  Pero hoy debo aceptar mi cansancio, aceptar que el cuerpo físico y el emocional también me pasan la cuenta.  Mis dos rodillas operadas hace unos años, sin la falta del ejercicio diario que les propinaba hace unos meses atrás, hoy me gritan y hacen notar su existencia adolorida. Mi pelo va seco y despeinado por la vida, y no conozco ropa ordenada y limpia hace muchos.  Mis pantalones y blusas siempre tienen una mancha de leche, de sopa de espinacas, de galleta molida o de mocos.  Y en este punto específico y resalto: no es que estas características o condiciones de mi vida actual me molesten, no, no me molestan en lo más absoluto, he elegido ir por la vida así, con mis medallas.  Sin embargo, es necesario reconocer también que la demanda de una casa y la demanda de los hijos otorga cansancio a la persona que también uno es.


Tengo la convicción de que mi  cansancio viene desde mi más extrema y profunda autoexigencia.  Exigencia adquirida a lo largo de la infancia, cuando debí ser una niña buena, tranquila, obediente.  Siempre me esforcé por hacer todo perfecto, las mejores notas, el mejor puntaje, una buena universidad, y mediando cada acto emprendido en mi vida con un cuestionamiento intelectual. Siempre de por medio el neocortex. No por nada hoy cuestiono mi cansancio, y la culpa quizás por sentirlo.  Bendita manía esa de cuestionarlo todo y buscar en todo la quinta pata al gato.  Mi maternidad tan luchada desde mi oficina, y luego, luchada desde la casa misma, llena toda mi existencia, lo acepto, y mis esfuerzos para tener una mejor vida y por ende una mejor vida para mis hijos, son el pan de cada uno de mis días.  Pero todos los esfuerzos que hago a veces me cansan, y hoy estoy cansada, desbordada y desesperanzada.

Y no es cansancio de los niños, el cansancio viene del oficio mismo de ser madre y quizás por los propios límites naturales que uno tiene. Y como dice mi abuela: si uno se cansa es porque está viva.  Los niños siempre tienen sus cosas lindas, sus cosas complicadas por supuesto, pero ellos no me molestan.  El problema es enfrentar de mejor manera la demanda de cuerpo, de atención, de tolerancia, y hacerlo quizás siempre desde el punto de la empatía y el respeto hacia todos.  A veces uno se olvida de una misma, y ese sí que es un problema.  O sea yo no me he olvidado de mi misma, pero todas las cosas que quiero emprender, siempre llego a transarlas por recoger la ropa, o por terminar de lavar los platos, o por barrer.  Y eso que tengo una sagrada ayuda que me coopera durante algunos días con los quehaceres de la casa y me libra literal y rotundamente de que mi hogar se convierta en un vertedero.  Pero siempre transo.

Quizás tenga una retorcida costumbre de cumplir todas las cosas a perfección, y siento que hoy mi casa y su orden está lejos de ser perfecta,  aunque la felicidad que me da toda la vida que pasa por ella se materialice en el desorden. Quizás en mi fuero interno también sienta que no logro ser la madre que mis hijos se merecen, esa llena de tolerancia y que no grita jamás.  Pero si grito a veces. 

Vuelven a revolotear exigencias como mariposas negras alrededor mío, intentan sumirme en la pena interna que llevo como sombra.  Camino, decido reconocerlas y hablarles con la paciencia y serenidad que no tengo. Son crepúsculos naturales, van y vienen como días y noches en mi vida.

Decido alejarme concientemente de cualquier sentimiento de autocompasión y de victimización referente a mi condición.

Reconozco mi cansancio.       

El bebé ha despertado de su siesta,  se para incipiente en su cunita, y pese a la frustración que me causa no poder seguir escribiendo trato de ir mas allá de ella.  Miro sus ojos adormilados, y siempre, siempre su sonrisa me invita a un nuevo día.

lunes, 8 de octubre de 2012

Un grupo de mamás y papás en torno a la Crianza Consciente


“No dudes jamás de la capacidad de tan solo un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo.  De hecho siempre ha sido así” Margaret Mead

 



El día sábado 29 de septiembre tuve la suerte de poder asistir a mi primera reunión del Colectivo de Crianza Conciente, un grupo de padres y madres que han decidido crear una agrupación para compartir experiencias y crecer en torno a la crianza de los niños con amor y respeto.


En medio del Parque Forestal, en un ambiente distendido y repleto de niños y niñas jugando, nos reunimos y pronto las gotitas de lluvia nos obligaron a buscar un techo, el cual sin mayor problema nos cobijo en el Museo.  Ahí tuvimos el agrado de escuchar a Blanca García quien de forma muy explicativa nos habló de los conceptos básicos que guían la crianza con apego.  Y luego tuvimos una ronda de preguntas y cada uno de nosotros pudo expresar cada sentimiento e inquietud de por qué estábamos ahí.

