martes, 29 de octubre de 2013

Me empelota la violencia contra la mujer



Hace algunos días llegó a una esquina de una de las avenidas principales de Santiago y veo un inmenso cartel que propone una campaña del gobierno para frenar la violencia contra la mujer.  Grandes letras anuncian ‘Me empelota la violencia contra la mujer’ y a su lado aparece una mujer que trabaja en televisión “en pelotas” o desnuda.  Aplaudo la iniciativa de la campaña, pero no puedo tragármela así sin dejar de cuestionar la propuesta en general y en especial de la fotografía. 

Es un hecho que los desnudos en la publicidad cumplan con el ser el gancho más fácil y simple de llamar la atención.  Y aunque en esta campaña aparezcan hombres y hasta una ministra algo mayor sin ropa, creo que me vuelve a empelotar  la violencia misma que implica que una mujer tenga que llamar la atención con su desnudo. Aunque lo queramos maquillar de artístico o justifiquemos que también salen hombres o mujeres ‘mayores’. Y no es que esté en contra de una campaña contra de estas características, de hecho considero que toda campaña y esfuerzo que se haga para evitar la violencia son elementos altamente necesarios e importantes en nuestra sociedad.

La mujer que aparece en una de las fotos de la campaña sale en algún programa de televisión y lógicamente es muy guapa (o eso es lo que tenemos en nuestro imaginario). Dada las características de nuestra cultura, para llegar a ser catalogada de ‘muy guapa’ ha tenido que ‘mostrar’ sin duda su cuerpo, y en este caso su cuerpo desnudo viene a decirnos que miremos el cartel porque ella está ahí así.  Además hay un slogan que dice que a ella le molesta o ‘empelota’ la violencia contra la mujer.  En este punto, no me parece nada más violento que nosotras las mujeres tengamos que seguir ‘mostrando’ nuestro cuerpo desnudo o no (y estilizado), para poder demostrarle al mundo que somos guapas, que somos atractivas, que somos exitosas, que somos alguien, para atraer.  El culto al cuerpo femenino redondeado en ciertas partes y huesudos en otras es el pan de cada día, y es el parámetro de belleza que pocas de nosotras podremos alcanzar.  Ese mismo culto es el que nos lleva a la desaforada búsqueda de la etiqueta de ser bellas y jóvenes, y atractivas de un modo sexual.  ¿No es acaso violento que siempre las mujeres tengamos que estar complaciendo con nuestro cuerpo al resto del mundo?  Y en este punto es una complacencia meramente sexual orientada siempre al único leit motiv de nuestra cultura (y sobre todo en la parte publicitaria): el coito. 

Estoy convencida de que no hay peor violencia hacia la mujer que la que está soterrada en cualquier aspecto de nuestra cultura y que nosotras mismas llevamos como ‘algo normal’. El sistema que nos rodea promueve en gran parte la idea de que nuestros cuerpos –que tienen que ser jóvenes, esbeltos y hermosos-  son para complacer al resto, y que ese objetivo es prácticamente el único objetivo digno  aceptable de alcanzar.  Y no es que yo esté en contra de un cuerpo desnudo o de los desnudos artísticos como podríamos justificar este caso.  Lo que me empelota es que la mayoría de publicidad siempre trata de persuadir por medio de la promesas que las mujeres debemos hacer con nuestro cuerpo desnudo, por más solapado o más maquillado que quieran poner el mensaje para la ‘venta’ del producto y que esto sea tomado como algo totalmente normal. ¿Por qué siempre tenemos que emitir el mensaje mostrando partes del cuerpo desnudo? Seguir mostrando una mujer desnuda para promover la no violencia contra la mujer me parece que es seguir acentuando tristemente el mensaje sexual que emite cualquier publicidad hoy en día de la forma burda que tienen nuestros lugares comunes publicitarios.  Seguimos mostrando nuestra parte más hipócrita y contradictoria apelando una vez más a llamar la atención con el gancho más simple.   


Toda iniciativa que promueva sinceramente la no violencia contra la mujer es loable.  Sin embargo, antes de llegar y presentar el anzuelo tan burdo y tan violento como mostrar a una mujer desnuda en algún anuncio, deberíamos también plantearnos una reflexión profunda acerca de qué es lo que consideramos como violencia contra la mujer.  Seguimos viviendo en un sistema profundamente machista, con estructuras patriarcales intensamente remarcadas, en la cual la violencia contra la mujer está presente no solo en la relación de pareja o en lo doméstico. 

El maltrato hacia la mujer está implícito y explícito en cada mensaje que recibimos en la publicidad al mostrar mujeres y sus partes seductoras para vender cualquier cosa; en los medios que promueven los estereotipos a seguir de ‘mujeres perfectas e ideales’; en los sistemas laborales que castigan la maternidad y procesos femeninos naturales; en los sistemas sociales implacables con las exigencias que nos hacen como mujeres; en los sistemas económicos elitistas en los que la desigualdad entre hombres y mujeres es innegable; en la visión adultocéntrica y androcéntrica que nos envuelve; en las etiquetas y en las exigencias que nos alimentan como niñas, jóvenes, mujeres, madres, abuelas día a día.  Creo que nuestra creatividad publicitaria puede llevarnos a todos a pensar y reflexionar más allá de lo evidente. Eso sería promover un poco más el cuestionamiento de lo que es violencia contra la mujer, y con ello se podría hacer más en todos los ámbitos de nuestra cultura y nuestra forma de pensar, propiciando hechos concretos que promuevan la tolerancia, la empatía, la comprensión del ser humano en una forma íntegra y con ello fomentaríamos la no violencia en general y sobre todo la no violencia contra las mujeres.

