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jueves, 13 de junio de 2013

Yo escolarizo... (Segunda Parte)


Ilustración de Jazmín Varela 

Hace unos meses atrás,  justo después de haber iniciado el año escolar de mi hijo que está en primero básico, escribí un post muy desde mis entrañas,  en donde expuse mucha parte de mi rabia y frustración por enfrentarme a un sistema escolar que sigo considerando errado, mal planteado y  poco ajustado a nuestras necesidades como humanos.  Dicho escrito (que lo pueden leer aquí) tuvo muchísimas visitas y muchísimos comentarios que me hicieron reflexionar y darme cuenta de que existe una enorme cantidad de mamás, papás y familias que sienten rotundamente la misma rabia e impotencia frente al sistema escolar que impera en nuestras sociedades.  Y con esto, también hay muchas familias en búsqueda de nuevas formas de educar, y que sobre todo por temas de condicionamientos culturales, son difíciles de encontrar.  Yo misma me enfrento día a día con mis propias estructuras y paradigmas internos acerca de la educación, y es que hasta hace poco no tenía más propuestas que la misma forma cómo a mi me educaron.  Me encuentro muchas veces diciendo cosas que me dijeron a mi cuando aprendí a escribir! Ay! no! y eso fue hace treinta años!! Creo que romper con esa estructura interna es el primer paso para buscar nuevas formas.

De los comentarios que me llegaron, todos ellos muy potentes y enriquecedores, me gustaría compartir con ustedes uno que me hizo reflexionar esto acerca de las estructuras.  El comentario es de Mónica Salazar del conocido blog www.familialibre.com, a quien tengo el gusto de conocer en persona y por supuesto de quien he aprendido mucho acerca de educación y crianza gracias a sus escritos y con su ejemplo (ella viaja con su hijo educándolo ella mismo!) Comparto a continuación:

Mónica:   Ay qué duro!! Y qué sincera contigo misma. Yo creo que la escuela es una elección. Realmente no conozco a nadie para quien la escuela no sea en el fondo una elección (y seguro existen esas personas, pero yo no las conozco).  Para ti, la escuela es una elección? Y claro, estás en todo tu derecho de elegirla, si te apetece. Para mí es como comerse algo feo y amargo, sabiendo que te dará dolor de estómago...a mí no me da el carácter para lidiar con la escuela.
  
Esta fue mi respuesta:

“La verdad cuando escribí el post no creí que fuera a sonar tan crudo!  Fueron palabras viscerales de lo que sentía en ese momento: Manuel lleva 2o días en el colegio haciendo su primer grado y ya tiene "prontuario".  Es más,  me temo que pronto me pidan informes psicológicos, psiquiátricos y todos los trámites de rigor que imponen en esta "educación".  Y no espero esto con cara de vaquita al matadero, no! Aquí lo primero que pienso es que la que está equivocada en esto soy meramente yo, pues estoy pidiendo peras a un olmo rancio, viejo y cansado, que de hecho ya murió hace tiempo y se empeña en penar a nuestros hijos. Sé que no cambiará de aquí a mañana, y que yo tampoco puedo cambiar tan rápido, aunque lo necesite mi hijo de forma inmediata. Impotencia.  Sé que es probable que vengan más y más páginas de prontuario y diálogos sordos con profesores alienados, que responden también a la violencia con que a ellos les trata el sistema de igual forma que a los niños. Nuevamente impotencia.

También creo como tú que la escuela es una elección.  La tradición que traemos nos presenta la escolarización como un aspecto “normal” más en la vida de un ser humano que viene a este mundo y se remite a cumplir las normas impuestas, a seguir los caminos que están trazados. No se presenta en ningún lugar como una “opción”.   Pero sí! Es necesario darse cuenta de que es una elección! y que obviamente eres partícipe de ella a favor o en contra.  Es necesario percatarse de la responsabilidad que tienes en la educación de tus hijos y que esto no significa buscar un bonito, prestigioso y gran colegio para ir y depositar a tus hijos y esta responsabilidad en personas que apenas conoces.  Personas que tienen de seguro ideas tangencialmente distintas a las tuyas acerca de lo que verdaderamente quieres entregar a tus hijos. Y se me viene de golpe la imagen de mi misma, y de todos los paradigmas insertos en mí, y la necesidad de romperlos! pero cómo?! Si la escuela siempre fue LA opción de todos, de mis padres, de los padres de mis amigos y de los padres de medio mundo. Como lo educo yo si yo no soy una escuela yo misma? (aquí mi autoestima mermada por el sistema, y la idea instaurada como un edificio inmenso, indestructible)  Y en esa postura me encuentro, sintiendo como que no tengo otra opción (idea que es también otro edificio), pero a la vez sabiendo que hay caminos y que solo yo puedo seguirlos y sobretodo abrirlos.   Es necesario romper el cemento de tanto edificio que nos estructura y nos pavimenta el alma, la mente.  No quiero que mi hijo tenga un alma pavimentada también.