Para mí era la primera vez que asistía a una reunión así, con más padres que perciben  que la crianza debe ser con amor y respeto hacia los niños. Sentí un ambiente relajado, con mucha avidez por conocer más padres en las mismas andanzas, por conversar, por compartir experiencias acerca de nuestros hijos, de nosotros mismos.  Sentí un grupo de padres comprometidos, concientes de que aquella labor que uno emprende cuando llegan los hijos es un continuo aprendizaje, lleno de sorpresas, bendiciones y desafíos.  Sentí mucha energía apuntando hacia la conciencia, hacía seguir nuestro aprendizaje como padres con el afán sin más de hacer felices a nuestros hijos.

Me gusta mucho las palabras que dice Margaret Mead y que pongo hoy como epígrafe, considero que hoy, grupos como éste deben proliferar y germinar, pues es imperativo para nuestra sociedad el replantearnos como seres humanos hacia donde va este mundo, el mismo que se encuentra tan bombardeado con desgracias e infelicidad.  Y quién quiere un mundo así? Considero que ningún padre quiere un mundo así para sus hijos. Entonces, quién más que yo madre y/o padre, con confianza interior, puedo ir labrando mejores surcos, mejores sendas para ellos nuestros hijos, nuestras semillas? Quién más que el amor que sentimos libre y genuino, puede ir regando esas semillas que hoy dejamos que nazcan y germinen lentamente a su ritmo? Quien más que el respeto por el verdadero compás del crecimiento de esas semillas que van integrándose a este mundo? La verdadera sinfonía que deviene gracias a todos los esfuerzos que hacemos por ser nosotros mismos seres mejores es la música que nos ayudará a moldear y acoger de mejor forma a esas plantitas y flores hermosas. Quien más que nosotros, las madres y los padres de este mundo, podemos cambiarlo a punta de conciencia, amor y fe?

Un grupo de ciudadanos que tiene la virtud de recoger algo tan esencial como lo es el amor hacia todos los niños, es un colectivo que comienza a diseminar y expandir el poder del amor, dejando de lado los falsos mitos que recogen lo que es la “ansiada felicidad”.  Un grupo de madres y padres que ha tomado conciencia que lo esencial es el sentimiento y las ganas de luchar por un mundo mejor, es un grupo de ciudadanos que ha decidido cosechar la esperanza de una sociedad más feliz en armonía con una vida más honesta y más franca con la humanidad entera. 

Que nos paremos como verdaderos habitantes de esta tierra,  como ciudadanos del mundo, para seguir en busca de más fuerza, que nos permita compartir con otros padres  las experiencias y así nuestros hijos puedan pisar, vivir y soñar con un mundo mas honesto, más sincero y más feliz, depende de nosotros, de nuestras ganas y voluntad. Este colectivo tiene estas cualidades de sobra.

A seguir caminando! Con humildad y ejemplo!

Si quieres saber más del colectivo puedes verlo aquí.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Mistral, la maternidad y el nuevo feminismo: una breve mirada actual




Un tiempo atrás llegó a mí un libro de escritos políticos de Gabriela Mistral.  Llegó a mi en un momento clave: debía volver al sistema laboral luego del nacimiento de mi segundo hijo.  Ya había pasado anteriormente por ese momento al dejar a Manuel con apenas 6 meses y cumplir con “mis obligaciones” laborales, y mi experiencia había sido nefasta al ir en contra de lo que dictaban mis entrañas.  Leí aquellas palabras de la Mistral con un nudo en la garganta, mientras en la tele anunciaban el balance estadístico en torno al postnatal de cinco meses y medio.  Que distinto sería el cuadro de una mujer y su hijo recién nacido si lo que hacen los planes para regular las leyes laborales en torno a la mujer y trabajo  leyeran este tipo de libros e ideas.

Y pensé: quien más que una sensibilidad de poetisa tan visionaria para comprender los tejidos que bordan las venas nuestras de mujeres-madres.  Quien más que Gabriela Mistral para ilustrar y destacar una virtud que comenzó a ser tan vilipendiada algunas décadas atrás en nombre de la igualdad. Quien más que la misma poesía para defender y encarar lo que ya desde ese tiempo se veía venir como una hecatombe para nuestra humanidad: el ingreso de la mujer al trabajo sin pensar en lo esencial de ella (y de la sociedad): los hijos.

La expresión del instinto maternal en la obra de Mistral es un hilo conductor que va enfocando la maternidad como la más grande vocación a la que una mujer podía optar y lograr.  Gabriela, en muchos de sus escritos políticos, manifestó su oposición férreamente al feminismo de la época, que pugnaba por la “igualdad de sexos” a costa de lo que fuera y defendió la maternidad y la dignidad de la mujer antes que cualquier cosa.  