Para que sigamos reflexionando no puedo dejar de citar las palabras de Clarissa Pinkola Estes “Una mujer no puede hacer más consciente su cultura diciendo ‘cambio’.  Sin embargo, ella si puede cambiar su propia actitud en relación hacia ella misma, disminuyendo de este modo las proyecciones que miran hacia afuera.  Una mujer consigue esto recuperando su cuerpo. Lo consigue no abandonando el gozo de su cuerpo natural,  no comprando la ilusión popular de que la felicidad solamente se otorga a aquellas con cierta configuración o edad, no esperando o reprimiéndose de hacer cualquier cosa, no dejando de retomar su vida real, y viviendo a plenitud, dejando fluir todo.  Esta dinámica de auto aceptación y auto estima es lo que empieza por cambiar las actitudes en una cultura”.

Tomemos conciencia. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Trabajar y criar: el coraje de querer







Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero cuantas veces, embozada, una lágrima asomada yo no pude contener...
Si crucé por los caminos como un paria que el destino se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego, sólo quiero que hoy comprendan el valor que representa
el coraje de querer.
Cuesta Abajo
Carlos Gardel



Ilustración de Lucía Serrano del Libro "Asi te quiero mamá"


Recuerdo que un buen día se plantó ante mí la curiosa idea de criar a mis hijos estando yo en casa. Y si, una muy curiosa idea.  Sentía que las buenas voluntades a mi alrededor ayudándome a cuidar de mi hogar y de mis hijos no hacían más que dolerme y hacerme sentir un monigote pusilánime sin voluntad.  Por otro lado también me dolía el solo hecho de pensar en la vergüenza que implicaba que una profesional como yo pensara en dejar de trabajar “bien” para criar y estar en casa.  Las amenazas frente a esta curiosa idea no tardaron en llegar: que el dinero no les va alcanzar y no podrán darles una buena educación a los niños, que te aburrirás pronto, que perderás tu espacio, que tus hijos serán siempre dependientes de ti, que te perderás.  Así, entre otras ráfagas.  Afortunadamente, el miedo grabado lastimeramente en mis huesos, no pudo paralizarme esta vez.  Lo hice.  Dejé de trabajar en un empleo formal y enfrentar de otro modo el desafío económico. Ardua tarea. Dejé de trabajar porque quería seguir amamantando y cuidando yo misma a mi bebé, quería ser yo la que enseñara a leer y a escribir a mi hijo mayor. Di aquel tremendo paso al vacío, salir de mi zona de confort, abrazar la incertidumbre.  Porque en el mundo que vivimos y en las condiciones sociales en que nos desenvolvemos hoy,  dejar de trabajar para una mujer madre para criar a sus hijos, es una decisión temeraria, algo así como la decisión de un kamikaze.

Dentro de la maquinaria social y económica de la cual somos parte irreversiblemente, la apropiación de los tiempos de cada persona para utilizarlos al servicio del gran engranaje económico es el pan de cada día.  Los tiempos de cada individuo son valiosos en tanto y en cuanto producen.  Y el valor que se les otorga a esos tiempos no solo es a nivel monetario, sino también en valoración del éxito social.  ‘Eres’ en directa relación con lo que trabajas y tu trabajo determina en que zona de la pirámide de éxito te encuentras.  Estos parámetros cobijan diametralmente la vida de hombres y mujeres por igual.  Y en el caso de nosotras mujeres este hecho es un bisturí que nos escinde mortal e  irremediablemente. Nos observamos antagónicamente como mujeres-profesionales o bien mujeres-madres.  ‘Somos’ porque trabajamos de forma remunerada, y escondemos bajo la alfombra las labores que llegamos desesperadamente a hacer a casa por la tarde: el mantenimiento de la vida cotidiana, los cuidados domésticos, la crianza de los hijos.  Estamos definitivamente siempre definidas y determinadas. Y en nuestro caso lo correcto y lo prestigioso es trabajar fuera de casa porque eso te otorga una remuneración económica y estatus social, y tu trabajo en el hogar es algo que… simplemente tienes que hacer.  Desgaste seguro.  La sobrecarga de trabajo fuera más la culpa que se te inculca por todos los poros por ‘no estar con tus hijos’ sumado al cansancio que involucra el cuidado de tu hogar por la carga emocional que ello  conlleva es la verdadera recarga que llevamos las mujeres.  Partidas y sobrecargadas nos juzgamos incluso nosotras mismas y con ello caminamos renunciando a todo nuestro poder. Buscamos siempre complacer al resto, menos a lo que sentimos.

En mi caso tuve solo dos opciones: seguir trabajando en una oficina tiempo completo, o no trabajar de forma remunerada.  En la mayoría de los casos no hay términos medios. Nos siguen partiendo en dos. Y optar por dejar de trabajar te obliga a hacer varias otras renuncias: dejas prácticamente de ser un ente económico-social y con ello te quedas sin previsión médica, dejas de cotizar para tu jubilación, tus bolsillos se adelgazan considerablemente, entre otras cosas.  Te vuelves una paria, y el destino quiere deshacerte a punta de piedrazos con tu pelo sin peinar y tu cara sin maquillaje, porque el trabajo en casa es arduo y hay veces que no te deja tiempo para peinarte. Parece un triste desenlace.

Sin embargo, poco a poco te vas dando cuenta de que tu labor hogareña tampoco te deja tiempo para la angustia, pues tienes que levantarte sí o sí por las mañanas, porque nace un nuevo temple en ti, porque los niños te infunde una energía imprudente y bendita.   La valentía que te da la decisión intrépida de desafiar un sistema anti maternidad y que descalifica constantemente los cuidados domésticos y de crianza, es un insolencia que solo las mujeres podemos darnos el lujo de hacer.  El valor de sentir que las mujeres no somos seres partidos, que podemos trabajar, estudiar, ser madres y criar al unísono es un universo integral posible si tuviéramos un poco de comprensión y apoyo.  El coraje que nos infunde la potencialidad que tenemos de amar representa nuestra expansión máxima en las diversas actividades que podemos llevar a cabo.  Y este mundo puede ser otro si la idea de cuidar a nuestros hijos en casa con nuestro cuerpo sale a la luz, se visibiliza y deja de ser un espécimen en extinción.  Es posible hacer un cambio radical en nuestros estilos de vida si la idea escindida de aquella mujer que siempre tiene que renunciar a algo para hacer lo que realmente siente desaparece para siempre de nuestro imaginario.   

