jueves, 20 de septiembre de 2012

Criando con amor y respeto

Uno  de los últimos libros que he estado leyendo es el “Bésame Mucho” del pediatra español Carlos González, y a quien hace unas semanas tuve la suerte y el placer de escuchar en persona.  Al tener este libro en las manos, una de las cosas que primero salta a la vista es el subtítulo: “Cómo criar a tus hijos con amor”.  Este subtitulo, para mí es bastante decidor en el ámbito de crianza,  pues a quién se le ocurre que uno no cría con amor? o bien quien no siente amor por sus hijos? Y aquí reflexiono que es tan lamentable al punto de desconexión con nosotros mismos al que hemos llegado, que es imperioso escribir y explicitar algo que nos debiera ser tan natural y obvio a nuestro sentido común: que los hijos se deben criar con amor. 

Dentro de las innumerables falacias que arrastramos culturalmente, está aquella que plantea que hoy en día los niños son unos verdaderos tiranos, cuyo único fin es manipularnos y fastidiarnos la vida.  De ahí que nacen millones de “manuales” para enseñarnos el adiestramiento de niños con métodos más o menos efectivos, pero que no tienen ningún indicio de sentimiento amoroso.  Por otro lado, también culturalmente nos instan a convencernos de que amar a nuestros hijos es llenarlos de artilugios plásticos y cuando son más grandes también se les trata de convencer de que el verdadero amor de sus padres es cuando les compran la mayor cantidad de juguetes.  Así, nos movemos entre estas dos visiones tan antagónicas como absurdas, las cuales en su profundidad incentivan únicamente el consumo.  Si logramos tener la claridad que ambas son visiones impuestas por una sociedad de mercado, creo que podemos salvarnos y salvar nuestra especie. 

Es necesario además concientizar los patrones de crianza que llevamos impresos en nuestra memoria cultural, es decir, la forma que nos criaron es la forma que aprendimos a criar.  Y probablemente tendamos a caminar por los mismos surcos que anduvieron nuestros padres, quienes a su vez arrastran otras memorias heredadas de crianzas antiguas. La forma que tengamos de entender a nuestros niños, va a ser la forma que tengamos de criarlos, y al enfocarnos en un hijo inmediatamente recordaremos al niño que fuimos.  Entonces, por qué no recordar también aquellos gestos amorosos que tuvieron nuestros padres que nos hicieron sentir bien para repetirlos, y aquellos que nos hicieron sentir mal pues para definitivamente desecharlos de nuestra crianza?

Entonces, teniendo claro que, muchas veces las visiones que tenemos hacia nuestros niños no involucran precisamente nuestros verdaderos sentimientos, podemos observarnos, sentirnos y conectar con aquellos sentimientos que emanan de nuestra alma cuando ponen al bebé en nuestros brazos al nacer. Esa sensación, que es indescriptible, poderosa y empoderante, es un sentimiento que nunca jamás nos abandonará.  Y es esa misma sensación la que debemos recordar cada vez que miremos los ojos de nuestros hijos, incluso en los momentos más tensos.  Esa sensación es el amor, esas emociones, experiencias y actitudes  de afecto, bondad, empatía y compasión son las que fundamentalmente deben guiar la crianza de nuestros hijos. Todo lo demás, aquello que nos viene de afuera, debe ser estudiado y filtrado, y lo que pueda ser rescatado debe ser integrado a aquella primera y primordial emoción. 

En el “Bésame mucho” se explicita de una forma muy didáctica que en el trato con los niños existen principios, una ética que debería estar sellada en el alma y el corazón de todos los que criamos y cuidamos niños, y que estos principios no son los que precisamente te da un manual de crianza o un consejo ‘bien intencionado’, aunque tenga métodos muy efectivos.   Y como dice Carlos González, ‘hay cosas que simplemente no se hacen’. Una crianza amorosa nos guía desde el instinto y desde los sentimientos,  porque es un hecho que queremos hijos felices.

Libros como estos son los que nos enfrentan a nosotros mismos, si queremos enfrentarnos claro. La crianza para mi es como un espejo, y se perfectamente bien que es bien difícil criar, o tener paciencia en ciertos momentos.  Sin embargo, cada vez que nos damos cuenta de que las formas que tenemos de tratar a nuestros hijos son las que hemos heredado culturalmente o bien las que nos han llegado ‘de por ahí’ o de un manual, es cada vez que tenemos el poder de modificarlas si sentimos que no es la forma más apropiada o la más respetuosa de tratar a nuestros hijos.   Cuando podamos entender, darnos cuenta de que lo que nosotros experimentamos cuando niños, es lo mismo que podemos hacer sentir a nuestros hijos, y cuando decidimos concientemente cambiar o intentar modificar una acción que derivó en un estado que no nos gustó sentir, es ahí cuando efectivamente podremos hacer una crianza amorosa y con conciencia.

La crianza con amor involucra, en mi opinión,  la empatía, el respeto hacia los procesos de nuestros hijos, la conciencia clara de que ellos y nosotros los padres estamos en un continuo aprendizaje.  Criar con amor y respeto significa entre otras cosas, atender primordialmente los afectos y las emociones de los niños y también, por supuesto, nuestros afectos, con cariño, tolerancia, comprensión y por sobre todo con conciencia.