“La mujer ha hecho su entrada en cada una de las faenas humanas.  Según las feministas, se trata de un momento triunfal, de un desagravio, tardío, pero notable.  No hay para mí tal entrada de vencedor romano.    La brutalidad de la fábrica se ha abierto para la mujer, la fealdad de algunos oficios, sencillamente viles, ha incorporado a sus sindicatos a la mujer; profesiones sin entraña espiritual, de puro agio feo, han cogido en su viscosa tembladera a la mujer.   Antes de celebrar la apertura de las puertas, era preciso haber examinado qué puertas se abrían, y antes de poner el pie en el universo nueva de las actividades mujeriles había que haber mirado hacia el que se abandonaba.”

“La mujer es la primera culpable: ella ha querido ser incorporada, no importa a qué, ser tomada en cuenta en toda oficina de trabajo donde el dueño era el hombre, y que por ser dominio inédito para ella, le parecía un palacio de cuento.  No puede negarse que su inclusión en cada uno de los oficios ha sido rápida.  Es el vértigo con que se rueda por un despeñadero.  Ya tenemos a la mujer médico (¡alabado sea este ingreso!); pero frente a esto tenemos a la mujer chofer, frente a la abogada de niños, está la carrilana (obrera para limpiar las vías); frente a la profesora de la universidad, la obrera de explosivos y a la infeliz vendedora ambulante de periódicos o a la conductora de tranvía.  Es decir, hemos entrado a la vez a las profesiones ilustres y a los oficios más infames o desventurados”

Mistral propuso en su tiempo una nueva organización del trabajo, pues consideraba (lo que es obvio) que los hombres y las mujeres no eran iguales.  Y a la mujer siempre la consideró desde su ser innato y su maternidad y siempre cerca de sus hijos, proponiendo que sus profesiones naturales siempre debían ser alguna actividad con niños o cuidado de enfermos o en la artesanía, pues la naturaleza femenina siempre está orientada hacia el calor del hogar. 

“Mientras el oficio femenino está regido como por una columna tutelar por el niño, mientras se mantiene vuelta hacia él, mientras se desarrolla a su sombra sana ese oficio aparece con la dignidad que tiene cada cosa desarrollada en su zona.  Mirarlo cumplirse no inquieta, ni repugna, ni irrita.”

“(…) Pero sube una ola de sangre cuando se ve a la chofer (…)hacer la espera de su cliente hasta la madrugada, con una temperatura bajo cero; repugna la Brunilda con uniforme de altas botas y pantalones sudosos, después de una marcha forzada, que están ensayando en la nueva Rusia; e irrita como una barbarie tártara ese grupo de limpiadoras de vía férrea que da cuenta un periódico de mi provincia, dobladas como animales en el sol de castigo de la serranía de Illapel.” 

En sus escritos políticos, Mistral es tajante también a la hora de hablar del cuidado de los niños.  Ya en 1928 propone una serie de derechos para los niños, entre ellos, una vez más defendiendo acérrimamente, el derecho del niño a permanecer con su madre. 

"Derecho del niño a la educación maternal, a la madre presente, que no debe serle arrebatada por la fábrica o por la prostitución a causa de la miseria. Derecho a la madre a lo largo de la infancia, a su ojo vigilante, que la piedad vuelve sobrenatural, a su ímpetu de sacrificio que no ha sido equiparado ni por el celo de la mejor maestra. Cuando menos, si la madre debe trabajar, derecho a que el niño la tenga a su alcance por medio del trabajo en el hogar"

Sin duda la Mistral es una mujer visionaria y avanzada para su época, ya los especialistas en poesía lo expresan en su crítica.  Sin embargo,  yo que leo sus escritos hoy en pleno siglo XXI, como una mujer que le tocó poner en práctica y vivir en carne propia mucho de los paradigmas que impuso el feminismo,  me encuentro reflejada en estos escritos de hace casi 90 años atrás.  Hoy como mujer y madre siento la decepción que las mujeres sentimos cuando nos vemos obligadas a tener que elegir entre el trabajo y maternidad, una decepción y una destrucción que esta gran mujer ya anunció: la amenaza por parte del feminismo hacia la maternidad y por extensión al poder genuino de la mujer.

Sin embargo, también hoy por suerte, observo extasiada y esperanzada esta horda maravillosa de mujeres y madres que imponen en el mundo un nuevo feminismo, aquellas que han vivido en carne propia la oposición maternidad-trabajo, aquellas que abogan por una real conciliación familia-trabajo o por una reivindicación del trabajo en la crianza,  un nuevo enfoque en donde nosotras ya no debamos escindirnos para figurar dignamente en la sociedad.  Por fortuna, ese hilo poético mistraliano se invoca hoy con mucha firmeza, y por suerte hoy podemos comprobar que las ideas de una gran mujer tienen más fuerza que nunca y que fueron dichas enérgicamente por una las nuestras: una mujer con corazón de madre.


Textos extraídos de: Gabriela Mistral, Escritos Políticos: Selección, prólogo y notas de Jaime Quezada, Fondo de Cultura Económica, 1994.