Estoy convencida de que es necesario cambiar la visión que tenemos como sociedad acerca del trabajo, sobre todo del trabajo que hacemos las mujeres.  Sea este remunerado o de cuidado en el hogar, cualquier trabajo es dignificador y altamente necesario.  No creo que existan trabajos de mayor o menor categoría.  Cambiar esta visión empieza desde casa, el punta pie inicial debemos darlo las mujeres haciendo el cambio interno y sintiendo que los quehaceres internos, sean estos personales u hogareños, y principalmente las actividades que conlleva la crianza de los niños – y hablo de una crianza presente -  son labores altamente gratificantes y llenas de riqueza para el grupo familiar en un ambiente cooperativo.   Por otra parte, si los sistemas laborales abrieran sus puertas a la idea de esquemas de trabajo más flexibles para las madres, las mujeres podríamos conciliar de una forma más íntegra y mucho más honesta, teniendo libertades para elegir opciones que concuerden sinceramente con lo que sentimos. 


Amamanto al más pequeño mientras enseño a escribir a mi hijo mayor, los artículos para el blog bullen en mi cabeza y las oportunidades para realizar mil actividades que me interesan y me apasionan florecen por doquier.  El miedo por su parte sigue instaurado en mi, aunque he decidido conscientemente mantener su jaula con candado. Miro de frente cada amenaza que aparece.  En eso,  miro a mis niños y pronto descubro que la primavera ha llegado y que hoy hice una promesa para ir al parque a jugar a la pelota.  


Este texto aparece en la Tercera Edición de la Revista Espacio Mamaluz dedicada a la Semana Mundial de la Crianza en Brazos.  
No se la pierdan!! http://issuu.com/espaciomamaluz/docs/revistamamaluz3

miércoles, 2 de octubre de 2013

El puerperio en el siglo XXI

Ilustración de Jazmin Varela


He estado un poco atareada este último tiempo, con muchos proyectos y con una infinidad de cambios.  Gabriel pronto cumplirá 2 años y con esto  estaría yo terminando mi puerperio, si este dura efectivamente 2 años como dice Laura Gutman.  Mi niño está muy grande y no puedo dejar de sentir algo de nostalgia por ir dejando atrás esa fusión emocional intensa de los primeros días. Pero también van abriéndose nuevos caminos y nuevos desafíos, y siento que la transformación que ocurre durante el puerperio puede seguir su curso y crecer. 

A continuación les dejo un texto de Laura Gutman acerca del puerperio que las mujeres enfrentamos hoy en día.   Reflexiones importantes a la hora de tomar conciencia de que los que nos pasa cuando nacen nuestros hijos son sensaciones y vivencias que vivimos en soledad, pero que les ocurren a todas las mujeres del siglo XXI.  Interesante! 

El puerperio en el siglo XXI

El puerperio es considerado usualmente como un período de desequilibrio para la mujer que dura alrededor de 40 días después del parto, tiempo que fue estipulado -ya no sabemos por quién ni para quién- y que responde a una histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.

Personalmente, considero que el puerperio, en realidad es el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una diferencia evidente entre el caos de los primeros días, la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas o el vínculo con un bebé que ya camina.

Estos dos años tienen que ver con el período de completa “fusión emocional” entre la madre y el bebé, es decir, con la sensación de la madre de vivir dentro de las percepciones y experiencias del bebé, sintiéndose “desdoblada física y emocionalmente”. ¿Por qué dos años? Es posible reconocer en el niño el lento despegue de la fusión emocional, alrededor de los dos años de edad, cuando puede empezar a nombrarse a sí mismo como un ser separado, cuando puede decir “yo”. La madre vive una situación análoga, pero sin tanta consciencia. De hecho, alrededor de los dos años del niño, toda madre también recupera ese “ahora soy yo misma”, sintiendo deseos genuinos de “volver a ser la de antes”, con intereses y proyectos que no incluyen necesariamente al niño.

Mi intención, por lo tanto, es que reflexionemos sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. Se trata de abordar la cualidad invisible del puerperio, el sub-mundo femenino, los campos emocionales, lo que nos sucede aunque no lo podamos abordar con palabras concretas.

Básicamente quiero recalcar que las mujeres merecemos obtener cuidados, comprensión, aceptación y protección, traduciendo de este modo que lo que nos pasa internamente, “es correcto” y no hay nada diferente que tendría que suceder. Con un bebé en brazos, habiendo atravesado un parto, en plena desestructuración emocional, bajo los efectos de la pérdida de nuestra identidad; lo menos que podemos anhelar es estar desorientadas. Por eso necesitamos acompañamiento y permisos para aprender a navegar el puerperio que viene en formato invisible, sin bordes, sin horarios, sin lógica y sin razón.

En sociedades donde las mujeres se hacían cargo comunitariamente de la crianza de los niños mientras los hombres se ocupaban enteramente de procurar el alimento, el puerperio funcionaba como un tiempo de reposo y de atención exclusiva para el recién nacido. No había apuro para abandonar ese estado de entrega y silencio, de leche y fluidos.

Nuestra realidad social es otra. Vivimos en familias nucleares, en departamentos pequeños, a veces alejados de nuestras familias primarias y en ciudades donde no es tan fácil reemplazar a una comunidad de mujeres que alivian las tareas domésticas y construyen una red invisible de apoyo. Sin embargo todas las puérperas necesitamos esa red para no desmoronarnos a causa de las heridas físicas y emocionales que nos dejó el parto. Por otra parte, es evidente que 40 días es demasiado poco para recuperarnos, sobre todo cuando no hay nadie defendiendo las necesidades impostergables de la díada mamá-bebé, no hay una comunidad femenina para cuidarnos y además la mayoría de las mujeres somos expulsadas tempranamente al trabajo.