Ilustración: Soledad Sebastian

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ser papá Ser conciencia



El emperador es el más grande de todos los pingüinos: un ejemplar medio mide unos 115 centímetros. Estas aves, incapaces de volar, viven en los hielos antárticos y en las gélidas aguas que los rodean. (…)
Los pingüinos emperador pasan el largo invierno en pleno hielo, e incluso crían durante esta estación inclemente. Las hembras ponen un único huevo que abandonan enseguida para emprender una larga expedición de caza que se prolongará ni más ni menos que durante dos meses. Dependiendo de la extensión de la plataforma de hielo, tendrán que viajar alrededor de 80 kilómetros para llegar al mar abierto, donde se alimentarán de peces, calamares y krill.(…)
Mientras la hembra está ausente, los machos mantienen calientes los huevos recién puestos, pero no sentándose encima de ellos para protegerlos de los elementos, como otras aves, sino manteniéndolos en equilibrio sobre sus patas y cubriéndolos con su piel emplumada, hasta formar un marsupio. Durante los dos meses que dura esta labor de canguro, los machos no comen nada y quedan a merced de los elementos antárticos.
Cuando las hembras regresan, traen el estómago lleno de comida, que regurgitan para alimentar al los polluelos recién nacidos. Mientras tanto, los emperadores machos, una vez cumplida su tarea, emprenden viaje hacia el mar en busca de alimento, mientras las  madres toman el turno para cuidar  de los polluelos y les dan cobijo con el calor de su propio marsupio. (…) *

 

Ya algún papá por ahí me preguntó que por qué ellos no salen muy nombrados en este blog, y no tuve mas remedio que contestarle algo que no me había planteado aún. La verdad es que escribo este blog desde mi punto de mamá, casi por instinto, y desde que la maternidad me tocó no pienso en otra cosa. Siempre he considerado al padre de mis hijos como un buen compañero, un apoyo incondicional, un buen padre, sin embargo, jamás me había cuestionado en este caso acerca del instinto paterno, y cuales son sus mecanismos, los mismos que sin duda presencio día a día.

Después de meditar acerca de la paternidad y el crecimiento personal que tengo la convicción pueden obtener también los hombres después de tener hijos, me convencí completamente de que acerca de paternidad solamente puede escribir un padre.  Sin embargo, creo que sería un buen ejercicio para una madre el tomar conciencia acerca de los procesos que vive su compañero, porque imagino deben de ser tan inmensos y variados como los de nosotras.  Quizás muchas veces el poder entender concientemente a aquellos que nos acompañan de cerca o de lejos en nuestra maternidad, también enriquece nuestro crecimiento y el de nuestros hijos.

Antes que nada, al hablar de paternidad, no puedo olvidar dos fotos que tengo guardadas en mi memoria y de paso en una cámara.  Ambas fotos contienen las escenas más bellas que puedo recordar dentro de la vorágine que fueron los nacimientos de mis dos hijos: su padre cargándolos por primera vez.  Aquellas escenas guardan para mí la esencia de cómo cambió mi compañero, de cómo cambió su vida cuando tuvo a sus hijos en brazos, de cómo su mirada se llenó de un amor distinto, de una fuerza y ternura distinta, una nueva magia. Para mi son las escenas-cimientos que expresan toda la ternura y las bocanadas de amor que comenzaron a materializar lo que es hoy mi familia.

Así que creo que puedo hablar desde aquí, desde mi experiencia obviamente.  Como ya dije, se me vuelve muy complicado hablar de este tema siendo yo una madre empedernida y minuciosa, sin embargo, presiento que al volvernos padres, hombres y mujeres no vamos por sendas tan separadas cuando tomamos las manos de nuestros hijos, si no que caminamos por el mismo sendero.  Simplemente, cada uno va en un extremo y en el medio van los niños. La maternidad y la paternidad son partes de una misma esfera pero con la mirada desde distintos puntos.

Sin duda, creo que los padres viven las mismas angustias y dichas que nosotras a la hora de convertirse en padres.  Dentro del sistema patriarcal en el que vivimos, en el cual todas las cosas están hechas para y por hombres, también existen terrenos agrestes y muy exigentes para ellos.  De partida, a la hora de vivir los afectos o las emociones más sublimes que despierta la paternidad también se presentan escollos.  Recuerdo los relatos que me contaba el padre de mi hijo durante los partos, y si a una la infantilizan cuando va a parir en cualquier clínica, el trato hacia los padres es aún más descalificatorio. También podemos nombrar el momento tenso que se vive al interior de un hogar cuando la madre debe salir a trabajar y separarse del bebé. Imagino que los padres también pasan por momentos de angustia y de tensión.  Las vicisitudes que atravesamos las madres cada día, son las mismas que viven los padres.

Es importante nombrar la paternidad una vez que el bebé nace, o sea el inicio simbólico de la paternidad. (Una ya vive un encuentro íntimo con la maternidad durante nueve meses). El aparecimiento del famoso puerperio que vive su mujer y tener un nuevo integrante en la familia es por decirlo menos una experiencia rara.  Debe ser bien extraño ver como ella se transforma durante el embarazo y especialmente durante el parto, donde despliega una fuerza que nunca antes has visto.  Luego tu mujer, tu compañera, se parte literal y figuradamente en dos y entra en una esfera de su psiquis que tampoco ella conoce bien.  Esta sí que es una nueva faceta de tu mujer.  Si para una es difícil entender qué nos ocurre en el puerperio, imagino lo complejo que debe ser para un hombre entender porqué le cambiaron a la mujer-compañera.  Entender por ejemplo, que ahora se prueba su fortaleza emocional, que es necesario sostener, apoyar y defender, y aceptar de una forma muy empática que muchas veces tendrá que dejar de pensar en sí mismo para preocuparse por una díada importante en la familia: “mamáybebé”.