Pintura de Gabriela Mistral: Miguel de Valderrama

jueves, 20 de septiembre de 2012

Criando con amor y respeto

Uno  de los últimos libros que he estado leyendo es el “Bésame Mucho” del pediatra español Carlos González, y a quien hace unas semanas tuve la suerte y el placer de escuchar en persona.  Al tener este libro en las manos, una de las cosas que primero salta a la vista es el subtítulo: “Cómo criar a tus hijos con amor”.  Este subtitulo, para mí es bastante decidor en el ámbito de crianza,  pues a quién se le ocurre que uno no cría con amor? o bien quien no siente amor por sus hijos? Y aquí reflexiono que es tan lamentable al punto de desconexión con nosotros mismos al que hemos llegado, que es imperioso escribir y explicitar algo que nos debiera ser tan natural y obvio a nuestro sentido común: que los hijos se deben criar con amor. 

Dentro de las innumerables falacias que arrastramos culturalmente, está aquella que plantea que hoy en día los niños son unos verdaderos tiranos, cuyo único fin es manipularnos y fastidiarnos la vida.  De ahí que nacen millones de “manuales” para enseñarnos el adiestramiento de niños con métodos más o menos efectivos, pero que no tienen ningún indicio de sentimiento amoroso.  Por otro lado, también culturalmente nos instan a convencernos de que amar a nuestros hijos es llenarlos de artilugios plásticos y cuando son más grandes también se les trata de convencer de que el verdadero amor de sus padres es cuando les compran la mayor cantidad de juguetes.  Así, nos movemos entre estas dos visiones tan antagónicas como absurdas, las cuales en su profundidad incentivan únicamente el consumo.  Si logramos tener la claridad que ambas son visiones impuestas por una sociedad de mercado, creo que podemos salvarnos y salvar nuestra especie. 

Es necesario además concientizar los patrones de crianza que llevamos impresos en nuestra memoria cultural, es decir, la forma que nos criaron es la forma que aprendimos a criar.  Y probablemente tendamos a caminar por los mismos surcos que anduvieron nuestros padres, quienes a su vez arrastran otras memorias heredadas de crianzas antiguas. La forma que tengamos de entender a nuestros niños, va a ser la forma que tengamos de criarlos, y al enfocarnos en un hijo inmediatamente recordaremos al niño que fuimos.  Entonces, por qué no recordar también aquellos gestos amorosos que tuvieron nuestros padres que nos hicieron sentir bien para repetirlos, y aquellos que nos hicieron sentir mal pues para definitivamente desecharlos de nuestra crianza?

Entonces, teniendo claro que, muchas veces las visiones que tenemos hacia nuestros niños no involucran precisamente nuestros verdaderos sentimientos, podemos observarnos, sentirnos y conectar con aquellos sentimientos que emanan de nuestra alma cuando ponen al bebé en nuestros brazos al nacer. Esa sensación, que es indescriptible, poderosa y empoderante, es un sentimiento que nunca jamás nos abandonará.  Y es esa misma sensación la que debemos recordar cada vez que miremos los ojos de nuestros hijos, incluso en los momentos más tensos.  Esa sensación es el amor, esas emociones, experiencias y actitudes  de afecto, bondad, empatía y compasión son las que fundamentalmente deben guiar la crianza de nuestros hijos. Todo lo demás, aquello que nos viene de afuera, debe ser estudiado y filtrado, y lo que pueda ser rescatado debe ser integrado a aquella primera y primordial emoción. 

En el “Bésame mucho” se explicita de una forma muy didáctica que en el trato con los niños existen principios, una ética que debería estar sellada en el alma y el corazón de todos los que criamos y cuidamos niños, y que estos principios no son los que precisamente te da un manual de crianza o un consejo ‘bien intencionado’, aunque tenga métodos muy efectivos.   Y como dice Carlos González, ‘hay cosas que simplemente no se hacen’. Una crianza amorosa nos guía desde el instinto y desde los sentimientos,  porque es un hecho que queremos hijos felices.

Libros como estos son los que nos enfrentan a nosotros mismos, si queremos enfrentarnos claro. La crianza para mi es como un espejo, y se perfectamente bien que es bien difícil criar, o tener paciencia en ciertos momentos.  Sin embargo, cada vez que nos damos cuenta de que las formas que tenemos de tratar a nuestros hijos son las que hemos heredado culturalmente o bien las que nos han llegado ‘de por ahí’ o de un manual, es cada vez que tenemos el poder de modificarlas si sentimos que no es la forma más apropiada o la más respetuosa de tratar a nuestros hijos.   Cuando podamos entender, darnos cuenta de que lo que nosotros experimentamos cuando niños, es lo mismo que podemos hacer sentir a nuestros hijos, y cuando decidimos concientemente cambiar o intentar modificar una acción que derivó en un estado que no nos gustó sentir, es ahí cuando efectivamente podremos hacer una crianza amorosa y con conciencia.