El panorama es desalentador para las mujeres modernas y urbanas, aunque pensemos que esto hace parte de la liberación femenina: en realidad no hay verdadera elección, casi nadie está en condiciones de decidir cuánto tiempo necesita quedarse con el bebé y cuándo es el momento adecuado para cada una para reincorporarse a la vida laboral. Y esto no está sólo pautado por las necesidades económicas, muchas veces reales. Sino sobre todo por una identidad construida casi integralmente en el ámbito del desarrollo laboral, y por lo dificultoso que resulta quedarnos sin referentes en el terreno de las emociones, la conexión con la interioridad, el contacto corporal, el tiempo fuera del tiempo y prácticamente nadie para acompañarnos en esta expulsión de hecho de la vida “normal”.

Por eso sería pertinente ofrecer información realista con respecto a las sorpresas que nos depara el puerperio a varones y mujeres. Tenemos que difundir con mayor precisión los conceptos sobre la naturaleza de la fusión emocional entre la madre y el recién nacido, sobre las necesidades específicas de una mujer puérpera y sobre los cuidados indispensables que debe recibir. De esta manera cada pareja podrá determinar si está en condiciones de generar el cuidado necesario tanto para la madre como para el bebé, o si necesitan buscar fuera del núcleo familiar ayudas complementarias.

A las mujeres nos corresponde también encontrar nuevas maneras de integrar nuestro propio desarrollo personal y la maternidad, de un modo que sea saludable, acorde a los tiempos que vivimos, pero sobre todo, completamente honesto con nuestro ser esencial.


Laura Gutman

jueves, 5 de septiembre de 2013

Una verdadera bendición: Entendiendo el poder de la menstruación

Soy traductora de profesión y hoy he vuelto a recordar lo apasionante que puede ser la actividad de traducir, sobre todo en temas que son para mi muy importantes.  A continuación les dejo un texto importante que encontré de Alexandra Pope, una psicoterapeuta australiana considerada un referente mundial en salud femenina basada en un profundo conocimiento del ciclo menstrual. Es autora de “The wild genie” sobre el poder curativo de la  menstruación, co-autora de  “The Pill: Are you sure it´s for you? (La píldora: ¿estás segura que es para ti?) en el que aborda los mitos de la contracepción y explica los riesgos y desventajas de la píldora anticonceptiva y otros métodos hormonales.
Que lo disfruten!



Una verdadera bendición: Entendiendo el poder de la menstruación
Por Alexandra Pope, 2002
Traducción: Paulina Martínez Puebla

El ciclo menstrual, el barómetro sensible al estrés en una mujer, es un sistema altamente sofisticado para medir/sentir el bienestar físico y psicológico.  La menstruación es un momento iniciático.  Las mujeres pueden potencialmente tener una apertura hacia un estado de conciencia alterado muy intenso, otorgándoles una especie singular de poder, el poder que entrega la autoconciencia, el sentimiento profundo, la sabiduría interna, la intuición.  Un poder que va madurando con el pasar de cada ciclo menstrual. 

A muchas mujeres puede sonarles extraño hablar del ciclo menstrual y de la menstruación como algo tan útil y poderoso, más allá de la potencialidad que tiene para concebir bebés.  Esto no es sorprendente.  Por mucho tiempo, las mujeres hemos sido oprimidas y reducidas en relación a nuestro cuerpo. Si reflexionamos un poco, caemos en cuenta de que para crecer profesionalmente tenemos que negar la vida que acompaña a nuestros úteros y silenciar nuestra autoridad emocional interna por el miedo a que se nos catalogue como una ‘pérdida’ o una persona ‘no racional’, en otras palabras, que se nos etiquete como ‘no inteligentes’.  La palabra ‘hysteria’ viene de la palabra útero en griego, hustera.  Nuestros úteros fueron vistos como órganos inestables, haciéndonos a nosotras inestables.  Y a pesar de que la ciencia médica ha avanzado en aquellas nociones que datan aproximadamente desde el siglo XV, en la actualidad todavía perdura la sensación de que las mujeres somos seres esencialmente impredecibles y no confiables debido a su ciclo menstrual. 

No es de extrañarse que las mujeres tengan mucho cuidado a la hora de expresar alguna facultad que no provenga del intelecto.  Es decir, una facultad que provenga desde su saber interno, desde la plenitud de los sentidos y de la naturaleza sensual.  Las emociones han ganado algo de valor desde hace algunos años atrás.  Hace muy poco el concepto de inteligencia emocional saltó a la palestra, y solo ahora que la Ciencia (lo masculino) descubrió grandes evidencias  es que las Emociones (lo femenino) han podido ganar respeto! 

Tomará todavía algún tiempo para que seamos capaces de iniciar nuevamente nuestra apertura hacia la experiencia plena disponible para nosotras durante la menstruación.  Primeramente, es importante reconocer que los ciclos son prácticamente la base de la vida. Los ciclos son medios a través de los cuales la naturaleza y los humanos se regeneran.  Ir en contra de ellos es una receta segura para el desastre.  El atender a los ciclos nos aporta riqueza y conexión con la vida.  Las mujeres que medican su ciclo menstrual por medio de la Píldora están en peligro no solo de dañar su salud física, sino que también están en riesgo de castrar las profundidades de su naturaleza interna.  Hay algo que nunca se sentirá completo. 

Las tendencias en la fase ovulatoria del ciclo están más focalizadas en lo externo, lo lineal, en la parte izquierda del cerebro, con sentimientos de claridad (estabilidad emocional) y sensación de productividad, con toda la energía para otros.