Y aquí solo empieza la gran avalancha de transformaciones y de crecimiento: el cambio de identidad también toca a los hombres, ahora son ‘padres’ y ellos lo sienten a ciencia cierta (quizás) cuando los bebés están en sus brazos.  Entender que la vida de pareja se termina como una faceta más en la vida de un ser humano, y comprender que ahora comienza la vida de familia tampoco es un hecho de fácil digestión. Me gusta lo que dice el pediatra español Carlos González: Cuando tienes un hijo no falta el que te dice ‘eh, no se olviden que tienen que seguir haciendo vida de pareja’, siendo que cuando uno se casa jamás le dicen ‘eh, no te olvides que tienes que seguir haciendo vida de soltero’. Cuando uno se casa jamás vuelve a ser soltero, a lo más volvería a divorciado o separado, pero jamás a ser soltero o no? Cuando uno se convierte en padre o madre tu vida jamás vuelve a ser como antes.

Y así, nuestros hombres, al igual que nosotras, deben entender tantas aristas que abarcan la bella e intensa estancia de ser padres.  Creo que no terminaría nunca esta entrada tratando de explicarlas o de enumerarlas, son tantos los cambios! Sin duda considero que los padres deben hacer esfuerzos iguales que nosotras, ofrecerse sin tapujos a la flexibilidad y maleabilidad que esta vida parental nos ofrece y que el mundo trata siempre de robarnos y estructurar a su antojo. 

De todos modos no está demás decir que los apoyos que necesitamos las madre son inacabables y de toda índole (y este puede parecer un aviso).  Pienso que habrá muchos padres que se desviven por entender, contener e inventar esos apoyos. Recuerdo como se dieron en mi caso: los paseos interminables con el bebé en brazos que llora, la paciencia de acero cuando llora la madre del bebé, escuchando y sosteniendo cada historia nueva que viene en cada lagrima a la vida de su mujer (cuando apareció la niña que fui), la constancia en la lucha para que se establezca la lactancia (incluyendo comprar pezoneras a las 3 de la mañana), el apoyo incondicional en cada  decisión a la que se oponen los abuelos y media familia (indirecta para los que dicen que le dejen llorar al niño que si no se malcría, que le den agua, y laaargos etc.), el talante y la fortaleza para llevar a cabo esas nuevas decisiones (cuando la madre decide dejar de trabajar), el rencuentro con el niño que ellos también fueron (los recuerdos que vienen a sus ojos recordando a su difunto padre), la sensación intensa de recorrer otros parajes de su propia alma y esencia masculina, entre otros. 


La capacidad de los nuevos padres de comprender y adentrarse intensamente en esta nueva etapa de sus vidas, hace que la toma de conciencia y la fuerza que esta conlleva se expanda junto a la de la mujer.  Solo ahí podemos dar apertura a un nuevo espacio, el espacio para la formación de nuestra familia.  Para sumergirnos en esta nueva estancia es necesario que ambos descubramos los funcionamientos que hemos establecido en nuestra familia previamente, y de ahí dar lo mejor de uno mismo para construir los sostenes más generosos y equilibrados que nuestros hijos se merecen. Los padres inician también un camino nuevo, uno intenso y muy personal, qué mejor que intentar hacer ese cambio de forma conciente, y dejar que fluya lo genuino y lo espontáneo, permitiéndole a la vida que desdoble toda su grandeza en esa nueva etapa.

No creo lograr el cometido que me encomendé al inicio de este texto, específicamente el de poder entender aunque sea un poquito la esencia de la paternidad masculina, la que ahora no me cabe la duda tiene millones de aristas.  Sin embargo, al menos quiero hacer un pequeño reconocimiento para aquellos que nos acompañan y que muchas veces sus acciones quedan en algún lado invisible.  Dedico estas palabras a aquellos pingüinos emperadores que estoicamente soportan, aquí en nuestra propia casa, los fríos más intensos y las vicisitudes más agrestes, o bien viven alegres el florecimiento en primavera y los veranos más calidos, tratando siempre de proteger un huevo durante meses y años. Estas letras son para todos aquellos que nos toman de la mano y que han elegido concientemente criar y crecer a nuestro lado.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Estrés fascinante

Quien no se ha sentido estresado alguna vez? Bueno, a veces es bueno tomar conciencia y tomarselo con cierto humor y poesía, y hacerse un buen autoretrato!


Estrés Fascinante 

Su estrés era algo fascinante, casi sublime.  Las palabras se le amontonaban en los labios como una serie de de bombas racimo, explotando como quimeras rodeadas de mil estrellas.  Parecía emerger de entre sus espacios de silencios entrecortados, un aroma volcánico, parecido al que traen los ríos en su torrente más voluminoso y enérgico. Solían caerle las ideas rodando, como grandes rocas erosionadas por la angustia y el miedo, y normalmente provocaban grandes aludes que desembocaban en el muelle de sus lágrimas desmoronándose como ventarrones de arena. Sus miradas se cerraban como portazos anacrónicos tratando de retener el relleno iracundo de lo abscesos que formaban sus ojos.  Sus erupciones eran verdaderas obras de arte, prologadas por diáfanas profecías, los vaticinios arengaban las más fatídicas explosiones y las ampulosas olas de su cabello naufragaban en las esquinas más compulsivas de su cabeza, a manera de amplias detonaciones, sudorosamente majestuosas, como verdaderas explosiones solares.  Los infiernos de su caja torácica se manifestaban resonantes como gigantescas cavernas en ceremonias diluviantes, con carnavales grotescos, los que sucintamente brotaban por su nariz de toro. Sus manos y su danza de alimañas feroces frecuentaban a menudo esta liturgia calamitosa, contorneándose acompasadas de los estruendos emanados por su ser, en este velo impetuoso, fatídico, que coronaba furiosamente su sinfonía despiadada.  Yo solía asistir a sus rituales como un espectador peregrino, desde una lejanía taciturna, agazapado, musitando aquella tempestad como un verdadero cortejo fascinador.

jueves, 30 de agosto de 2012

Publicidad de Super Cerdo: Con nuestros niños NO!