La crianza con amor involucra, en mi opinión,  la empatía, el respeto hacia los procesos de nuestros hijos, la conciencia clara de que ellos y nosotros los padres estamos en un continuo aprendizaje.  Criar con amor y respeto significa entre otras cosas, atender primordialmente los afectos y las emociones de los niños y también, por supuesto, nuestros afectos, con cariño, tolerancia, comprensión y por sobre todo con conciencia.




Ilustración: Soledad Sebastian

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ser papá Ser conciencia



El emperador es el más grande de todos los pingüinos: un ejemplar medio mide unos 115 centímetros. Estas aves, incapaces de volar, viven en los hielos antárticos y en las gélidas aguas que los rodean. (…)
Los pingüinos emperador pasan el largo invierno en pleno hielo, e incluso crían durante esta estación inclemente. Las hembras ponen un único huevo que abandonan enseguida para emprender una larga expedición de caza que se prolongará ni más ni menos que durante dos meses. Dependiendo de la extensión de la plataforma de hielo, tendrán que viajar alrededor de 80 kilómetros para llegar al mar abierto, donde se alimentarán de peces, calamares y krill.(…)
Mientras la hembra está ausente, los machos mantienen calientes los huevos recién puestos, pero no sentándose encima de ellos para protegerlos de los elementos, como otras aves, sino manteniéndolos en equilibrio sobre sus patas y cubriéndolos con su piel emplumada, hasta formar un marsupio. Durante los dos meses que dura esta labor de canguro, los machos no comen nada y quedan a merced de los elementos antárticos.
Cuando las hembras regresan, traen el estómago lleno de comida, que regurgitan para alimentar al los polluelos recién nacidos. Mientras tanto, los emperadores machos, una vez cumplida su tarea, emprenden viaje hacia el mar en busca de alimento, mientras las  madres toman el turno para cuidar  de los polluelos y les dan cobijo con el calor de su propio marsupio. (…) *

 

Ya algún papá por ahí me preguntó que por qué ellos no salen muy nombrados en este blog, y no tuve mas remedio que contestarle algo que no me había planteado aún. La verdad es que escribo este blog desde mi punto de mamá, casi por instinto, y desde que la maternidad me tocó no pienso en otra cosa. Siempre he considerado al padre de mis hijos como un buen compañero, un apoyo incondicional, un buen padre, sin embargo, jamás me había cuestionado en este caso acerca del instinto paterno, y cuales son sus mecanismos, los mismos que sin duda presencio día a día.

Después de meditar acerca de la paternidad y el crecimiento personal que tengo la convicción pueden obtener también los hombres después de tener hijos, me convencí completamente de que acerca de paternidad solamente puede escribir un padre.  Sin embargo, creo que sería un buen ejercicio para una madre el tomar conciencia acerca de los procesos que vive su compañero, porque imagino deben de ser tan inmensos y variados como los de nosotras.  Quizás muchas veces el poder entender concientemente a aquellos que nos acompañan de cerca o de lejos en nuestra maternidad, también enriquece nuestro crecimiento y el de nuestros hijos.

Antes que nada, al hablar de paternidad, no puedo olvidar dos fotos que tengo guardadas en mi memoria y de paso en una cámara.  Ambas fotos contienen las escenas más bellas que puedo recordar dentro de la vorágine que fueron los nacimientos de mis dos hijos: su padre cargándolos por primera vez.  Aquellas escenas guardan para mí la esencia de cómo cambió mi compañero, de cómo cambió su vida cuando tuvo a sus hijos en brazos, de cómo su mirada se llenó de un amor distinto, de una fuerza y ternura distinta, una nueva magia. Para mi son las escenas-cimientos que expresan toda la ternura y las bocanadas de amor que comenzaron a materializar lo que es hoy mi familia.

Así que creo que puedo hablar desde aquí, desde mi experiencia obviamente.  Como ya dije, se me vuelve muy complicado hablar de este tema siendo yo una madre empedernida y minuciosa, sin embargo, presiento que al volvernos padres, hombres y mujeres no vamos por sendas tan separadas cuando tomamos las manos de nuestros hijos, si no que caminamos por el mismo sendero.  Simplemente, cada uno va en un extremo y en el medio van los niños. La maternidad y la paternidad son partes de una misma esfera pero con la mirada desde distintos puntos.

Sin duda, creo que los padres viven las mismas angustias y dichas que nosotras a la hora de convertirse en padres.  Dentro del sistema patriarcal en el que vivimos, en el cual todas las cosas están hechas para y por hombres, también existen terrenos agrestes y muy exigentes para ellos.  De partida, a la hora de vivir los afectos o las emociones más sublimes que despierta la paternidad también se presentan escollos.  Recuerdo los relatos que me contaba el padre de mi hijo durante los partos, y si a una la infantilizan cuando va a parir en cualquier clínica, el trato hacia los padres es aún más descalificatorio. También podemos nombrar el momento tenso que se vive al interior de un hogar cuando la madre debe salir a trabajar y separarse del bebé. Imagino que los padres también pasan por momentos de angustia y de tensión.  Las vicisitudes que atravesamos las madres cada día, son las mismas que viven los padres.