A medida que entramos en la fase menstrual del ciclo, las mujeres tendemos a volvernos más focalizadas en lo interno.  La transición a este estado interior está frecuentemente marcada por sentimientos de irritabilidad, ira, agobio, mayor ensoñación y vaguedad.  A menudo percibimos a la gente a nuestro alrededor como irritantes. Los opuestos se amplifican.  Por ejemplo, puedes sentirte impulsada o con mucha energía en un momento y luego inmediatamente sentir exactamente lo opuesto, volviéndote a la deriva y entrar en ensoñación.  Un sentimiento de intencionalidad puede alejarse para ser reemplazado por un cuestionamiento acerca de la vida.  Esto también puede tomar forma de crítica o cuestionamiento hacia uno mismo o hacia otros, o llegar incluso a una simple depresión.  Igualmente, también hay momentos de expansión e incluso de paz (si no estás tan ocupada o sobrecargada), sentimientos de apasionamiento, intuición aguda, habilidad psíquica, y mayor intensidad de los sueños.  La característica dominante de esta fase es la sensibilidad.  Nos volvemos más permeables tanto hacia nuestro interior como hacia el mundo externo.

Irónicamente, el poder de la menstruación proviene desde un aspecto que usualmente condenamos en nosotras mismas hoy en día: esta aguda sensibilidad, la cual es una apertura maravillosa al sentimiento y al espíritu.  Si pudiéramos vivir esta apertura con una gran aceptación, experimentaríamos la iluminación y sabiduría interna impregnando la totalidad de nuestra vida.  Nuestros sentimientos profundos son ellos mismo una inteligencia impresionante, una forma de saber, a veces profética que va más allá de las realidades superficiales.  Sin nuestra capacidad de sentir profundamente y con claridad, incluyendo el percibir lo sentimientos “negativos”, la vida carecería de significado e intimidad, de éxtasis y felicidad.  

La sensibilidad se extiende más allá de la superficie de nuestra alma, animándonos a examinarnos y desafiándonos a nosotras mismas y al mundo en el que vivimos.  Si los objetivos se perciben demasiado abrumadores y la sensibilidad durante la menstruación se vuelve muy agobiante, no debemos ni condenarnos nosotras mismas ni a la menstruación.  Eso sería como cerrarle la puerta al mensajero.  En lugar de ello debemos aprender a valorar y aprovechar el poder que viene desde nuestra gran apertura.  Es necesario crear un altar para las formas femeninas de conocer o percibir, aquellas que pueden rastrear un sentimiento, escuchar el instinto de las entrañas, notificar las sincronicidades, captar los flashes intuitivos y reconocer las conexiones entre todas las cosas.  El intelecto tiene un increíble alcance y sabiduría gracias a estas habilidades de conocimiento. 

Es mucho lo que se adormeció, amortiguó y aplanó en nuestra vida durante la era post industrial y de alta tecnología.  Solamente hay que ver la prisa con la que vivimos la mayoría de nosotros y la consecuente fatiga que ésta genera, las mismas que caracterizan de una forma triste nuestros sentidos y nuestro espíritu.  La menstruación es una vuelta al cuerpo y a la consiguiente revitalización de esos sentidos. Podemos encontrar muchas distracciones inevitables en la medida que “re entramos” o “re conectamos” y volvemos a despertar, metafóricamente  y literalmente, las terminaciones nerviosas.  Yo siento que mucha de la rabia y frustración premenstrual es una indignación del alma ante la cantidad de “falta de alma” que existe en la actualidad, inclusive en los entornos espirituales.  La vida de nuestros cuerpos sensuales, cuerpos de éxtasis, se ve erosionada fácilmente desde cualquier ángulo.  Sin la vivencia de nuestros “cuerpos”: la vitalidad de nuestros sentidos, el placer de nuestros ricos y complejos sentimientos, perdemos nuestra humanidad. 

En las tradiciones nativas Americanas se dice que la mujer re-sueña o vuelve a soñar el mundo cuando sangra.  La revitalización de todos sus sentidos le permite “ver” el mundo nuevamente con nuevos ojos.  Ella se ve privilegiada en ese momento de extraordinaria intimidad, con la particularidad de las cosas, como si ella estuviera sintiendo con todo su ser. Los momentos de epifanía, amplitud y visión son de ella.

La intensidad de la menstruación va a variar de mujer en mujer dependiendo de cada temperamento individual y disposición a cortejar la vida desde nuestros cuerpos. Todas tenemos nuestra propia forma de vivirlo.  Mientras las cualidades que describo son un determinado hecho, ya que vienen de manera espontánea, la tarea de una es darles espacio.  No se imaginen que pueden continuar de la misma forma que antes… trabajando, trabajando, trabajando.  La quietud, el silencio y la soledad así como el cuidado y el amor por ti misma son los aliados en este proceso.  Para algunas de ustedes puede ser un proceso más tranquilo y más sutil, para otras puede ser increíblemente intenso.  Muchos de nuestros síntomas son la parte sombría del no entendimiento de las fuerzas contra las que luchamos en ese momento del ciclo.  Aquellas que sufren menstrualmente cargan las ‘voces’ desposeídas de la menstruación de todas nosotras. 

Mensualmente una mujer tiene la oportunidad de cultivar la facultad interna de su cuerpo a través del ciclo menstrual.  Las enseñanzas de  los nativos Americanos establecen que en la menarquía la mujer entra en su poder, la mujer practica ese poder durante los años en que menstrúa y en la menopausia ella se vuelve ese poder.  El verdadero poder viene de nuestra capacidad de viajar tanto en los mundos internos como externos, para experimentar las profundidades emocionales y espirituales en conjunto con nuestra rigurosidad intelectual.  Esto es verdad para hombres y mujeres.  Las mujeres somos bendecidas con un proceso interno, el ciclo menstrual, que nos recuerda y apoya esas capacidades.  Este es un gran regalo.  Una verdadera bendición.