 La primera vez que vi una pancarta con un bebé sentado en su sillita y con un plato con un jugoso pedazo de cerdo y una leyenda en la que el bebé expresa como si fuera un adulto que quiere comerse ese pedazo de carne, y deseando tener dientes o poder caminar,  no pude menos que irme de espaldas.  Luego empecé a ver lo de las propagandas del mismo producto, y no! ésta saturó todo lo que puede tener entendimiento en mi.

Yo, que soy una madre lactivista, fundamentalista y defensora acérrima de la lactancia materna, además con un vegetarianismo reafirmado por el sentimiento empático que tengo con el resto de mamíferos,  no puedo observar este tipo de publicidad, en la que claramente veo escenas aberrantes y vejatorias para un niño y mujeres, y quedarme como tantas otras veces, de brazos cruzados.  Al respecto me gustaría denunciar lo siguiente:

1.- El niño que aparece en el spot tiene claramente entre 6 y 12 meses de edad.  La OMS recomienda lactancia materna exclusiva al menos hasta los 6 meses, y luego es posible introducir alimentos complementarios especialmente frutas y verduras, pero siempre manteniendo como alimento principal la leche materna, por lo menos hasta los dos años. Dudo que un pediatra recomiende a esa edad comer carne de CERDO, por lo que considero que esta publicidad tiene un mensaje demasiado violento hacia la imagen de un bebé en lo que respecta a su alimentación, la cual es y siempre debería ser la Lactancia MATERNA, y un pedazo de cerdo dista bastante de todos los beneficios y las bondades que la leche materna otorga, es decir, no solo alimento, si no también abrigo, contención, cobijo, protección, etc.  Creo que esta campaña publicitaria solo obstaculiza e intenta mitigar la lactancia materna, promoviendo así el desapego entre una madre y su hijo.

2.- El spot da cuenta de que el bebé tiene hambre por lo que quiere comer CARNE de CERDO.  Esta escena es claramente descalificatoria hacia la madre, pues, cuando un niño tiene hambre lo primero que se me ocurre a mi es que tome LECHE, preferiblemente de su MADRE, la cual, según el spot, es perfectamente reemplazable por un pedazo de cerdo. Esta publicidad denigra y descalifica la imagen de la protección que otorga la madre y el acto de alimentar saludablemente a su hijo.  Una vez más esta campaña promueve la desvinculación y el desapego de una madre y su hijo.

3.- En un país que precisamente no puede enorgullecerse por sus altas tasas de obesidad infantil, y que además gubernamentalmente se promueve una alimentación sana, es casi impensable que se haga una publicidad en la que una figura infantil tenga “deseos” de comer carne de cerdo, que precisamente no es la carne más saludable, ni siquiera para un adulto, menos representando el “hambre” en un bebé de tan solo meses.

4.- Es lamentable que estemos acostumbrados a ver mujeres semidesnudas en la publicidad tratando de que nos sea familiar cualquier producto para que lo compremos, pero utilizar la imagen de un bebé que encima es visto como un ente “ávido” de comer y como un ser autónomo que tiene pensamientos adultos respecto de una sensación humana y de un pedazo de carne, me parece extremadamente aberrante y totalmente peyorativo hacia la etapa de desarrollo de un bebé, vulnerando así los derechos esenciales de los niños y niñas.

5.- Al mostrar un niño con pensamientos “adultos” en torno a un pedazo de carne, deja entrever que el niño es un ser autónomo e independiente, todo lo contrario a lo que un bebé debe ser: un sujeto de protección de sus padres, los que claramente en el spot publicitario están ausentes o al menos muy desconectados con las necesidades esenciales de su hijo.  Esta campaña contraria el valor de la familia y de protección de un bebé.

La publicidad en la actualidad puede traspasar límites de aceptación de nuestro sentido común, como ya dije es “normal” que una mujer se muestre semi desnuda para “invitar” a comprar algo.  En torno a nuestros niños, ya es fácil ver a pequeñas de muy corta edad tratando de “imitar” a super modelos en la televisión para complacer el consumo de cualquier producto.  Estamos traspasando límites importantes.  La publicidad poco a poco va legitimizando valores muy poco saludables para nuestros niños, y en este caso, lo grave no son simplemente los puntos que enumeré anteriormente, si no la imagen que va quedando grabada en los subconscientes de la población, sobre todo de los niños, quienes lamentablemente, hoy en día tienen una relación muy directa con los medios de comunicación, especialmente con la televisión. 

Hay una estrecha relación entre las prácticas publicitarias y prácticas de construcción de identidad en los discursos publicitarios. Es decir, qué identidad estamos permitiendo que se construya en nuestros hijos por medio de la televisión? La de un bebé que está desprovisto de la protección, calor y alimento que le da su propia madre? Y por ello debe pensar como un adulto y “desear” comer un pedazo de carne? (No quiero ni siquiera mencionar los mensajes subliminales que se dan a través de esta imagen).  Y es en este punto donde debemos hacer la reflexión pertinente acerca de la violencia hacia nuestros niños que estamos avalando para complacer la venta de un producto, en este caso de algo que es bastante contrario a la relación saludable entre un niño y su alimentación, como lo es la imagen ausente de Lactancia Materna y a todo lo que ello involucra.  Campañas como esta refuerza una cultura totalmente adultocéntrica y la desvinculación entre madre e hijo, lo cual no puede ser menos que violento hacia nuestros niños, lo cual claramente sobrevalora una vez más a la primera infancia e incentiva un desarrollo no acorde a su edad.
  