Es importante nombrar la paternidad una vez que el bebé nace, o sea el inicio simbólico de la paternidad. (Una ya vive un encuentro íntimo con la maternidad durante nueve meses). El aparecimiento del famoso puerperio que vive su mujer y tener un nuevo integrante en la familia es por decirlo menos una experiencia rara.  Debe ser bien extraño ver como ella se transforma durante el embarazo y especialmente durante el parto, donde despliega una fuerza que nunca antes has visto.  Luego tu mujer, tu compañera, se parte literal y figuradamente en dos y entra en una esfera de su psiquis que tampoco ella conoce bien.  Esta sí que es una nueva faceta de tu mujer.  Si para una es difícil entender qué nos ocurre en el puerperio, imagino lo complejo que debe ser para un hombre entender porqué le cambiaron a la mujer-compañera.  Entender por ejemplo, que ahora se prueba su fortaleza emocional, que es necesario sostener, apoyar y defender, y aceptar de una forma muy empática que muchas veces tendrá que dejar de pensar en sí mismo para preocuparse por una díada importante en la familia: “mamáybebé”.

Y aquí solo empieza la gran avalancha de transformaciones y de crecimiento: el cambio de identidad también toca a los hombres, ahora son ‘padres’ y ellos lo sienten a ciencia cierta (quizás) cuando los bebés están en sus brazos.  Entender que la vida de pareja se termina como una faceta más en la vida de un ser humano, y comprender que ahora comienza la vida de familia tampoco es un hecho de fácil digestión. Me gusta lo que dice el pediatra español Carlos González: Cuando tienes un hijo no falta el que te dice ‘eh, no se olviden que tienen que seguir haciendo vida de pareja’, siendo que cuando uno se casa jamás le dicen ‘eh, no te olvides que tienes que seguir haciendo vida de soltero’. Cuando uno se casa jamás vuelve a ser soltero, a lo más volvería a divorciado o separado, pero jamás a ser soltero o no? Cuando uno se convierte en padre o madre tu vida jamás vuelve a ser como antes.

Y así, nuestros hombres, al igual que nosotras, deben entender tantas aristas que abarcan la bella e intensa estancia de ser padres.  Creo que no terminaría nunca esta entrada tratando de explicarlas o de enumerarlas, son tantos los cambios! Sin duda considero que los padres deben hacer esfuerzos iguales que nosotras, ofrecerse sin tapujos a la flexibilidad y maleabilidad que esta vida parental nos ofrece y que el mundo trata siempre de robarnos y estructurar a su antojo. 

De todos modos no está demás decir que los apoyos que necesitamos las madre son inacabables y de toda índole (y este puede parecer un aviso).  Pienso que habrá muchos padres que se desviven por entender, contener e inventar esos apoyos. Recuerdo como se dieron en mi caso: los paseos interminables con el bebé en brazos que llora, la paciencia de acero cuando llora la madre del bebé, escuchando y sosteniendo cada historia nueva que viene en cada lagrima a la vida de su mujer (cuando apareció la niña que fui), la constancia en la lucha para que se establezca la lactancia (incluyendo comprar pezoneras a las 3 de la mañana), el apoyo incondicional en cada  decisión a la que se oponen los abuelos y media familia (indirecta para los que dicen que le dejen llorar al niño que si no se malcría, que le den agua, y laaargos etc.), el talante y la fortaleza para llevar a cabo esas nuevas decisiones (cuando la madre decide dejar de trabajar), el rencuentro con el niño que ellos también fueron (los recuerdos que vienen a sus ojos recordando a su difunto padre), la sensación intensa de recorrer otros parajes de su propia alma y esencia masculina, entre otros. 


La capacidad de los nuevos padres de comprender y adentrarse intensamente en esta nueva etapa de sus vidas, hace que la toma de conciencia y la fuerza que esta conlleva se expanda junto a la de la mujer.  Solo ahí podemos dar apertura a un nuevo espacio, el espacio para la formación de nuestra familia.  Para sumergirnos en esta nueva estancia es necesario que ambos descubramos los funcionamientos que hemos establecido en nuestra familia previamente, y de ahí dar lo mejor de uno mismo para construir los sostenes más generosos y equilibrados que nuestros hijos se merecen. Los padres inician también un camino nuevo, uno intenso y muy personal, qué mejor que intentar hacer ese cambio de forma conciente, y dejar que fluya lo genuino y lo espontáneo, permitiéndole a la vida que desdoble toda su grandeza en esa nueva etapa.