Ver el original en: http://www.wildgenie.com/articles_fs.html





jueves, 29 de agosto de 2013

Beneficio de Salas Cuna: ¡Las mamás queremos estar con nuestros bebés!




Es así de sencillo: las mamás queremos cuidar nosotras mismas a nuestros bebés, ¿hay algo de raro en ello? Y lo más importante de anotar:  no creo que exista ningún bebé sobre la faz de la tierra que no quiera y necesite primordialmente estar con su madre.  Qué es lo raro en esta escena? La escena rara para mí es un bebé en una guardería.

Hace algunos días han anunciado con bombos y platillos en Chile que se amplía el beneficio laboral que existe en relación al derecho de Salas Cuna.  Este beneficio (si así puede llamarse) se remite a que cada empresa que tenga más de 20 trabajadoras mujeres, debe proveer de salas cuna para que ellas puedan dejar a sus hijos mientras trabajan.  La gran noticia que nos dan hoy es que ahora todas las empresas, ahora incluso las que tienen menos de 20 trabajadoras, deberán proveer salas cunas para sus trabajadoras.  La mejor parte es que el dinero para costear este beneficio provendrá del seguro de cesantía que cada trabajador y empresa debe costear, es decir se verá reducido este ítem, por lo que en caso de cesantía el fondo tendrá menos dinero.  Eso contado de manera simple.

Según explicaron las autoridades la iniciativa tiene como objetivo aumentar la fuerza laboral femenina y equilibrar la igualdad de género en el mercado laboral. Bravo.  Todas las medidas que se toman a nivel laboral siempre están orientadas al bienestar de los seres humanos, claro en este caso existe una salvedad, no se pensó en absoluto el bienestar de los bebés, ni tampoco en la salud mental de las madres, si no que en engrosar la fuerza laboral femenina y como si fuera poco equilibrar la igualdad de género en el mercado laboral. Bravo. Estos últimos beneficios son de lo más importante, tanto que su importancia sobrepasa a la importancia de la salud primaria de seres humanos. 

Cada día salen a la luz más y más evidencias de la necesidad primordial del contacto piel a piel en nosotros los seres humanos, sobre todo en nuestros primeros años de vida.  Los canguros llevan en su bolsa a su cría hasta que su gestación exterior o exterogestación está completa y es capaz de alejarse de su madre por su cuenta. Nosotros somos parecidos a los canguros:  los bebés humanos nacen también inmaduros. Es más,  los bebés humanos siguen siendo en realidad más desvalidos que las crías de cualquier otra especie, su cerebro sigue su maduración durante mucho tiempo después de su nacimiento.  Y en este proceso es de fundamental importancia la madre.   Aunque el nacimiento puede ser visto como una separación de la madre y el bebé, los bebés necesitan primordialmente  estar en contacto constante con el cuerpo de sus madres después del nacimiento y durante sus primeros años de vida. Este período de gestación exterior tiene que ser respetado ya que no es sólo una cuestión sentimental, sino una cuestión con un impacto profundo en el desarrollo físico, emocional y psicológico del niño. Y por supuesto también de la madre quien por naturaleza tiene todo su cerebro y su ser orientado a cuidar a su cría, difícilmente puede hacerse cargo de otros trabajos.

En Chile hemos obtenido bastante con la ampliación del permiso postnatal de las 12 semanas que teníamos hasta hace 2 años, a las 24 semanas que tenemos en la actualidad.  En comparación con muchos países estamos viviendo un postnatal de lujo.  Pero esto no es precisamente un lujo.  La salud y los procesos de los bebés y de las mujeres no tienen fecha límite de 24 semanas, es decir no es que el proceso del embarazo y el nacimiento de un hijo se acaba de un día para el otro, lo insertas a él en lo que nuestra cultura considera que es lo normal y te insertas tu en tu vida normal y ya está.  No señores, los humanos somos de procesos complejos.  Las guarderías no son lugares para el óptimo cuidado de un bebé, ni por más buena voluntad de la funcionaria que cuida a 5 o más bebés.  Las guarderías son solo lugares funcionales que permiten que los padres puedan seguir trabajando, son lugares para que el “importante” mercado laboral no pierda sus trabajadoras y su producción.  Son lugares para que nadie pierda ni su trabajo ni su producción,  pero no son lugares para los niños porque ellos son los únicos que pierden.

Las guarderías, como muchas de los aspectos de nuestra sociedad, parecen ser maravillosos lugares, pero tan solo son lugares fríos donde no hay abrazos ni calor humano honesto de verdad.  Las madres queremos que sea así para poder seguir adelante. Todo nuestro entorno se empeña en decir que claro es el mejor lugar para que el niño se haga independiente y sociabilice, incluso a meses de su vida. Pero no, todas las madres sabemos que esto no es así, sabemos de sobra lo que queremos y lo que quieren nuestros hijos.  Es duro pero es cierto. 

Y no es que esté en contra de que la mujer trabaje, ni tampoco que no tenga conciencia de que hay muchísimas mujeres que no tienen otra opción que dejar a sus niños y salir a trabajar.  Lo sé y lo he sentido en carne propia.  A lo que quiero aludir en este escrito no es a la mujer que trabaja y que tiene ya suficiente culpa y dolor por hacerlo y no poder hacer caso a su instinto y su ser.  Lo que quiero es por lo menos que tomemos conciencia es que no es que nosotras estemos falladas por tener la maternidad en nuestra esencia, o porque nos quedamos embarazadas o porque queremos con todo nuestro corazón estar con nuestras crías. No, no somos nosotras, es el famoso mercado laboral el que no se adecúa a las necesidades primordiales y humanas.  Es este sistema el que tiene la falla de no ser flexible, de ser estático y estricto y de solo pensar en su único beneficio y de encima aprovecharse de la necesidad y de las pocas opciones de muchas mujeres. ¿Por qué en vez de gastar tanto dinero en hacer políticas, en reacomodar leyes, adecuar grandes recintos como las guarderías, no utilizan ese dinero en poder conciliar verdaderamente las necesidades de mujeres e hijos privilegiando por sobre todo la necesidad de que este binomio se mantenga unido? ¿Por qué no ajustar el sistema laboral de tal manera que se pueda conciliar la unión mamá-hijo y trabajo,  dando la oportunidad a las madres de trabajar desde casa o de tener jornadas cortas por poner algunos ejemplos? Eso sí que sería equilibrar la fuerza laboral femenina y alcanzar la igualdad de género en el mercado laboral, no construyendo más guarderías. 