En el Código Chileno de Ética Publicitaria se  señala que  “La publicidad debe respetar el ordenamiento jurídico vigente y, de manera especial, los valores, derechos y principios reconocidos en la Constitución Política” (inciso 1°). Señala además que “los mensajes publicitarios no deben contener afirmaciones o presentaciones visuales o auditivas que ofendan los conceptos morales o de decencia que prevalezcan en la comunidad o en sectores importantes de ella. Los mensajes publicitarios no deberán denigrar ni menospreciar a personas o grupos, en especial por motivos raciales, étnicos, religiosos o por su género u orientación sexual”. Para mi, esta campaña publicitaria claramente denigra y subvalora expresamente el valor de la Lactancia Materna y el desarrollo de un bebé de tan corta edad, entre otras cosas. 

Y cito textualmente al sociólogo Alberto Mayol: “Cuando el capitalismo adquiere rasgos muy profundos, cuando la sociedad gira en torno a los mercados toda su inercia se dirige a insertar distintas dimensiones del ser humano en el proceso de producción de capital.  Entre las funciones de la publicidad, por ejemplo, está la capacidad que tiene de producir familiaridad y, derivado de ello, confianza. Además la publicidad es capaz de producir erótica, deseo de proximidad, ganas de participar de una escena, situación o condición.  Pues bien, mediante la publicidad tanto la confianza como la erótica (un valor fundamental mas el deseo) se convierten en una forma de producir dinero.  La publicidad informativa deja paso a una publicidad que satura las capacidades humanas de evadir su influencia.  Los individuos o colectivos aman y creen, insertándose en una escena ficticia de encuentro comunitario o sexual, cuando en rigor es solo un caballo de Troya que tiene como fundamento y horizonte la multiplicación del capital invertido” (El derrumbe del modelo)

Ante esto, juzguen ustedes mismos, sin embargo lo único que me queda a mi por decir es: No, con nuestros niños NO!








martes, 28 de agosto de 2012

Vocación de Doula: Acompañando desde el Amor


“Soy doula porque nací bajo esa condición. Tardé algunos años en ver con claridad que había venido a acompañar a las mujeres a re-conocer el poder de la Intuición femenina y a procurar que los seres que llegan lo hagan a través de mamás y papás conscientes para que puedan Ser quienes realmente son desde el Amor y la Presencia. Soy doula porque estoy comprometida con la Vida.” Erika Irusta, doula y experta en energía femenina



Yo nunca había escuchado el término doula hasta que cuando nació mi segundo hijo comencé una búsqueda intensa de información que me guió sabiamente hasta estas maravillosas mujeres.  Sin duda, durante mi embarazos sentí en bruto una fuerza poderosa que se apoderó de mi sin piedad y para mi gran dicha y bendición.  Quise en muchos momentos entregarme a ella así sin inhibiciones ni temores, pero ahí estaba mi neocortex que volvía a apretarme y a instaurar el deseo de controlarlo todo, controlar ese sentimiento, esa energía maravillosa que claramente no se podía controlar.  Mi intuición y mi intelecto tenía una ardua lucha por esos tiempos, y si hubiera habido una doula a mi lado, habría sido menos laboriosa mi búsqueda hacia la maternidad y habría fluido de mejor forma mi energía femenina. Ahora se que una doula me habría reconectado mucho más rápido con mi poder femenino y mi esencia materna.

Las doulas (se lee dula) son mujeres sabias que acompañan a otras mujeres durante el camino a la maternidad. La labor fundamental de una doula es ofrecer soporte, apoyo y contención emocional durante el embarazo, parto y puerperio. Hablando desde un sentido más espiritual “…una doula es una mujer que acompaña desde el Amor y la Presencia, a otra mujer en el Camino de la Maternidad. Una doula es aquella mujer que, desde su conexión directa con su esencia femenina, acompaña a la mujer a re-encontrar su Poder y su Intuición para ser la madre que sólo ella Es tal como lo dice Erika Irusta, una bella doula española.

 Antiguamente, los conocimientos acerca de la concepción, embarazo, parto y puerperio se transmitían básicamente entre abuelas, madres e hijas, u otras mujeres de la familia o de la misma comunidad.  Había un buen cordón de contención o de apoyo otorgado por la tribu.

En la sociedad actual, las redes de apoyo entre mujeres se han perdido en gran medida. Muchas veces, a los padres de hoy nos toca enfrentar solos las distintas etapas de la p/maternidad. La importancia que se le da hoy en día al desarrollo profesional o laboral de los individuos, muchas veces provoca que perdamos contacto más íntimo con nuestra familia o amigos más cercanos, debido al poco tiempo que nos dejan los compromisos laborales. En general, hoy en día las mujeres enfrentamos la maternidad en soledad y sin referentes cercanos que den respuesta a nuestros sentimientos y emociones más profundas. Además,  la senda que uno inicia cuando se despierta deseo materno es bastante más dificultosa cuando se camina dentro de una sociedad en que la maternidad está bastante subvalorada y superficializada. Muchas de las veces, los únicos referentes que tenemos las mujeres son las famosas revistas especializadas, en las que normalmente se suele ofrecer una imagen idílica e infantilizadas de las embarazadas y puérperas, dejando de lado la profundidad y el relieve que representan esta importante etapas en la vida. 

Los sentimientos que afloran durante el embarazo, durante el parto o durante el postparto son de una gama inmensa, que pueden recorrer grandes distancias entre una emoción y otra en tiempos muy cortos.  Nuestra falta de información y la desconexión en la que vivimos, hace que los trances que deberían ser normales y muy felices, muchas veces se tornen espinosos y nos den la impresión equívoca de  que ninguna otra mujer antes sintió algo parecido, acentuando nuestra angustia.