No creo lograr el cometido que me encomendé al inicio de este texto, específicamente el de poder entender aunque sea un poquito la esencia de la paternidad masculina, la que ahora no me cabe la duda tiene millones de aristas.  Sin embargo, al menos quiero hacer un pequeño reconocimiento para aquellos que nos acompañan y que muchas veces sus acciones quedan en algún lado invisible.  Dedico estas palabras a aquellos pingüinos emperadores que estoicamente soportan, aquí en nuestra propia casa, los fríos más intensos y las vicisitudes más agrestes, o bien viven alegres el florecimiento en primavera y los veranos más calidos, tratando siempre de proteger un huevo durante meses y años. Estas letras son para todos aquellos que nos toman de la mano y que han elegido concientemente criar y crecer a nuestro lado.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Estrés fascinante

Quien no se ha sentido estresado alguna vez? Bueno, a veces es bueno tomar conciencia y tomarselo con cierto humor y poesía, y hacerse un buen autoretrato!


Estrés Fascinante 

Su estrés era algo fascinante, casi sublime.  Las palabras se le amontonaban en los labios como una serie de de bombas racimo, explotando como quimeras rodeadas de mil estrellas.  Parecía emerger de entre sus espacios de silencios entrecortados, un aroma volcánico, parecido al que traen los ríos en su torrente más voluminoso y enérgico. Solían caerle las ideas rodando, como grandes rocas erosionadas por la angustia y el miedo, y normalmente provocaban grandes aludes que desembocaban en el muelle de sus lágrimas desmoronándose como ventarrones de arena. Sus miradas se cerraban como portazos anacrónicos tratando de retener el relleno iracundo de lo abscesos que formaban sus ojos.  Sus erupciones eran verdaderas obras de arte, prologadas por diáfanas profecías, los vaticinios arengaban las más fatídicas explosiones y las ampulosas olas de su cabello naufragaban en las esquinas más compulsivas de su cabeza, a manera de amplias detonaciones, sudorosamente majestuosas, como verdaderas explosiones solares.  Los infiernos de su caja torácica se manifestaban resonantes como gigantescas cavernas en ceremonias diluviantes, con carnavales grotescos, los que sucintamente brotaban por su nariz de toro. Sus manos y su danza de alimañas feroces frecuentaban a menudo esta liturgia calamitosa, contorneándose acompasadas de los estruendos emanados por su ser, en este velo impetuoso, fatídico, que coronaba furiosamente su sinfonía despiadada.  Yo solía asistir a sus rituales como un espectador peregrino, desde una lejanía taciturna, agazapado, musitando aquella tempestad como un verdadero cortejo fascinador.

jueves, 30 de agosto de 2012

Publicidad de Super Cerdo: Con nuestros niños NO!

 La primera vez que vi una pancarta con un bebé sentado en su sillita y con un plato con un jugoso pedazo de cerdo y una leyenda en la que el bebé expresa como si fuera un adulto que quiere comerse ese pedazo de carne, y deseando tener dientes o poder caminar,  no pude menos que irme de espaldas.  Luego empecé a ver lo de las propagandas del mismo producto, y no! ésta saturó todo lo que puede tener entendimiento en mi.

Yo, que soy una madre lactivista, fundamentalista y defensora acérrima de la lactancia materna, además con un vegetarianismo reafirmado por el sentimiento empático que tengo con el resto de mamíferos,  no puedo observar este tipo de publicidad, en la que claramente veo escenas aberrantes y vejatorias para un niño y mujeres, y quedarme como tantas otras veces, de brazos cruzados.  Al respecto me gustaría denunciar lo siguiente:

1.- El niño que aparece en el spot tiene claramente entre 6 y 12 meses de edad.  La OMS recomienda lactancia materna exclusiva al menos hasta los 6 meses, y luego es posible introducir alimentos complementarios especialmente frutas y verduras, pero siempre manteniendo como alimento principal la leche materna, por lo menos hasta los dos años. Dudo que un pediatra recomiende a esa edad comer carne de CERDO, por lo que considero que esta publicidad tiene un mensaje demasiado violento hacia la imagen de un bebé en lo que respecta a su alimentación, la cual es y siempre debería ser la Lactancia MATERNA, y un pedazo de cerdo dista bastante de todos los beneficios y las bondades que la leche materna otorga, es decir, no solo alimento, si no también abrigo, contención, cobijo, protección, etc.  Creo que esta campaña publicitaria solo obstaculiza e intenta mitigar la lactancia materna, promoviendo así el desapego entre una madre y su hijo.

2.- El spot da cuenta de que el bebé tiene hambre por lo que quiere comer CARNE de CERDO.  Esta escena es claramente descalificatoria hacia la madre, pues, cuando un niño tiene hambre lo primero que se me ocurre a mi es que tome LECHE, preferiblemente de su MADRE, la cual, según el spot, es perfectamente reemplazable por un pedazo de cerdo. Esta publicidad denigra y descalifica la imagen de la protección que otorga la madre y el acto de alimentar saludablemente a su hijo.  Una vez más esta campaña promueve la desvinculación y el desapego de una madre y su hijo.