El ministro de trabajo de Chile afirma: Este es un beneficio que viene a corregir una serie de distorsiones del mercado laboral, que impiden la participación laboral femenina y que, además, viene a emparejar la cancha para que todos los niños en esa edad tan importante, entre los 0 y los 3 años, tengan el cuidado que necesitan”, y vuelvo a sentir que por el solo hecho de ser mujer y madre soy una “distorsión del mercado” pues mi maternidad me impide brutalmente la participación laboral normal, porque claro, quiero estar con mis hijos!.  Por otro lado no entiendo eso de que emparejar la cancha para que todos los niños en esa edad tan importante (entre 0 y 3 años) tengan el cuidado que necesitan, es decir, ¡¡¿consideran como política pública que el cuidado de una guardería es el óptimo?!!!   El cuidado que necesitan los niños es el de su madre, eso todo el mundo lo sabe, no necesitamos que vengan grandes estudios ni investigaciones extranjeras a decírnoslo.  Las madres queremos cuidar a nuestros hijos, y los hijos que recién venimos a este mundo queremos y nuestro único modo de vida es estar con nuestra madre.  ¿Es tan difícil entenderlo? ¿Es tan difícil adecuarnos a esta necesidad primordial del ser humano?





jueves, 15 de agosto de 2013

Reflexiones acerca de nuestro Ciclo Menstrual



En mi caso, la maternidad trajo consigo sin duda alguna y sin derecho a negarse, la conexión profunda con mi propio cuerpo.  Solo cuando sentí que algo dentro mío era diferente, pude darme cuenta de lo desconectada que había vivido conmigo misma, con mi ser interno y con mi ser físico.  Solo cuando descubrí que yo llevaba otra vida dentro de mí, descubrí que mi vida era tan importante como la que llevaba en mi útero y más aún, descubrí que todo los esfuerzos que yo había hecho para habitar el mundo allá afuera, no servían de mucho, pues lo que yo siempre había necesitado era habitarme dentro, en armonía con quien yo verdaderamente era.

Entre los aspectos importantes que descubrí fue que mi ciclo menstrual era perfecto, que siempre había estado en mi cuerpo y al que yo nunca había dado tanta importancia, al contrario había casi siempre despreciado. Siempre había intentado hacerse oír, pero yo lo silenciaba.  Esta vez la ausencia de mi menstruación –esa tan temida ausencia otrora- había traído a mi vida una felicidad que encandilaba.  Mi menstruación no llegó porque se volvió nido. Este hecho tan sencillo y simple revestía en mí la culminación de un desconocido y acallado anhelo. Entonces entendí su importancia en mi cuerpo y en mi vida.

En una sociedad por excelencia masculina, donde los aspectos femeninos –sensibilidad, flexibilidad, variabilidad, etc.- se prefieren ocultar, es normal que la mayoría de las mujeres renegamos de nuestra condición menstrual.  Normalmente es una “lata” estar “indispuesta” y lo único que quieres es que aquellos 3 o 4 días pasen rápido, sin que se note allá afuera ni que se entere nadie. Salir airosa de esos días impertinentes es el único objetivo.  Los días de menstruación son un verdadero pesar.  Con esta actitud solo negamos nuestra identidad, contraemos el útero para que “no se note nada” y empieza el dolor: el dolor físico, emocional, etc.

Desafortunadamente, las mujeres no hemos sido educadas en conocernos a nosotras mismas, en conocer un aspecto femenino primordial y que nos define como mujeres: nuestra capacidad básica de ser madres y en general nuestra capacidad creadora. Estas capacidades nos la representa nuestro ciclo menstrual.  Este ciclo se divide en cuatro fases: preovulatoria, ovulatoria, premenstrual y menstrual. Cada una de estas fases trae consigo una serie de cambios corporales a nivel hormonal y de diferentes actitudes emocionales y mentales.  Estas actitudes son las que hoy en día nos traen tantas molestias debido a nuestra nula comprensión y tajante negación de lo que pasa en nuestro cuerpo.  Nos han enseñado a que ser mujeres, con todas sus irregularidades y cambios, es intolerable e importuno y de ahí la lucha eterna de parecernos cada vez más a un hombre estrictamente estable. 

En este punto vuelvo y rescato, si conocemos nuestro ciclo menstrual por fin nos entenderemos.  Si dejamos de lado al fin la lucha por esconder nuestra esencia femenina, entenderíamos por ejemplo, que este ciclo menstrual es un reloj perfecto que nos permite ser actrices e interpretar variados papeles en nuestra vida sin perder nuestra esencia. Podemos ser creativas, podemos crear, podemos retraernos, podemos descansar.  Tenemos todas esas posibilidades y más dentro de nuestro ciclo en aproximadamente un mes. Y se nos abren tantas posibilidades en nuestra vida entendiendo esto, dejamos de oponer resistencia, nos damos la oportunidad de conocernos, crecer, expandirnos, gestar, retrotraernos y renacer. Fluimos con la vida y dejamos de ver como una carga nuestro ser esencial.