Las doulas emergen hacia una superficie que hoy en día las necesita, para mi gusto, fundamentalmente. Retoman desde la sencillez la casi extinta red de apoyo entre mujeres, y remarcan la etapa de la maternidad como crisis vital en la vida de una mujer con la importancia, espacio y posición que le corresponde. La doula acompaña y sirve desde el corazón, desde el amor, como una gran amiga que entiende y apoya las decisiones sobre todo de la madre en su ser mujer, comprendiendo que la sabiduría se encuentra dentro de ella, y en su labor ayuda a que esa sabiduría emerja desde y hacia el corazón de la madre.  Una doula no asiste, ni atiende un parto, el trabajo de la doula se avoca en la contención y apoyo emocional a la madre, la guía para que encuentre la confianza en su poder femenino que la lleve hacia su poder materno.

El ser madre, para mi, es todo un proceso mágico, milagroso, es algo así como un momento místico.  Sin embargo, las mujeres hoy en día, no procesamos de la mejor manera estos momentos íntimos y preciosos.  Ya sea por nuestra soledad, nuestra baja autoestima, nuestra falta de confianza en nuestra esencia femenina, reaccionamos con mucho temor a todos los cambios, y sobretodo al cambio que implica convertirse en madre.  Entonces, creo que es muy importante contar con la ayuda de una mano amiga, de tu red de apoyo, y en este punto la doula puede cumplir un rol importante de acompañamiento que te ayude a redescubrir tus potencialidades, y a vivir los momentos con la intensidad que se merecen, a concientizar tus dolores o miedos para así recobrar el camino a casa, a su ser esencial y descubrir las bondades del crecimiento a través de la maternidad.  Una doula puede estar ahí incluso desde la preconcepción, ayudándote y escuchándote durante el embarazo, alentándote durante el parto, dando algunos consejos durante la lactancia, apoyándote durante los quiebres emocionales, riendo y soñando con las alegrías que comienzas a sentir.  Incluso las doulas apoyan durante las pérdidas perinatales.  Eso por decir algunos ejemplos. 

Una doula es algo así como una gran amiga, es por ello que entre la madre y su doula debe crearse una relación de confianza y de bonita amistad, aspectos importantes para tu reconexión interna.  El servicio de una doula puede ser muy amplio, por lo que su trabajo es altamente valioso y es necesario crear conciencia del importante rol que puede jugar su trabajo en nuestra sociedad actual, ya que es esencial la tranquilidad y confianza de una madre en si misma para traer al mundo y criar hijos más felices y sanos de una forma conciente.  Volviendo a citar a Erika:   “…siento que nuestra labor y su remuneración ayuda a crear conciencia de valor al servicio que desempeñamos. A mi parecer contar con una doula no es un lujo sino una necesidad. Siento que es una inversión en una misma, en una familia.”

Cuando tuve a mi segundo hijo descubrí la labor de estas mujeres, su labor milagrosa y de lo bien que me habrían hecho en los procesos de mi vida.  Sin embargo,  siento que fue desde mucho antes, desde que nació mi deseo materno, cuando yo inconcientemente descubrí lo que hoy ha tomado en mi una forma clara, poderosa y conciente : esta, mi profunda vocación.


viernes, 24 de agosto de 2012

La Mamá de mi Mamá




Cuenta la historia que la vida se hizo en una vasija misteriosa, a la cual llegaban todos los seres para tomar la forma que deberían llevar en vida.  Cuenta la historia que las mujeres dejaron grabadas sus enseñanzas o sus legados a manera de grandes dibujos rupestres en las paredes internas de esta vasija, como caminos o de mapas para que las otras mujeres supieran que camino tomar.  Cuenta la historia que esos dibujos, hechos de mil surcos están en aquella vasija misteriosa, y el misterio más grande es que dentro de ella se forman más vasijas que van siendo marcadas con esos mismos surcos y éstas a su vez pasan a ser los vientres de las mujeres que allí se forman…

La mamá de mi mamá tiene hoy 94 años.  En los dedos curvos de sus manos añosas lleva mil surcos que cuentan parte de su vida.  La mamá de mi mamá nació en el segundo decenio del siglo XX, y hoy sigue viviendo en el segundo decenio del siglo XXI.  Recién este año, la mamá de mi mamá ha ido perdiendo poco a poco la noción de su entorno,  se prepara para dormir a las tres de la tarde y va olvidando algunas cosas de sus memoria inmediata.  Sin embargo, hay otras que no olvida.

En el útero de mi abuela se gestó mi madre.  En ese lugar bebió sus emociones y sintió todo lo que mi abuela sintió a mediados del siglo XX.  Ese fue el universo de mi madre durante  nueve meses, y ahí mismo se formó su útero, el mismo que me albergaría a mí durante nueve meses en plenos años 70.  Si seguimos esa espiral hacia atrás, podemos imaginar el útero que albergó a mi abuela, a su madre, y a la infinidad de abuelas de donde provengo, y pensemos que cada una de ellas lo hizo en determinado momento de la historia.   El útero es el lugar, el fogón, de creación y recreación de vivencias a lo largo de nuestro gran árbol genealógico, y es en ese templo donde se forma nuestro linaje matrilineal.  