3.- En un país que precisamente no puede enorgullecerse por sus altas tasas de obesidad infantil, y que además gubernamentalmente se promueve una alimentación sana, es casi impensable que se haga una publicidad en la que una figura infantil tenga “deseos” de comer carne de cerdo, que precisamente no es la carne más saludable, ni siquiera para un adulto, menos representando el “hambre” en un bebé de tan solo meses.

4.- Es lamentable que estemos acostumbrados a ver mujeres semidesnudas en la publicidad tratando de que nos sea familiar cualquier producto para que lo compremos, pero utilizar la imagen de un bebé que encima es visto como un ente “ávido” de comer y como un ser autónomo que tiene pensamientos adultos respecto de una sensación humana y de un pedazo de carne, me parece extremadamente aberrante y totalmente peyorativo hacia la etapa de desarrollo de un bebé, vulnerando así los derechos esenciales de los niños y niñas.

5.- Al mostrar un niño con pensamientos “adultos” en torno a un pedazo de carne, deja entrever que el niño es un ser autónomo e independiente, todo lo contrario a lo que un bebé debe ser: un sujeto de protección de sus padres, los que claramente en el spot publicitario están ausentes o al menos muy desconectados con las necesidades esenciales de su hijo.  Esta campaña contraria el valor de la familia y de protección de un bebé.

La publicidad en la actualidad puede traspasar límites de aceptación de nuestro sentido común, como ya dije es “normal” que una mujer se muestre semi desnuda para “invitar” a comprar algo.  En torno a nuestros niños, ya es fácil ver a pequeñas de muy corta edad tratando de “imitar” a super modelos en la televisión para complacer el consumo de cualquier producto.  Estamos traspasando límites importantes.  La publicidad poco a poco va legitimizando valores muy poco saludables para nuestros niños, y en este caso, lo grave no son simplemente los puntos que enumeré anteriormente, si no la imagen que va quedando grabada en los subconscientes de la población, sobre todo de los niños, quienes lamentablemente, hoy en día tienen una relación muy directa con los medios de comunicación, especialmente con la televisión. 

Hay una estrecha relación entre las prácticas publicitarias y prácticas de construcción de identidad en los discursos publicitarios. Es decir, qué identidad estamos permitiendo que se construya en nuestros hijos por medio de la televisión? La de un bebé que está desprovisto de la protección, calor y alimento que le da su propia madre? Y por ello debe pensar como un adulto y “desear” comer un pedazo de carne? (No quiero ni siquiera mencionar los mensajes subliminales que se dan a través de esta imagen).  Y es en este punto donde debemos hacer la reflexión pertinente acerca de la violencia hacia nuestros niños que estamos avalando para complacer la venta de un producto, en este caso de algo que es bastante contrario a la relación saludable entre un niño y su alimentación, como lo es la imagen ausente de Lactancia Materna y a todo lo que ello involucra.  Campañas como esta refuerza una cultura totalmente adultocéntrica y la desvinculación entre madre e hijo, lo cual no puede ser menos que violento hacia nuestros niños, lo cual claramente sobrevalora una vez más a la primera infancia e incentiva un desarrollo no acorde a su edad.
  
En el Código Chileno de Ética Publicitaria se  señala que  “La publicidad debe respetar el ordenamiento jurídico vigente y, de manera especial, los valores, derechos y principios reconocidos en la Constitución Política” (inciso 1°). Señala además que “los mensajes publicitarios no deben contener afirmaciones o presentaciones visuales o auditivas que ofendan los conceptos morales o de decencia que prevalezcan en la comunidad o en sectores importantes de ella. Los mensajes publicitarios no deberán denigrar ni menospreciar a personas o grupos, en especial por motivos raciales, étnicos, religiosos o por su género u orientación sexual”. Para mi, esta campaña publicitaria claramente denigra y subvalora expresamente el valor de la Lactancia Materna y el desarrollo de un bebé de tan corta edad, entre otras cosas. 

Y cito textualmente al sociólogo Alberto Mayol: “Cuando el capitalismo adquiere rasgos muy profundos, cuando la sociedad gira en torno a los mercados toda su inercia se dirige a insertar distintas dimensiones del ser humano en el proceso de producción de capital.  Entre las funciones de la publicidad, por ejemplo, está la capacidad que tiene de producir familiaridad y, derivado de ello, confianza. Además la publicidad es capaz de producir erótica, deseo de proximidad, ganas de participar de una escena, situación o condición.  Pues bien, mediante la publicidad tanto la confianza como la erótica (un valor fundamental mas el deseo) se convierten en una forma de producir dinero.  La publicidad informativa deja paso a una publicidad que satura las capacidades humanas de evadir su influencia.  Los individuos o colectivos aman y creen, insertándose en una escena ficticia de encuentro comunitario o sexual, cuando en rigor es solo un caballo de Troya que tiene como fundamento y horizonte la multiplicación del capital invertido” (El derrumbe del modelo)

Ante esto, juzguen ustedes mismos, sin embargo lo único que me queda a mi por decir es: No, con nuestros niños NO!