Como te comenté en algún tiempo, esto de la llegada de la conciencia en la crianza a mi vida, esa que ha roto todas las ideas de piedra y preconcebidas ha sido todo un reto! El ir caminando y descubriendo otras formas de vivir, formas que me gustan y me hacen sentir bien, también ha sido una revelación y un renacimiento.  Creo que el tema de la escuela es el siguiente camino que tengo que abrir en mi misma, con toda la violencia y energía necesaria para romper con todos los miedos y angustias, pero también con la seguridad y la sensación de estar haciendo bien las cosas, o al menos haciendo lo que me parece a mí que tengo que hacer. Pero me cuesta tanto!! Eso de mirarme a mí misma, mirar mi entorno y ver el mundo desde otra perspectiva.  A veces es bien difícil limpiar el entorno, sobre todo cuando hay tanto que tirar a la basura… qué difícil.  Pero en esa estamos, tratando de repensar y replantear la educación de mis hijos”

miércoles, 20 de marzo de 2013

Yo escolarizo y me siento rota por dentro

Ilustración de Fernando Cristián Rossia  

Yo escolarizo, como todos.  Envío al colegio a mi hijo muy temprano en la mañana. Lo visto con ropa exactamente igual a las de sus compañeros.  Pongo en su bolso muchos cuadernos y libros, que pesan no tanto por su sabiduría, pero sí por su precio y su volumen.  Es una mochila muy pesada. También envío una colación y su almuerzo. 

Mi niño lleva su entusiasmo y su alegría de niño, sus ganas de jugar y de aprender.  Lleva sus preguntas mágicas y sus respuestas sinceras, honestas y espontáneas.  Lleva su imaginación y las intenciones francas de su amistad a toda costa.  Lleva su personalidad avasallante y la inquietud humana en sus ojos, en sus manos, en sus pies.  Lleva sus zapatos sucios de pelotas. Lleva su sonrisa amplia, ancha y su diente de leche que está por caer.  Lleva el viento en su pelo y los ojos salpicados de sueños.  Lleva sus lápices y sus números hechos al revés.

El segundo día de clases su profesora le arrancó dos hojas de un cuaderno porque no había escrito en la parte de arriba ni con la letra que ella había indicado.  Le ha dicho que se siente innumerables veces, así como que se mantenga callado y mirando y copiando en el cuaderno lo que ella escribe en el pizarrón.  Le ha dicho que pinte dentro de la figura, y jamás afuera. Está prohibido.  Le ha dicho que no puede usar collares, ni el sticker de cara feliz que él se pegó en la frente, luego de que ella misma se lo diera el día anterior.  Le ha dicho que si no hace todo lo que ella dice enviará una comunicación a sus padres  o que irá a la inspección.  Le ha tachado sus números al revés y no ha puesto un gran signo de interrogación sobre la marca en las papas fritas envés de la respuesta políticamente correcta de la ensalada y las frutas en la pregunta de qué es lo que más te gusta comer. 

Sus compañeros no han querido prestarle sus lápices porque sus madres así se los han enseñado. Una abuela le dice a su nieto a la salida del colegio que él no es su amigo si no solo su compañero.  Otros niños se preocupan de la mochila y de su marca. Otros ya hablan de las mejores notas y calificaciones con gestos tan correctos como los de un oficinista.

Yo tengo intenciones sagradas en torno a la educación.  El resto del mundo me habla de la sociabilización y de los inconvenientes de un supuesto aislamiento, y de que es bueno que aprenda lo “que es el mundo”. Somos seres sociables y en casa hay un dulce calor.

Yo escolarizo y me siento rota por dentro.  Yo creo en la sociabilización, pero no veo que la sociabilización de las escuelas actuales sea la verdadera. No creo que competir o demostrar un éxito vacuo sea sociabilizar.  No creo que el hastío de una generación de profesores sin mayores horizontes deba inundar las aulas y a eso llamar sociabilizar. No encuentro en las escuelas el sueño y el ímpetu por aprender, ni el juego mágico que se merece un niño.  Observo el tedio de las mentes que dirigen estos recintos rígidos e inhumanos, y veo en su cara ningún otro destino que llegar a ver el programa de moda en la televisión de hoy por la noche. No encuentro esperanza.  Y ellos con su cara monótona se remiten a enseñar la obediencia, sumisión y represión una y otra vez como una rutina macabra y que no acaba nunca. Sordos.  Sus manos no están llenas de frutas, ni pueden llenar de colores una hoja, ni de letras íntegras los cuadernos. 

Yo escolarizo y yo no estoy rota.  Es otro cuento el que está roto. Tiene una lápida encima, y camina penando un fantasma con una mochila pesada al hombro. La misma que ponemos cada mañana en los hombros de nuestros hijos. De fondo se escucha una retahíla de canciones desoídas, de sueños tachados, de cantos fracturados. Y marchan a la escuela.

Yo tengo intenciones sagradas en torno a la educación y no, no estoy rota.