Si observamos y estudiamos podemos entender que cada mujer en la línea de nuestra historia vivió cada vicisitud que le tocó enfrentar a la mujer en cada etapa histórica. Y vaya que las mujeres hemos sufrido abusos a lo largo de la cronología o líneas de vida: la imagen de pecadora y de desobediente que nos enseña la historia de Eva, luego en la edad media en nombre de la religión muchas mujeres fueron condenadas a la hoguera tan solo porque su poder femenino de la sanación no era entendido en aquellos tiempos.  Eso por nombrar algunos momentos bastante cruentos enfrentados por las mujeres a lo largo de la historia.  Lo cierto es que si estudiamos los momentos adversos de las mujeres históricamente hablando encontraremos muchos.  Y esos sucesos fueron marcando a las mujeres de nuestra casa, y fueron moldeando sus modos de ser mujeres, madres, hermanas, hijas.  Nosotras mismas si nos observamos detenidamente, en nuestros gestos reconoceremos muchas veces a nuestra madre o abuela.  Cuantas veces repetimos a nuestros hijos las mismas palabras odiosas que alguna vez sentimos caer sobre nuestra autoestima? Y a veces veo a la mamá de mi mamá, pese a sus desvaríos, decir las mismas palabras que algún día me dijo mi mamá.

Y entonces, al pensar en tantas mujeres y avocarnos a la historia de nuestras vidas,  debemos caer en cuenta que nuestras ancestras fueron niñas, fueron hijas, fueron madres, y tuvieron abuelas y bisabuelas, que participaron en su crianza, como antaño se solía hacer.  Y fue en la crianza que se fueron marcando aquellos surcos en todas esas mujeres, aquellos caminos o sendas, que una y otra vez se han ido actualizando y repitiendo a lo largo de los años, perpetuando así los paradigmas patriarcales en los que nos desenvolvemos.  Es decir somos una gran cadena de mujeres que vamos arrastrando y heredando sufrimientos, angustias, hostilidades, sin embargo, afortunadamente también heredamos aquél poder femenino, esa fuerza subyacente interna que solo nosotras podemos entender.

La mamá de mi mamá hoy toma a mi hijo en sus brazos y lo pone en su regazo.  Esta escena hace que yo misma me encuentre con la niña que fui, y asimismo me encuentro con la niña que fue mi madre.  Los surcos en las manos  y en el útero de la mamá de mi mamá hablan también de la niña que fue.  Deshilando esta trama, puedo ver los dolores de ellas, los mismos que han sido míos, las formas de acompañar de sus madres fueron condicionadas por las circunstancias de su momento y por la larga cadena de crianza que arrastraban ya sus madres, y esas formas de crianza tiñeron sin duda la forma de crianza con que yo crecí.   Y recuerdo mis lágrimas, como ríos corriendo, y sus aguas son las lágrimas que se fueron uniendo durante años,  una comunión inmensa de lágrimas femeninas que suelen a veces recorrerme hoy.  Y voy entendiendo muchos de mis inexplicables dolores, de la ira contenida,  y de la rabia estruendosa que muchas veces he sentido hacia las mujeres de mi linaje. 

Derribando la gruesa pared del reproche y el juicio, yendo más allá de la angustia  o alegría que quizás hemos heredado, es importante reconocer también la valentía de cada una de las mujeres de nuestra casa.  Mirarlas como mujeres de su tiempo, en su espacio, mirarlas como en un espejo donde estamos nosotras mismas. Y descubriremos también  en su mirada  lucha, desplante,  arrojo, aliento.  Y su calor nos volverá a envolver en su vasija.

La mujer que se detiene, se observa y toma conciencia de su ser mujer, así desnuda, sin juzgar o ensalzar a las otras, es justamente aquella que decide honrar aquello que forma parte de si misma. Y es esa misma mujer la que puede producir el cambio, la sanación hacia las generaciones futuras, pues lleva en su mano la espada de la conciencia y el amor. Cuando por fin entendemos que el regazo que te ofreció tu madre, es el mismo regazo que le ofrecieron a ella, y miramos los regazos de las abuelas, solamente ahí podemos volver a sentirnos cómodas y amadas, y comprendemos que nuestra madre, y la madre de ella, es como la Madre Tierra, la que hagamos lo que hagamos, jamás deja de sostenernos.  Ella es nuestro mundo,  ella es la vasija que nos contiene. Caminemos hacia los orígenes de nuestra fuente, encontremos el punto exacto de inicio de la angustia y pongámosle fin, ahí radica nuestro verdadero poder.  Solo cuando tomamos conciencia de quienes somos solo ahí podemos sanar.


Algún día yo seré la mamá de la mamá de una niña, y es mi más grande anhelo que aquella niña sienta en su interior el poder del río aquel que la atraviesa, ahora de aguas cristalinas, puras y poderosas, y sienta a su vez, que ese río la nutre de un inmenso amor, respeto y confianza, elementos depositados concientemente a lo largo de tanto años.

Te atreves tú a bucear en los anales de la historia de las mujeres de tu casa?

sábado, 18 de agosto de 2012

Porteo: El arte de la piel



"La situación más terrible para cualquier recién nacido es ser separado de su hábitat: [es decir] su madre".
Nills Bergman.
"El modo canguro de tener el bebé"


Imaginemos a un bebé dentro del vientre materno, es decir tratemos de recordar cuando estuvimos ahí.  Es un lugar cálido,  es un universo completo que nos acoge durante nueve meses.  Vamos creciendo y desarrollando nuestro cuerpo, siempre abrazados por el útero de nuestra madre.  Sentimos lo que ella siente, y las ondas de nuestro líquido amniótico siempre nos acogen, nos abrazan, nos sostienen. Comenzamos nuestra vida así, metidos en un saquito cálido y placentero tocando nosotros también a nuestra madre por medio del cordón umbilical y todo lo que nos rodea, un inicio de la vida totalmente amoroso.   En ese contexto podemos imaginar que todas las sensaciones que aprendemos son a través del tacto, el primer sentido que vamos desarrollando, y esa comunicación en toda nuestra piel ahí en ese saquito, es una caricia permanente. 