Ha llegado la hora de poner fin a los tiempos en que la mujer vive escondiendo su estilo cambiante tratando de parecer estable. Ha llegado la hora de aceptarse hermana de la luna y comienza a ver con otros ojos como cambia a lo largo de su ciclo y disfruta con intensidad su luna nueva, su luna creciente, su plenilunio, su luna menguante.  Ha llegado la hora de poner fin a las enseñanzas culturales que amargamente nos enseñaron a ver nuestra menstruación –fase patente de nuestro ciclo menstrual-  con asco, pudor y vergüenza. Ha llegado la hora de reconectar con nuestros ciclos  que nos muestran el camino hacia el desarrollo de una nueva femineidad consciente.  Atenderlos es entrar definitivamente en nuestro cuerpo y habitarlo con gozo.  Tomemos consciencia de ello.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Lo bello de nutrir y amar


Para las que miraron con extrañeza la boca de su hijo en su pecho por primera vez..

Para las que lloraron de dolor en sus pezones…

Para las que sintieron mil agujas en los pechos…

Para las que sintieron la tensión y los pechos colmados…

Para las que sintieron desde sus axilas como una ola intensa las abrazaba..

Para las que vieron en la boca de su hijo vías lácteas amarillas, blancas y rojas..

Paras las que los primeros días entraron en un tiempo sin tiempo y estuvieron con el bebé día y noche al pecho…

Para las que sintieron que habían nacido solo para ello…

Para las que sintieron impotencia y desesperación esos momentos…

Para las que sintieron poco cobijo en la inmensidad de los pechos llenos y un niño llorando…

Para las que no sabían cómo enganchar a su hijo en su pecho para que siguiera alimentándose…

Para las que comenzaron a recibir consejos desafortunados…

Para las que recibieron diagnósticos desgarradores y se sintieron inútiles…

Para las que llorar y amamantar fue una constante…

Para las que tuvieron que enfrentar sus sentimientos con los cálculos pediátricos...

Para las que no tuvieron más remedio que creer que su leche era aguada, que no alimentaba…

Para las que no creyeron que su leche no alimentaba…

Para las que tuvieron que comprar una mamadera y leche en polvo con resignación y dolor…

Para las que compraron la mamadera y leche en polvo resueltas y seguras…

Para las que lucharon con los consejos y con tozudez siguieron con lo que les dictaba el corazón…

Para las que la lucha con los consejos fue demasiado cruenta y tiraron la toalla…

Para las que dieron teta por poco tiempo…

Para las que no dieron teta…

Para las que supieron conciliar entre los diagnósticos de bajo peso y mantuvieron una lactancia mixta…

Para las que dieron la lucha, y pronto se enfrentaron a su realidad laboral…

Para las que lloraron cuando tuvieron que volver a trabajar…

Para las que  sintieron desangrarse cuando su hijo no quería aceptar el chupete plástico mientras ellas trabajaban…

Para las que llegaban corriendo a casa por la tarde y ofrecían a su hijo sus pechos por horas durante la noche…

Para las que siguieron llorando en sus lactancias…

Para las que tuvieron que sacarse leche en un baño…

Para las que no pudieron sacarse leche en un baño…

Para las que dieron teta por las noches durante años…

Para las que después de años siguen dando teta…

Para las que no estuvieron embarazadas y alimentan a sus hijos con todo el amor que tienen en las entrañas…

Para las que han hecho caso omiso de las recomendaciones y los malos presagios para sus hijos por ser poco independientes…

Para las que no creen en las exigencias actuales de vanidad que sacramentan sus pechos…

Para las que no se asustan por los diagnósticos terribles en torno a su salud por seguir dando teta a sus hijos de 1 o 2 o 3 o 4 o 5 años o más…

Para las que se horrorizan por ver como otras amamantan pasados los 2 años…

Para las que han respetado sus tiempos y los de sus hijos y han destetado o mantenido la lactancia de acuerdo a los ritmos de la diada mamá-hijo…

Para las que destetaron por cansancio…

Para las que les dolió en el alma destetar por hacer caso a agentes externos…

Para las que destetaron y se sintieron felices…

Para las que destetaron y se sintieron tristes…

Para muchas más…

Lo bello es amar y admirar la naturaleza que sigue su curso en nuestro interior, en nuestro corazón, con su líquido lácteo y alegre inundando la boca de los niños.  Mujeres! ustedes han pasado por los mejores momentos de sus vidas, porque la vida misma les ha regalado la epifanía de ser madres, la suerte más grande que puede tener una mujer que ha decidido ser consciente del proceso maravilloso que es gestar y criar.

El nutrir un bebé es una experiencia iluminadora y que en los días que corren no es algo fácil, una experiencia única que nos permite desarrollar las más altas cualidades que podemos tener los seres humanos: la paciencia, la compasión, la tolerancia, el autoconocimiento y la capacidad de sanar, e ir más allá de nosotras mismas, de crecer.

Han tenido la oportunidad grandiosa de llenar por completo un espacio vacío que lleva el alma, y lo han hecho de la mejor forma, de acuerdo a las circunstancias y a lo que ha dictado su alma.  La nutrición más grande que pueden dar a sus hijos es la lactancia, sea esta física o energética,  una lactancia consciente que nutre no solo a  sus hijos, si no a ustedes mismas y al universo entero.  Las posibilidades de poder llenar físicamente los pechos de leche muchas veces, dada la poderosa corriente que nos lleva hacia el artificio hoy, es una lucha complicada.  Sin embargo, en la plenitud de nuestro sentimiento materno, la cascada láctea que llevamos dentro como mujeres y madres, se llama AMOR, y esa leche es totalmente a prueba de consejos, ideas preconcebidas, descalificaciones y condicionamientos.  Es esta plenitud, espléndida flor de amor, la que nos ha llevado a todas a amamantar de mil modos, de nutrirlos con afecto, alimento y calor.  Este tesoro escondido lo llevamos dentro generosamente colmando abundantemente corazones y alma, iluminando vidas como una verdadera lámpara láctea.


Y seguimos amando…