Entonces, llegado el momento, nacemos.  Nuestro saquito se rompe, y dejamos ir el agua que nos contiene.  Salimos al mundo, sentimos en nuestro cuerpo desnudo el aire, la suavidad de las manos de mamá que nos toca.  Percibimos el latido de su corazón desde otro puerto.  Nos tocan y tocamos.  Luego viene todas las nuevas sensaciones que nuestro sistema sensorial comienza a detectar.  Se inicia nuestra vida, y en ese momento nuestra vida son los cinco sentidos: olor, sabor, oído, visión y sobretodo tacto.

En la actualidad, a la hora de sabernos embarazadas, lo primero que pensamos es en comprar la cuna y el cochecito.  La verdad no tengo muy claro cual es el motivo de esta impulsividad por comprar artefactos sucedáneos de mamá, me imagino que llevamos unos buenos años con estos condicionamientos orientados hacia el plástico, y estos ya ni siquiera se cuestionan.  Lo cierto es que imaginamos que el día del parto nos separaremos de nuestro hijo, y lo mantendremos en estos artefactos y desde una distancia moderada, los contemplaremos.  Y es que nadie nos ha enseñado a escuchar nuestros sonidos internos, y nadie nos da la razón cuando las madres ponemos cara de locas cuando nos dicen, ‘déjalo en la cuna y/o coche, se va malcriar’ y nosotras lo único que queremos es tenerlo cerca y no separarnos nunca jamás del bebé.  Esa es la cuestión, estamos diseñadas ancestralmente para estar todo el día pegadas a nuestra cría, pero el medio te dice que no, que lo que hay que hacer es tener cochecito, sillitas nido, y cunita. Sospechoso. Yo nunca me lo cuestioné, hasta que lo viví en carne propia. 

Cuando leí acerca del método canguro encajaron para mí todas las piezas.  Y para mi no fue tan difícil imaginarme a mi bebé colgando de mi cuerpo todo el día, ya lo llevé por dentro nueve meses, y ahora donde más podría estar que en mis brazos? Lo tuve así todo lo que pude, y ese habría sido mi deseo permanente, pero llega un momento, que también te dan ganas de lavar los platos por ejemplo.  Ahí recordé escenas que tantas veces ví cuando era chica, las madres cargando a sus hijos en la espalda en una especie de sábana blanca.  Las madres eran indígenas y trabajaban todo el día.  Jamás ví llorar o pasarlo mal a un pequeño de aquellos.  Entonces, por qué yo no podría tenerlo así de pegado a mi, mientras yo hacía algunas labores en el hogar o incluso salir a la calle y hacer otro tipo de actividades?

El método canguro consiste en portar al bebé en una especie de saquito de tela que se asemeje al útero materno, justamente como su nombre lo indica, es algo parecido a como llevan sus crías los canguros.  Este portabebé de tela se concibe como una prolongación del útero materno, como una bolsa intermedia entre la vida intra-uterina y la vida autónoma.  Además, permite estimular los 5 sentidos del pequeño: escucha la voz de su mamá cerca, su respiración, los latidos de su corazón, siente su olor, los fulares o meitai colocados de cierta forma permiten una fácil lactancia, y pueden alimentarse a demanda, y más que nada están calientitos y siempre en contacto con mamá, lo que ayuda a que se sienta seguro, confiado y contenido.  Les suena parecido al relato que imaginamos al principio de este artículo?

El uso de portabebés también permite mayor comodidad a la madre, que siente a su hijo cerca y siempre protegido, y el contacto permanente con él hace que nos sintamos más tranquilas, cercanas, y además podemos hacer otras labores. 

Ofrecer al bebé el cobijo con un portabebé, ya sea un fular, meitai, bandolera (hay mucha oferta hoy en día) no solo le provee a él las sensaciones de contención que tuvo en su vida intrauterina y por lo tanto la seguridad que tuvo en los inicios de su vida, sino también otorga a la madre la tranquilidad y la proximidad que ella tanto como el bebé necesitan.  El contacto, el calor, la intimidad y la satisfacción continúan para ambos, y estas son necesidades fundamentales para que los seres humanos nos desarrollemos como seres equilibrados en nuestra piel, mente y espíritu. El arte de la piel expresa nuestra virtud, disposición y habilidad para amarnos, así acurrucados el uno con el otro siguiendo el continuum de la vida, adaptándonos lentamente a los cambios de nuestro crecimiento.  Hay algo más bello que el respeto al proceso natural de crecimiento de los seres humanos? La belleza se plasma para mí en tan solo sentir y concientizar el contacto pleno entre los seres humanos y sus crías, y el uso de un portabebé es extremadamente importante en este proceso y es un instrumento clave en la perfecta comunión de amor entre la madre y su hijo.

Tomemos conciencia.

(Nota / Consejo: Hay mucha oferta hoy en día, es necesario verificar que el portabebé sea una tela que envuelva completamente al bebé.  Los nombres que tienen hoy en día son fulares, meitai, bandoleras, etc. No recomiendo esos portabebés parecidos a las mochilas en donde las piernas del bebé cuelgan,  como ya dije, es necesario que el bebé esté contenido completamente.  Además es importante llevar al bebé mirando hacia el cuerpo del que lo porta, jamás mirando hacia afuera porque esta posición los estresa mucho.  Yo compre el mío a una bella mamá emprendedora aquí y también me gustaron muchos los productos de esta otra mamá emprendedora pincha aquí)